De un llamado de García Marquez a "el argentino querido por todos": el día que Praga fue capital de las letras

Praga

El escritor y cineasta Alberto García Ferrer adelantó en Praga la publicación de un libro que tiene a Gabriel García Márquez y al cine como protagonistas. Además, nos relató algunas situaciones que vivió junto al Nobel colombiano, quien fue determinante en su vida y su carrera.

Foto: Editora Alfaguara

Por ese entonces, los checos ya habían leído en su idioma Rayuela y La muerte de Artemio Cruz, aunque todavía no se había traducido Cien años de soledad. Pero los Buendía y el boom latinoamericano no hacían caso a las limitaciones de la lengua, por lo que, cuando Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Carlos Fuentes llegaron a Praga a finales de 1968, invitados por la Unión de Escritores Checoslovacos, tuvieron un recibimiento mayúsculo, que coincidía con su ya alcanzado estatus de hombres destacados de las letras. Décadas más tarde, “Gabo” intentaría comunicarse por teléfono con un argentino, que no era Cortázar, pero no tendría suerte, al menos por una noche.

Alberto García Ferrer. Es el nombre que, por tener mal colgado el teléfono de línea, no llegó a concretar la comunicación con el Nobel colombiano aquel día que transcurría entre Colombia y España, país que lo recibió tras dejar su Argentina natal. También es el hombre que tiene la ambición de ampliar el recuerdo de aquel encuentro entre gigantes en la capital checa y, de algo incluso menos conocido: la faceta de García Márquez como cronista – no como crítico (¡esto lo aclara en reiteradas ocasiones!) – de cine. Así lo confirmó en su paso por la capital checa este fin de semana el expresidente de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba, quien, invitado por el Instituto Cervantes de Praga, realizó un coloquio junto al decano de FAMU (Escuela de Cine y Televisión de la Academia de Artes Escénicas en Praga) David Čeněk en el cine Ponrepo.

Alberto García Ferrer y David Čeněk | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

Una llamada del destino

Luego de la proyección del film español Furtivos, de 1975, y ante la presencia de los espectadores checos y de la gestora del cultural del instituto, Nadia Hutnik, García Ferrer anunció la inminente publicación de un libro en el que se propone explorar cómo el proceso creativo de García Márquez se puede apreciar, también, en su relación con el cine. En conversación con Radio Praga Internacional, el cineasta, guionista y mucho más, nos relata aquel día de 1995 en que el escritor colombiano lo llamó para pedirle que se hiciera cargo de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba.

“‘Te han estado llamando toda la noche y lo único que me han dicho es esto’: que a las 11 de la mañana te va a llamar a tu despacho Gabriel García Márquez’ (NDR: le dijo su suegro a García Ferrer). Y así fue. A las 11 en punto, porque —otra de las cosas que me dijo personalmente Gabriel García Márquez un día— fue: ‘No te fíes de la gente impuntual’. Y él era de una puntualidad absoluta. Entonces, claro, si vos agarrás el teléfono y escuchás a Gabriel García Márquez que te dice: ‘Alberto, qué difícil eres para pedirte un favor…’. Imaginate, ¿no?. Y me dice: ‘Queremos que seas el nuevo director de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños’. Después, cuando pienso en esa expresión, me doy cuenta de que es imposible decirlo de una manera más elegante. Más allá de que era un cargo estupendo y me parecía muy bien, no me dijo ‘piénsatelo’ o ‘a ver si te animas’. Fue directo: ‘Qué difícil eres para pedirte el favor de que seas director’. Y ahí empezó todo. Estuve desde el 96, 97, 98, 99, 2000… unos cuantos años, porque después me pidieron que me quedara un tiempo más. La escuela es una creación de Gabriel García Márquez. Además, él iba y daba talleres, y esos talleres se pagaban muy bien por quienes querían asistir. Y ese dinero era para la escuela. Y además, él mismo ponía dinero para sostenerla. Siendo director, me di cuenta de que la escuela tenía como un paraguas protector. Y lo sé de buena fuente: nadie, ni ministros ni autoridades, metían las narices allí”.

Gabriel García Márquez | Foto: Profimedia

García Ferrer asegura que no le interesa opinar sobre las adaptaciones de las obras de García Márquez al cine, la televisión o las series – incluida la realizada por Netflix nada menos que con Cien años de soledad en 2024. Tampoco le interesan demasiado las influencias de algunas películas en particular sobre el escritor colombiano, aunque se sabe que algunas de sus obras preferidas o que más lo han marcado tuvieron que ver con el cine neorrealismo italiano, con Ladrones de bicicletas a la cabeza de su lista de films predilectos. Pero para Ferrer este detalle, al menos en lo que respecta a su libro en ciernes, no es relevante. Lo que sí lo es es el proceso creativo, un esfuerzo que, a partir de su investigación en curso, el ensayista descubrió que el autor de El coronel no tiene quien le escriba se identifica con la figura del montajista.

“No te fíes de la gente impuntual”

La relación entre los dos García – Márquez y Ferrer – comenzó alrededor del año 87, cuando el cineasta argentino se reunió por primera vez en el Hotel Nacional, en Cuba, con el aclamado escritor, célebre, además de por su talento, por su aversión a dar entrevistas.

