La contribución checa al control del agujero de la capa de ozono

Foto: www.antarktida-ozon.cz

En mayo de 1985 se publicó en la revista Nature el primer estudio que demostraba que la capa de ozono se había debilitado en la región antártica. Ahora, 25 años después, la lucha contra el agujero de ozono continúa, también con contribución checa.

Entre los cometidos de la expedición checa que llegó el pasado mes de febrero a la Antártida se encontraba la instalación de un espectrofotómetro de Brewer en la base argentina de Marambio, situada en la isla Seymour.

El objetivo del dispositivo es hacer una medición continua, durante todo el año, de la proporción de ozono en la atmósfera. Se trata del proyecto VAV, organizado por el Ministerio checo de Medio Ambiente, entre cuyos principales objetivos se encuentra la realización de mediciones en tierra del estado del agujero de la capa de ozono.

El aparato, diseñado para ser mantenido a distancia y fuertemente aislado contra la humedad y el frío antártico, efectúa las mediciones de ozono detectando la cantidad de luz ultravioleta que atraviesa la atmósfera, como explica uno de los encargados del proyecto, el catedrático de Física Ladislav Sieger.

Ladislav Sieger

“De forma parecida a como surge el arco iris gracias a las gotas de lluvia, también en este caso se consigue la descomposición de la luz a través de un dispositivo que se llama rejilla óptica. En este arco iris artificial podemos medir las correspondientes longitudes de onda. A nosotros nos interesa la longitud de onda de la luz ultravioleta. Y la medimos con un fotomultiplicador, que es un aparato electroóptico que como su propio nombre indica multiplica fotones: es capaz de detectar los fotones y convertirlos en una señal eléctrica. Analizando esta señal podemos averiguar la concentración de fotones en la atmósfera”.

La capa de ozono filtra las radiaciones de luz ultravioleta procedente del Sol. Calculando cuánta de esta luz es capaz de llegar a la superficie del planeta se puede establecer cuánto ozono hay en la atmósfera.

Las mediciones recabadas por el aparato son enviadas a una computadora, y de ahí a la República Checa para su análisis, como detalla Sieger.

“El espectrofotómetro nos proporciona datos en bruto, esto significa que las señales emitidas por el fotomultiplicador son procesadas por la computadora según diferentes algoritmos. A continuación los datos se transmiten de la Antártida a Internet vía satélite, y allí los recoge el Observatorio Solar y de Ozono de Hradec Králové. Allí los datos se controlan, se comprueban y se lanzan después a la red mundial de mediciones de ozono”.

Foto: www.antarktida-ozon.cz

La República Checa no es el único país que realiza mediciones de ozono. Se trata de una colaboración a nivel internacional en la que cada grupo de científicos recoge información en diferentes puntos y de diferentes maneras, usando globos sonda y satélites, y luego contrasta resultados.

Desde el Protocolo de Montreal de 1987, en el que la comunidad internacional acordó la reducción del uso de productos químicos, como el bromuro, la capa de ozono se ha ido recuperando al ritmo de un 0,1 por ciento al año. Aún así, las mediciones demuestran que mientras que en el resto del planeta la capa tiene una densidad de 300 unidades de ozono, en la Antártida oscila entre las 280 y 285.

Los datos conseguidos por los checos son accesibles a todo el mundo y habitualmente son utilizados por los meteorólogos para predecir los niveles de ozono o para elaborar modelos climáticos.