“La música contemporánea no se escribe sólo para los entendidos”

Petr Kotík

Las Jornadas de Ostrava son una escuela y un festival de música contemporánea que rompen las barreras entre los compositores famosos y los principiantes. En su última edición, que acabó a finales de agosto, participaron también dos jóvenes músicos de Argentina y Costa Rica. Diego Soifer y Pablo Chin Pampillo compartieron sus impresiones de Ostrava con Radio Praga.

Ostrava es una ciudad tranquila donde no le molestan a uno los monumentos históricos como en Praga. Así explica el director de orquesta, compositor y jefe artístico de Jornadas de Ostrava, Petr Kotík, el motivo por qué decidió organizar un evento dedicado a la música nueva en esta urbe. ¿Qué dice sobre el ambiente de Ostrava el joven compositor argentino Diego Soifer?

“Estoy completamente en desacuerdo con Petr. No, mentira. Es realmente un lugar tranquilo, pero cuidado con que esto no es pueblito. Ostrava es una ciudad con movimiento, con gente y con actividad”.

Su colega costarricense Pablo Chin Pampillo confirma sus palabras.

“En Ostrava la tranquilidad te permite estar enfocado. Además los espacios en la ciudad permiten el encuentro con los colegas, las noches de discusiones, porque las discusiones no sólo pasan en las lecturas formales sino que también siguen después con tu cerveza, tomando con los amigos. Allí sigue la discusión y quizá más intenso algunas veces”.

Otra de las cosas atractivas del festival ‘Jornadas de Ostrava’ es el hecho de que los conciertos no tienen lugar en una sala de conciertos, sino que se celebran en distintos sitios, incluida una antigua fábrica siderúrgica, según apunta Diego Soifer.

“Esta es una idea que ya hace décadas que se viene tratando de difundir, que la música no tiene que ser solamente en una sala de concierto como si fuese eso un museo, que la música es de la gente y sea en cualquier lado”.

El joven bonaerense agrega que su intención como compositor es escribir música para cualquiera que esté abierto a escucharla independientemente de su nacionalidad.

“Se escribe música para la gente, para todos los que quieran, los que tienen ganas, los que les interesa, no sólo para los entendidos, o sólo los argentinos o sólo los checos. Música es música como el tango que no es sólo escuchado por argentinos. Con la música contemporánea debería pasar lo mismo”.

Pablo Chin dice al respecto que él escribe música para sus oídos. “Es música para mí porque también me siento oyente y interesante ver a qué tanta gente le interesará como a mí, y en el momento en que haya una persona escuchando que le interesa lo que yo hago ya se establece una empatía, supongo, entre yo como oyente y la otra persona como oyente. Primero yo compongo para mí y luego para los que quieran escuchar, y los que no, pues, bueno, no estamos para complacer a todo el mundo”.

Ostravské dny, foto: Andrea Fajkusová
Diego Soifer nos contó que decidió dedicarse a la música moderna en la adolescencia. Pensó que iba a tocar el piano y el jazz clásico, pero en un momento determinado se dijo que no, que hay algo más que eso.

“Latinoamérica es un lugar muy especial con muchísimas cosas impresionantes, muchísima gente impresionante, muchísimas ideas impresionantes y al mismo tiempo con mucha tiranía en la vida diaria, en la calle, en la redistribución de la poca riqueza que hay. Esto originó que en Buenos Aires, a pesar de ser una de las megalópolis del mundo, el desarrollo cultural es realmente imponente, pero en lo que implica la música contemporánea estamos empezando a generar cosas. De a poco con la mejor intención y con energía, pero no es que uno sale a la calle y se encuentra con conciertos. Eso hace que uno no conozca este mundo de la composición hasta que le toca en suerte”.

Busto de Leoš Janáček en Ostrava, foto: Andrea Fajkusová
Pablo Chin señaló con respecto a sus comienzos en la composición que en Costa Rica hay una necesidad de crear artistas de exportación, lo cual fue su caso.

“Como empecé en la música siempre me ha parecido un misterio, por un lado está eso, un país pequeño con una escena cultural pequeña, y por otro lado una familia que no tiene nada que ver con la música. Mis papás no entienden lo que hago yo, nunca me introdujeron a esto. Me acuerdo que escuchando la radio siempre me gustaba detenerme en la radio clásica, me obsesionaba y así fue como empezó mi curiosidad y poco a poco… Mi madre siempre fue muy comprensible, ella siempre me ayudaba, me empujaba sabiendo que me interesaba algo, y pues aquí estoy ahora”.

El joven costarricense apreció que en Ostrava tuvo la oportunidad de escuchar su pieza tocada a la par de las obras de sus ídolos György Ligeti y Edgar Varès. Y a la vez, la estancia en Chequia provocó en él más curiosidad por la música de los clásicos checos Smetana, Dvořák y Janáček.

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