El espectacular legado brutalista de las embajadas checoslovacas por el mundo
Checoslovaquia construyó en los años 60 y 70 toda una serie de embajadas brutalistas y modernistas alrededor del mundo. Renombrados arquitectos aprovecharon el deshielo político temporal para crear edificios excepcionales como los de Brasilia, Berlín, Londres o Nueva Delhi que, hasta el día de hoy, sorprenden por su modernidad.
Contrariamente a la opinión generalizada, las embajadas no siempre se ubican en edificios locales ya construidos. Mientras que las misiones diplomáticas extranjeras en Chequia suelen ocupar palacios o mansiones históricas en el centro de la capital o sus alrededores, la representación política checoslovaca optó en el pasado por un camino distinto. En los años 60 y 70 la Checoslovaquia comunista construyó toda una serie de edificios alrededor del mundo. El por qué lo explicó en entrevista con Radio Praga Internacional el historiador de la arquitectura Adam Štěch.
“Las embajadas que se construyeron desde cero no son muchas, pero la mayoría surgió en la segunda mitad del siglo XX cuando aquí el régimen era muy diferente, al igual que la situación global. Entonces se sentía una necesidad de contar con edificios realmente representativos que sirvieran no solo como centros administrativos y diplomáticos, sino también, por su arquitectura de primera clase y las obras de arte que albergaban, como un símbolo del país como tal”.
De acuerdo con Štěch, quien se dedica al tema desde hace más de 20 años, se trata de un capítulo importantísimo en la historia de la arquitectura checa y checoslovaca.
“En los proyectos de los edificios de cada una de las embajadas trabajaron grandes equipos creativos compuestos por arquitectos, diseñadores de interiores, ingenieros pero también artistas. A mí, como historiador de la arquitectura, lo que más me interesa es cómo la arquitectura se fusiona con el mobiliario y viceversa. Y las embajadas checas son precisamente un ejemplo de edificios representativos donde los interiores se concibieron con gran atención al detalle. Surgieron obras extraordinarias con el fin de que los interiores fueran únicos y trasmitieran ideas más profundas. Podemos ver dentro un sinnúmero de objetos fantásticos: muebles, lámparas y obras de arte, pero también suelos, alfombras, puertas y barandillas”.
Un presupuesto ilimitado a pesar de los tiempos difíciles
Paradójicamente, la tesorería checoslovaca no estaba pasando por su momento más solvente. En el país faltaba mercancía, la población tenía que hacer cola para comprar prácticamente cualquier cosa. No obstante, según cuenta Štěch, era común que la construcción de nuevas embajadas contara con presupuestos casi ilimitados. El Gobierno comunista atribuía suma importancia a que el país fuera visto positivamente en el extranjero y no dudaba en gastar un dineral para lograrlo. Y al dirigirse solo a los mejores arquitectos y diseñadores, logró que los edificios rebosaran de obras extraordinarias.
La primera embajada checoslovaca moderna surgió a finales de los años 50 en Pekín. Su construcción marcó un hito en la arquitectura checa que, con este proyecto, retomó la tradición modernista tras una década marcada por el dictado del realismo socialista. La suavización del clima abrió paso a una arquitectura más moderna, libre de influencias políticas, explica Štěch.
“De hecho, es bastante paradójico que las embajadas no trasmitan en absoluto la ideología comunista. Básicamente son apolíticas, ya que la mayoría de estos edificios fue construida en los años 60, un periodo de relativa liberalización política, digamos en la época de la llamada Primavera de Praga, cuando la doctrina del realismo socialista, que supuestamente representaba una especie de modelo soviético ya había desaparecido, había sido condenada. Los arquitectos y diseñadores tuvieron vía libre. Podían hacer más o menos lo que querían. Consiguieron llevar a cabo sus proyectos a través de concursos abiertos. Es decir, realmente los ganaron. Y los jefes del partido no tuvieron casi ninguna influencia en ello. Afortunadamente”.
El gran ejemplo de Nueva Delhi
En cuanto a su tamaño y al número de obras de arte que alberga, es la Embajada checa en Nueva Delhi, creada por un equipo de diseñadores y arquitectos liderados por el renombrado Karel Filsak, la que, de acuerdo con Štěch, se lleva todos los aplausos.
“Creo que es uno de los mejores edificios. Refleja claramente las tendencias globales y occidentales de la arquitectura moderna de esa época. Se utilizó un revestimiento de hormigón sin tratar, probablemente por influencia del arquitecto francés Le Corbusier y el brutalismo británico, que se considera como la expresión más pura de este estilo. La Embajada en Nueva Delhi parece casi una pequeña ciudad. Se compone de varios edificios interconectados que forman una especie de aldea diplomática. Cada parte tenía su función, había, por ejemplo, un ala representativa, otra administrativa, así como una parte dedicada a la cultura y otra residencial. Fue un proyecto realmente grandioso para su época, de una calidad a nivel mundial en cuanto a diseño y decoración”.
En esa época, Filsak era la figura más importante e influyente en el ámbito de la construcción de embajadas. Además de las sedes diplomáticas checoslovacas en Brasilia o el Cairo, diseñó por ejemplo el edificio de la Misión permanente checa ante las Naciones Unidas en Ginebra.
Otro autor destacado fue Jan Bočan, quien diseñó tres embajadas. Las dos más bonitas se encuentran en Londres y Estocolmo. El edificio de Londres fue galardonado con el prestigioso premio del Real Instituto de Arquitectos Británicos. La tercera, en Tiflis, fue construida en la década de 1990 y, de acuerdo con Štěch, se trata de un proyecto excepcional.
El futuro de la diplomacia cultural
Además de la clara función política de las embajadas, Štěch subraya su potencial cultural, cuando –más allá de la diplomacia– se puede lograr un acercamiento entre los países mediante conferencias, conciertos o exposiciones. Un acercamiento que, en su opinión, es especialmente necesario en la actualidad. Si también lo son los nuevos edificios, es otra cuestión.
“Yo espero que volvamos a ser testigos en algún momento de nuevos proyectos, de nuevos y bonitos edificios de representación diplomática. Aunque, bueno, a lo mejor están perdiendo un poco su sentido original, porque estos edificios de los años 60 acogían a cientos de empleados, diplomáticos y otro personal. Hoy en día su número se ha reducido marcadamente. Así que, evidentemente, estas construcciones también deben someterse a una revisión, debemos pensar en cómo vamos a aprovecharlas en el futuro”.








