“Lo que más extraño de Praga es poder caminar, eso en México es casi imposible”

Sonrisa mexicana

La historia de Karolína Poláchová rompe con el patrón habitual. A contramano del típico caso del latino se queda en Europa tras enamorarse de una checa, ella eligió México después de conocer a su esposo en Praga. Dedicada a la enseñanza de idiomas, comparte su mirada sobre las diferencias culturales y, en especial, la sorpresa que le causa que, en las casas mexicanas, la gente no se descalce al entrar.

Karolína Poláchová y su marido mexicano | Foto: archivo personal de Karolína Poláchová

En sintonía con la famosa canción Všichni jsou už v Mexiku (Todos ya están en México), interpretada por Michal Tučný, la historia de Karolína Poláchová va en contramano de la de tantos latinos que, al enamorarse de una checa, se mudaron a Praga u otra ciudad del país. Ella, en cambio, conoció en Chequia a un mexicano que se convirtió en el hombre de su vida y con él decidió echar raíces en el país azteca.

“Él se fue a estudiar a Chequia, estuvo medio año de Erasmus y decidió quedarse otro medio año y, en ese segundo semestre que se quedó en Chequia, nos conocimos. Yo había terminado el bachillerato y estaba a punto de empezar la universidad, entonces él estuvo conmigo cuando yo estudiaba para los exámenes de admisión, incluso vino conmigo a los exámenes y luego comenzamos a pensar qué haríamos después y así decidí irme con él: quería tomarme un año de descanso para aprender algo de español y conocer a su familia porque a él le faltaba un año de licenciatura y, como yo aun no había empezado nada, tuve esta opción de posponer un poco los estudios e ir a conocer México, la familia y así. Y después de un año no regresaba, no regresaba y empecé a estudiar español, saqué un certificado de inglés para poder dar clases y luego me metí a la universidad aquí”.

“Llegué a México con cero nivel de español: me dijeron ‘bienvenida’ y yo: ‘¿qué?’”
Karolína Poláchová

Aunque escuchándola hablar parezca casi increíble, Karolína asegura que, hasta ese momento, no sabía ni una sola palabra de español y, por lo tanto, se mudó a México sin conocer el idioma.

“Llegué a México con cero nivel de español: me dijeron ‘bienvenida’ y yo: ‘¿qué?’ Pero luego aprendí más o menos sola, con internet y utilizando los libros. Además, mi esposo mexicano me iba ayudando en algunas cuestiones cuando no entendía algo, pero luego de dos años aprendiendo sola entré a la universdad y en la Facultad de Lenguas estudié idiomas. Tengo la licenciatura en lenguas, así que ahí iba aprendiendo un poquito más, más y más, pero ahí en realidad la especialización es en traducción inglés-español”.

Pirámide | Foto: archivo personal de Karolína Poláchová

Aunque con su marido hablan desde siempre en inglés, necesitaba aprender español por el entorno y también para comunicarse con su familia política. En realidad, durante ese período de formación autodidacta, Karolína averiguó en un instituto por clases de español, pero como había tan poca demanda, la hora le costaba carísimo porque debía pagar no solo a un docente sino también el espacio; hasta que, luego en la universidad, se le aclararon varias dudas de repente.

Nostalgia checa  

Karolína Poláchová | Foto: archivo personal de Karolína Poláchová

Aunque Karolína aprendió a disfrutar de su vida en México, reconoce que no le resulta para nada fácil vivir lejos de Chequia, donde tiene a sus padres, amigos y hasta a una sobrina de cuatro años. Además, debido a una sumatoria de factores como los estudios y el Covid, en ocho años que lleva viviendo en México solo volvió en dos oportunidades de visita.

“La comida en México es súper buena, el clima es súper bueno, pero de todos modos no nací aquí y me gustan las cosas del lugar donde nací. Creo que a todos los extranjeros les pasa un poco lo mismo, supongo, sobre todo cuando se trata de un cambio extremo com irse a otro continente... hasta lavar los trastos es diferente. El primer año, por ejemplo, sí fue un choque cultural, un gran choque cultural, ahora va mucho mejor”.

“Te juro que hasta la fecha me parece muy raro poner papas dentro de una tortilla, todo es diferente”.
Karolína Poláchová

Una gran diferencia la nota en algo tan básico como la modalidad de la limpieza: Karolína explica que, en Chequia, casi no se hace nada sin la aspiradora, mientras que en México, en su opinión, solo la utilizan con tapetes y alfombras, aunque en todas las demás superficies asegura que se barre y se trapea. En ese mismo sentido, algo que le parece casi intolerable es que no se quiten los zapatos para entrar a la casa, lo cual demanda una limpieza mucho más frecuente. Ella entiende que es mucho más cómodo no tener que quitarse los zapatos, pero al menos le gustaría que, en algunos sectores de la casa, no se pudiera entrar con el mismo calzado que se viene de utilizar en la calle.

Una profesora de checo en México | Foto: archivo personal de Karolína Poláchová

“Otro ejemplo es la manera en que se cambiaba la ropa de cama: en Chequia se quita la funda del edredón y se lava, mentras que aquí se lleva toda la cobija entera a la lavandería. Entonces, todo es dferente: cómo limpian, la manera en que se come: te juro que hasta la fecha me parece muy raro poner papas dentro de una tortilla, todo es diferente”.

