La cerveza no es el único tesoro de los bares checos

La República Checa es el paraíso de la cerveza, como atestiguan los más de 160 litros de consumo anual por cabeza. Sin embargo “el pan líquido de todos los días” no es la única bebida alcohólica consumida por los checos, ni mucho menos. Hoy, en “A Toda Marcha” hemos hecho un repaso general de lo que los checos se meten entre pecho y espalda.

Entramos en un bar, abrimos la carta de bebidas. ¿Y qué nos encontramos?

“Cerveza, cerveza, cerveza. Después vino, quizás cócteles y después alcohol como vodka, whisky, Fernet, ron... Ron checo, que es algo diferente que el ron de cuba, por ejemplo”.

Nos lo cuenta Danka, una de las pocas checas a las que no les gusta la cerveza y que por tanto se ve obligada a buscar alternativas cada vez que va al bar. Además del ron checo, elaborado con papa, todos los establecimientos ofrecen Fernet. Pero, ¿qué es el Fernet?

“Fernet es una bebida de hierbas. Es de color negro y tiene un sabor especial. Pero yo sé que por ejemplo en Argentina también tienen Fernet, eso era una sorpresa para mí”.

Danka también ha mencionado el vino. Y es que si en la República Checa la cerveza es la reina sin discusión, el vino es el príncipe heredero. Precisamente la región de Moravia es tradicionalmente vitivinícola y quien más y quien menos tiene viñedos en el pueblo. Ahora bien fuera de las zonas rurales se trata de una bebida cuyo consumo se reduce a ciertas situaciones, como nos cuenta Tereza.

“El vino se bebe más a menudo cuando hay dos personas juntas, en pareja, en casa por la noche. En el país se bebe mucho vino, pero hay una pequeña diferencia en grandes ciudades como Praga, Ostrava o Brno. Allí el vino no se bebe tanto en fiestas o en bares, más bien se bebe en casa, y en Moravia vino casero, porque tiene más calidad. En las ciudades el vino no tiene tanta tradición, se bebe más cerveza o bebidas fuertes”.

Y hablando de bebidas fuertes, no podemos dejar de mencionar el slivovice, un destilado que en algunas zonas es de fabricación casera y que se toma, o se debería tomar, en pequeñas cantidades después de una comida copiosa o para rematar la noche.

“Es un aguardiente tradicional. Cada país tiene su aguardiente típico y el slivovice es el nuestro. Se destila a partir de ciruelas o endrinas. Aunque también puede ser de otra fruta, como damascos (albaricoques), peras o manzanas. Con manzana se hace bastante. El slivovice tiene normalmente un porcentaje de alcohol de 50 por ciento”, explica Tereza.

Igual que hay tesoros escondidos, también hay joyas de injusta fama. No queremos desmerecer al Becherovka, pero para algunos checos, como Petr, este licor de hierbas no es una bebida tan representativa como se cree, a pesar de que no falta en ninguna tienda de recuerdos.

Foto: CTK
“Becherovka es para turistas, pero también chicas y gente mayor beben Becherovka”.

Por supuesto, no le dije a Petr que el Becherovka, sobre todo combinado con tónica, es una de mis bebidas favoritas. ¿Qué podría pensar de mí? Mejor continuamos nuestro periplo alcohólico con las bebidas de invierno.

Y es que para combatir el frío los checos se decantan por el cálido abrigo de las tabernas o los puestos que ofrecen bebida en plena calle. El país dispone de toda una gama de tragos con los que calentar el gaznate en los mercados de Navidad, pistas de esquí y días de nieve en general. Danka nos habla de algunos de ellos.

“Son bebidas calientes con alcohol, como por ejemplo el svařák, que es vino cocido con cierta hierba, con azúcar, con fruta como por ejemplo limón o naranja. Otro tipo de bebida caliente es grog, que es ron checo con agua caliente y también con azúcar”.

En definitiva, los checos tienen para elegir, y entre cerveza y cerveza queda hueco para otras cosas. Si se acercan por aquí, no dejen de hacer un buen safari alcohólico. Eso sí, con precaución y sentido común. ¡Hasta la próxima!

Autor: Carlos Ferrer
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