“Empecé a dedicarme a esto porque yo mismo me sentía un exótico en Praga”
Sebastián Franco, veterinario paraguayo radicado en Praga, se ha convertido en todo un referente en el cuidado de animales exóticos. Aquí habla del canguro que tuvo que dormir, del gato africano que adoptó, de la debilidad checa por las especies poco comunes y de la presión emocional que implica salvar vidas que, para sus dueños, significan tanto como la propia.
En Praga, los hispanohablantes que conviven con animales exóticos tienen un motivo para respirar aliviados, incluso si el idioma checo les resulta intimidante: ante cualquier urgencia veterinaria, pueden acudir a Sebastián Franco, un paraguayo que lleva dieciséis años en la capital checa y se ha convertido en todo un referente en el cuidado de especies exóticas. De hecho, fue toda una corazonada de su parte decidirse por una especialización casi desconocida en ese entonces que hoy, tal como él mismo cuenta, empieza a llamar cada vez más la atención de los futuros veterinarios.
“Como mis raíces son de otro lugar, yo me sentía acá como un exótico. Entonces, como veían que cuando llegaban a la clínica animales exóticos y los doctores que estaban trataban perros y gatos, me decían que ese era mi ambiente y me pedían que fuera a ayudarlos. Entonces me mostraban un pajarito o una cotorra de Paraguay. Entonces, agarraba la cotorra y se daban cuenta de que sabía hacerlo. Es decir me daba un plus ser de otro país y entonces me empezaban a mostrar más de esos animales exóticos, y le tomé cariño y después dije que sería un buen punto que curara a los animales exóticos aquí en República Checa. Así que me quedé aquí y estoy trabajando ahora con exóticos solamente”.
A Sebastián le habían ofrecido ya en Paraguay salir del país para ir en busca de nuevos horizontes y cada posible destino tenía sus propios requerimientos. Cuenta que le dieron a elegir entre Japón, Egipto, República Checa y Eslovaquia. Al principio optó por Japón y tuvo que hacer un curso rápido para aprender el idioma porque en tres meses era el examen. Y aunque lo intentó, no pudo con los ideogramas japoneses.
“Y una semana después estaba el de República Checa, que era algo como las notas de la escuela secundaria más una entrevista oral para ver qué carrera querías elegir. Entonces, nos presentamos como treinta personas y nos eligieron a seis que vinimos aquí”.
Explicando lo exótico
“Una vez nos llamaron de la policía porque se escapó un canguro en una ciudad cercana que parecía decidido a saltar por la autopista”.
Sebastián Franco
Los animales exóticos, explica Sebastián, son todos aquellos que no entran en las categorías tradicionales de perros, gatos o animales de granja. Es decir que sí lo son los erizos, hurones, axolotles, salamandras, aves, reptiles e incluso conejos. Según cuenta, el mayor desafío de su trabajo es identificar con precisión qué especie está tratando, ya que cada una tiene un comportamiento específico, a tal punto que pueden existir notables diferencias incluso entre distintos tipos de tortugas. Al mismo tiempo, uno de los aspectos que más disfruta es el componente de sorpresa que le ofrece la enorme diversidad de animales que atiende.
“La semana pasada tuvimos una heloderma, que es uno de los reptiles más venenosos de Latinoamérica, de México. Y entonces le estuvimos haciendo unos rayos X y no es común que venga algo así, es muy raro. Después, otro caso raro que tuvimos fue cuando nos llamaron de la policía porque se escapó un canguro en una ciudad cercana que parecía decidido a saltar por la autopista. Entonces, tuvimos que darle dardos tranquilizantes para que duerma y para poder atraparlo. Entonces, esas son historias bien, bien, bien lindas”.
Recuerda Sebastián que, como en ese momento aún no tenía el rifle con los dardos tranquilizantes, corrió detrás del canguro con una cerbatana en la boca. En el segundo intento disparó y acertó. Desde entonces, el animal comenzó a saltar cada vez más despacio, hasta que lograron atraparlo. Lo curioso es que ese canguro no pertenecía a un zoológico, sino a un particular. De hecho, él confirma que Chequia es uno de los países del mundo donde más se crían y adoptan animales exóticos, una clara tendencia que algunos especialistas atribuyen también a los largos años de encierro bajo el comunismo.
“Los checos encontraron en el transcurso de su vida, de su evolución, la forma de criar cierto tipo de animales. Entonces, por ejemplo, acá están criando unas tortugas que solo hay 30 en Europa. Entonces, tienen el know-how, el cómo hacer. Entonces, eso se pasa de generación en generación y todas estas personas que están metidas en el tema de la crianza tienen su secreto bien guardado, por lo que su valor como criador crece porque tiene una tradición muy grande”.
Según tiene entendido, la especie exótica más comúnmente criada en Chequia es el lagarto Agama, un reptil de unos 30 centímetros que el propio Sebastián mantiene en la sala de espera de su consultorio. También son frecuentes las boas y pitones. Sin embargo, a pesar de esta tendencia, él percibe que muchos checos no conocen bien al animal que adquieren, lo que provoca que ya en la primera semana de adopción surjan problemas que pueden volverse serios.
