La envidia: ¿el vicio nacional de los checos?

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En el mundo cristiano, la envidia es considerada como uno de los pecados capitales. Consumido por ella, Caín mató a su hermano Abel, al ser rechazada por Dios su ofrenda. Se dice que este sentimiento verdoso es el vicio nacional checo. ¿Es uno de estos estereotipos que se difunden sin ninguna justificación, o tiene su grano de verdad? Sobre la envidia conversamos en este A Toda Marcha con una checa y dos españoles.

La palabra envidia procede del vocablo latino ‘invidere’, que significa “mirar con malos ojos”. El Diccionario de la Lengua Española la define como tristeza o pesar del bien ajeno. Aunque suele ser considerada como un sentimiento destructivo, no siempre es así, opina Cristina, una joven madrileña que vive en Praga.

“Hay dos tipos de envidia: la envidia positiva y la envidia mala. Si a mí me gusta algo tuyo o algo que tú haces bien y mejoro para conseguirlo, es bueno. En cambio, si intento pisarte para que tú dejes de hacerlo y lo pueda hacer yo, allí es malo. Tiene sus dos caras”.

Pero precisamente la envidia destructiva o mala es muy propia de los checos, opina Jana, de la ciudad morava de Brno, y cita una historia popular que lo testifica.

“Una anécdota checa dice: Un vecino observa al otro y ve que tiene en su jardín dos cabras. Pero en vez de decir qué bien, voy a trabajar mucho para tener también dos o incluso tres cabras, éste piensa en qué hacer para que se le muera una al vecino y tenga sólo una igual que él”.

La envidia va acompañada de pena, rabia, tristeza e impotencia, sentimientos nada agradables. Quizás por eso se le adjudica tradicionalmente el color verde. El término ‘ponerse verde de envidia’ se utiliza con pequeñas modificaciones en casi todos los idiomas.

Y, ¿qué es lo que nos pone verdes de envidia a los checos? Jana lo tiene claro. El dinero y los bienes materiales no se perdonan en este país.

“Los checos son capaces de preguntar el uno al otro cuánto gana. Creo que en otros países esto no es común. Al contrario, puede ser hasta tabú preguntarle a uno cuánto cobra. A mí esta pregunta me parece poco conveniente”.

Y, ¿qué más envidiamos? Así lo ve Antonio, un catalán que lleva varios años viviendo en Praga casado con una checa.

“Lo que no se perdona aquí es la asertividad, el carácter, el liderazgo y todas estas cosas. No se perdonan mucho”.

Cristina opina que las mujeres tienden más a la envidia que los hombres. Según ella, la belleza lidera definitivamente el ránking de la envidia femenina, independientemente de las nacionalidades.

“Si una chica es más guapa y tiene algo que tú no tienes seguramente lo ha conseguido haciendo algo malo. O seguro que su novio solamente la quiere porque es guapa. Cosas así”.

Pero volvamos a la pregunta original. ¿Es la envidia el vicio nacional de los checos? Antonio piensa que es muy típico para nosotros preocuparnos del “qué dirán”, algo que él no entiende y lo desprecia. Pero en cuanto a la envidia, no cree que los checos la padezcamos más que otras naciones europeas. Tampoco Cristina tiene experiencia negativa a este respecto, según dice.

“Últimamente he conocido gente checa y yo creo que no. Todos, cuando han visto algo que les ha gustado han preguntado de dónde lo he sacado o cómo lo he conseguido, pero nunca han reaccionado con envidia”.

Como ven, estimados oyentes, no se puede generalizar. No todos los ingleses son puntuales y no todos los checos envidian. Por lo menos, esa es la opinión que tienen de nosotros los extranjeros, al parecer. Y es lo que más importa, ¿no?