Originaria de Mohelnice, una pequeña ciudad de unos diez mil habitantes situada a veinte minutos en tren de Olomouc, Karolína señala otra pequña gran diferencia: el lugar donde vive ahora, a cincuenta minutos en auto de la Ciudad de México (siempre que el tráfico lo permita) es muy parecido en cuanto a dimensiones, aunque allí, por cuestiones de perspectiva, se lo considera un pueblito.

Museo Diego Rivera en Ciudad de México | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Me gustaría poder desplazarme sin coche y aquí es casi imposible, eso es lo que extraño: me gustaría poder caminar más. Tengo que ir al parque si quiero caminar y el parque tiene hora de cierre, lo cual es otro choque cultural: ¡cómo pueden cerrar los parques! Entiendo que es para tener los parques más limpios y no permitir el ingreso a personas que no deberían entrar; ahorita lo entiendo, pero de inicio no porque no puedo ir porque termino de trabajar tarde y en la mañana tampoco puedo ir, entonces solo me quedan los fines de semana por la tarde”.

Por otro lado, Karolína comenta que, cuando los mexicanos descubren que es checa, las reacciones suelen moverse entre una marcada curiosidad y una leve desactualización.

“Son muy curiosos y quieren saberlo todo, pero desafortunadamente siguen pensando que somos Checoslovaquia, algunos, no digo que todos, pero hay casos en que sí y trato de explicarles que ya nos dividimos en Eslovaquia y Chequia, pero sí les gustaría saber más, todos me preguntan cómo son las cosas allá, qué comen, si hay de esto, si hay de lo otro, siempre quieren saber”.

Imitar a los niños para perder el miedo a las declinaciones

Karolína admite que a ella y a su esposo les gustaría vivir algún día en Chequia, pero entiende que, dado que los padres de él ya son mayores, hacen más falta en México. Ahí enseña checo, inglés y hasta español para sus compatriotas principiantes, sobre todo mediante iTalki, una plataforma que valora por sus reglas claras y seguras para maestros y alumnos. Como a tantos otros docentes, en su momento la sorprendió comprobar la gran demanda que actualmente existe por las clases de checo.

“De hecho eso me pasó con iTalki porque yo me metí como profesora de inglés, pero la primera clase que di fue de checo, aunque yo no había pensado en enseñarlo. Pero como tuve que escribir cuál es mi idioma nativo, puse que soy checa y tuve que dar una clase de checo. Y si lo comparo con español o inglés, todavía no hay mucho material para las clases de checo”.

Otra ventaja que encuentra en su actividad es que le permite conocer gente de todo el mundo. En cuanto a su metodología de trabajo, cuenta que en la primera clase suele preguntarle al estudiante si logró aprender alguna lengua extranjera en el pasado para intentar repetir esos métodos con el checo; y en el caso de que no, lo que hace es poner en práctica una combinación de recursos entre los cuales incluye el inoxidable libro Česky krok za krokem de Lída Holá.

Foto: editorial Akropolis

“Me gusta utilizar el libro, muchos maestros dicen que es una manera antigua, pero depende de cómo se utiliza: yo lo utilizo para ir cubriendo los temas, para no olvidarme ni saltarme algún tema porque, por alguna razón, hay niveles A1, A2, B1, B2 y eso hay que cubrir muy bien y, por otra parte, dependiendo del nivel de los alumnos hay que hablar: hay que hablar porque muchos no tienen con quién hablar, muchos de mis alumnos ni siquiera viven en Chequia o ni siquiera tienen planes de ir a Chequia, pero están aprendiendo porque tienen algunos miembros de su familia checos y les gustará sentirse más cercanos a ellos”.

Además de impartir clases, Karolína crea su propio material didáctico que ofrece de manera gratuita en su canal de YouTube que se llama ChecoMex. La iniciativa nació, en gran parte, gracias a un alumno que le confesó con tristeza que no encontraba recursos suficientes para practicar.

“Entonces hace poco empecé a crear unas historias cortas que subo a YouTube y eso es gratis: subo mi video donde yo estoy leyendo la historia, comparto la pantalla donde leo la historia así que todos tienen acceso al texto y a mi voz, pero lo que comparto en Patreon, y eso sí es pago, es el MP3 y los ejercicios porque, en cada uno de los textos, me enfoco en algún tema gramatical.”

En ChecoMex, además de leer esas historias, Karolína traduce canciones populares checas, enseña a pronunciar los números del uno al diez y hasta se anima a contar chistes. Con toda su experiencia de profesora, confirma Karolína que lo más difícil del checo son las declinaciones, y aunque a veces se compadece un poco de sus pobres estudiantes, tiene también para ellos muy buenos consejos.

Nubes | Foto: archivo personal de Karolína Poláchová

“Mi tip sería: hablar y hacer errores, escribir y equivocarse y fijarse muy bien en las frases y en las preposiciones. Yo tomo cada uno de los casos por separado, creando frases y locuciones donde aparece cada uno de los casos y hasta que revisemos cada caso por separado vamos a ver frases donde están todos los casos, y después una vez que el alumno ya vio las declinaciones en singular y plural de todos los casos, pues hay que hablar y aprender de los propios errores. Porque así es como los niños lo hacen y hay que imitarlos”.

A pesar de que es totalmente posible vivir en Chequia sin dominar el idioma local, Karolína recomienda aprender checo a los residentes en el país para integrarse más, mejorar la calidad de vida y no cometer el error de una amiga guatemalteca en Praga que, sin saber nada de checo, pretendió ir al baño y se terminó metiendo en la puerta que decía M, pensando que era la inicial de mujer, cuando, en realidad, era la de muži (hombres).