“Entonces antes de comprar un animal, tienes que saber de dónde es el animal, qué come, cómo vive y cuáles son los requerimientos físicos que necesita: la jaula, la luz y todo eso. Por ejemplo, aquí en mi clínica veo que en República Checa hay unos reptiles que se venden mucho que se llaman Geco leopardo, y en checo es Gekončík noční, cuya traducción al español sería ‘Geco nocturno’ o ‘Geco de la noche’. Entonces, ellos dicen, voy a comprar un Geco de la noche porque es nocturno y, por lo tanto, no necesita luz. Es decir, no necesita rayos ultravioleta, vitamina D ni calcio. Lo compran, lo tienen así dos o tres meses en la casa y por eso mismo agarran una enfermedad”.
El latino que mejor habla checo
A propósito de palabras y lenguajes, Sebastián tiene el mérito de hablar perfectamente checo. Lo usa tanto en el consultorio como en su casa, a tal punto que casi no habla español. De hecho, aprendió el idioma mucho más rápido que la mayoría de los latinos: asegura que ya en el primer año podía desenvolverse con soltura, y durante el segundo comenzó a hablarlo con fluidez.
“El tema es que cuando uno estudia en la facultad tiene que aprender porque todas las presentaciones son en checo o en eslovaco. Y, entonces, uno está todo el día hablando o tratando de hablar porque casi no hay personas que hablen español y entonces uno se desenvuelve más rápido, aprende más rápido porque los exámenes también son en checo y si no los pasas, volás... takže...”.
El gato con bota
Como quien se lleva el trabajo a su casa, Sebastián tiene en su hogar un refugio con nada menos que ciento veinte papagayos y un caracal, gato africano que pesa unos veinte kilos y parece un pequeño lince. Además, la historia de cómo ese felino llegó a su casa es casi tan fascinante como la de su propia especie.
“Es nuestra mascota, pero vino a la clínica hace cinco años: no podía caminar y tenía problemas de absorción de calcio. Yo creo que era un tipo de epilepsia por la falta de calcio o por su genética. Entonces vino a la clínica hace cinco años y la dueña anterior quería que le diéramos solo calcio, pero le hicimos unos cuantos rayos X y vimos que tenía la patita rota y que el cuadro requería internación. Entonces tuvimos una batalla ahí con la persona para que nos deje el gato porque teníamos que curarle, pero tuvimos muchos problemas para darle medicamentos. No por parte del gato, porque él se dejaba, pero sí por parte de la dueña porque no quería que le curemos porque luego de que le enviáramos los rayos X para que ella viera que las cosas estaban mal, nos dijo que como no era curable había que sacrificarlo. Entonces estuvimos peleando como dos semanas para que nos llegara la eutanasia y le propusimos que si nos regalaba el animal, nosotros intentaríamos curarlo con nuestro dinero. Entonces, después de dos semanas de intenso tratamiento, nos vino un papel a través del cual nos donaba el gato y podíamos hacer lo que quisiéramos, por ejemplo, una cirugía. Pero en ese tiempo tuvimos muchos problemas porque un día nso regalaba el gato y otro día volvía con lo de sacrificarlo, o nos decía que iba a venir de noche a retirar al gato y devolverlo a la persona a la que se lo compró porque no tenía sentido curarlo. Pero cuando nos dio ese papel, nosotros le cerramos la cuenta y llevamos al gato a un especialista en huesos y él nos dijo que había un 20% de chances de que pudiera caminar porque tenía todo roto. Tuvo tres cirugías que costaron como 100.000 coronas, pero lo curamos y después estuvo con yeso mucho tiempo”.
“Tengo que salvar, por ejemplo, a una cotorra porque, si no lo hago, su dueña de ochenta años va a entrar en depresión y se muere ella también”.
Sebastián Franco
Luego atacaron el tema de la epilepsia y, aunque ya pasaron varios años, el gato sigue tomando su medicación cada mañana. Aun así, vive feliz en el jardín de la casa y, a veces, hasta duerme en el sofá. Sebastián agrega que siente una debilidad especial por las aves grandes, en particular los papagayos, a quienes atribuye un carisma único. Por eso, se angustia profundamente cuando alguno padece enfermedades incurables como la aspergilosis o el bornavirus.
“Y el animal es solo la punta del iceberg porque, por ejemplo, hay muchos casos en los que viene una cotorrita pequeña que está con una señora de 80 años y llevan 10 años juntos, la cotorrita se enferma de un tumor incurable y la señora te dice: ‘yo no quiero que se muera mi cotorra, si se muere yo me muero’. Entonces, viene toda esa cadena: tengo que salvar a esa cotorra porque si no lo hago, la señora va a entrar en depresión y se muere ella también. Entonces, la puntita del iceberg es este animalito y tengo que salvarlo para salvar a la persona, para que a su vez salve a la familia y, quién sabe, a más partes de la cadena. Entonces, es muy difícil esta parte de la profesión”.
La contracara de esa enorme presión es el sincero agradecimiento que le demuestran sus pacientes. Basta con mirar la sala de espera de su consultorio, donde cuelgan varios dibujos de aves y otros animales, hechos por niños profundamente felices de que Sebastián haya salvado la vida de sus mascotas.