Alberto García Ferrer | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

“En el año 87, cuando fui a Cuba, yo tenía un puesto en el Instituto de Cooperación Iberoamericana. Fui allí para plantear algo que venía diciendo también dentro del Instituto y de la Agencia Española de Cooperación: que lo más importante, en ese momento, en el ámbito del cine iberoamericano, era la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, la escuela de cine en la República Dominicana y, por supuesto, la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños. Ahí debía estar España, no solo con el tema de la cooperación, sino con una presencia real. Y me dijeron: ‘Vale, perfecto, adelante’. Fui, estuve allí, y de hecho hay un artículo que escribí más tarde —cuando murió Gabo— en el que conté todo esto. Yo había ido a verlo para hablarle precisamente de eso, y me pasé una semana en La Habana esperando que se diera el encuentro, porque con Gabo las cosas siempre ocurrían de una manera inesperada. Yo estaba alojado en el Hotel Nacional, esperando esa llamada, hablando con los cubanos, viendo cómo podía acercarme. Y un día, mientras esperaba el ascensor en la cuarta planta del hotel, en medio de la penumbra del pasillo, aparece una figura vestida completamente de blanco. Era él. Venía todo de blanco. Se me acercó y me dijo: ‘No me cuentes nada, porque sé todo sobre ti. Acompáñame’. Y lo acompañé. Bajamos, salimos, y fuimos al cine. Allí estaban todos los cineastas que andaban por La Habana en ese momento. Y cuando terminamos, me dijo: ‘Mañana, a las 11, te espero en la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano para arreglar todo esto’. Y así fue”.

De Cuba a la cúspide del prestigio

Gabriel García Márquez en el año 1987 | Foto: Galina Kmit,  Sputnik / Profimedia

Las 11 de la mañana parecía ser el horario ideal para tener reuniones con García Márquez. En 1987, a esa hora definieron la cooperación que permitiría un aire financiero a la iniciativa, y a esa misma hora pero siete años más tarde, García Ferrer aceptaría ser presidente de la Escuela Internacional de Cine y Televisión en Cuba. La sinergia entre el argentino y el colombiano, a la que se sumó el esfuerzo e interés de cineastas de renombre internacional, guionistas, técnicos, montajistas, especialistas en sonidos y amantes del cine, dieron un fruto de la misma calidad que el tabaco o el ron que se producen en la isla.

“Siendo director de la escuela, era casi como ser un alcalde. Tenías que ocuparte de todo: desde la organización hasta la convivencia. Había que coordinar a todos, traer profesores… y llegamos a tener unos 150 docentes de 32 países distintos. Venían de todas partes: de Australia, de Europa, de América Latina. Por eso digo —y lo dije ya en el año 98— que dirigir la escuela fue una experiencia única. Yo estuve desde el 96 hasta el 2000, y luego algunos años más. En 1998 salió en El País un suplemento dedicado al tema de la enseñanza del cine. En ese número publicaron un ranking con las diez mejores escuelas de cine del mundo.

Y la número uno era la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Entre las otras no había ninguna escuela española o latinoamericana: eran todas australianas, norteamericanas, europeas o canadienses. Pero la número uno era la nuestra. Y te cuento esto para que entiendas el espíritu que había allí. Ese periódico llegaba siempre a la escuela, lo recibíamos y lo compartíamos con todos. En esos días, El País se agotó en La Habana, y recuerdo que tomé un café con Gabriel García Márquez y le dije: ‘¿Has visto? ¡Estamos en el número uno!’. Y él me respondió una frase que me marcó para toda la vida. Me dijo: ‘Sí, Alberto, pero ¿cuándo vamos a lograr ser aquello que los otros creen que somos?’. Era su manera de decir: no te duermas, no te conformes. Porque claro, algunos pensaban: “Ya somos los primeros, ya está.” Y él no. Él siempre insistía en que había que seguir adelante, hacer más, hacerlo mejor. Y eso lo recuerdo con enorme admiración. Creo que en nuestra escuela hicieron el único coloquio juntos Francis Ford Coppola y Ettore Scola”.

Praga, un punto de encuentro

Los encuentros entre artistas de talla mayúscula han marcado la carrera de Ferrer y también se han convertido en una fuente de inspiración. Entre estas reuniones, también se ha colado Praga.

“Praga es un punto de referencia para muchas cosas. Y hay un artículo escrito por García Márquez donde menciona que en Praga se encontraba ‘el argentino al que todo el mundo quería’. Se refería a Cortázar. Y ese artículo comienza con Praga. Entonces dije, ‘este libro también va a empezar así’”.

Cine Ponrepo | Foto: Martina Kutková,  Radio Prague International

Películas, Gracía Márquez, Cortázar y Praga. Todos han sido convocados en el cine Ponrepo de la capital un domingo lluvioso cargado de anécdotas. Y este ha sido solo el adelanto de un libro aún sin nombre, pero que ya tiene a sus lectores a la espera de novedades, que llegarán desde el pasado. Mientras el cineasta conversaba con su interlocutor checo, David Čeněk, una frase de García Márquez sobrevolaba la sala del cine: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

Praga | Foto: Štěpánka Budková,  Radio Prague International
Autor: Juan Muttoni
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