Chiko inició su recorrido en la República Checa

Chiko

Antes de que la coproducción cinematográfica chilena Chiko, de la directora húngara Igolya Fekete, fuera estrenada en ese país sudamericano, recientemente los cinéfilos checos pudieron disfrutar de ella.

Chiko
Chiko es una historia de ficción en la que su protagonista, un periodista encarnado por el actor boliviano Eduardo Flores, emprende un viaje lleno de aventuras, encontrando su destino en el conflicto bélico de Croacia a principios de los noventa. Durante su visita a la República Checa, conversamos con la cineasta húngara Igolya Fekete sobre Chiko, una película rodada por Hungría, Chile, Croacia y Alemania.

¿En qué se inspiró para rodar Chiko?

"Todo partió luego de conocer a Eduardo Flores, el héroe principal de mi película y que en mi filme anterior había personificado a un mafioso checheno... dicho sea de paso, el no es actor profesional, pero lo hizo muy bien. Comenzamos a conversar y me di cuenta que su vida -él es mitad húngaro, mitad español y nacido en Latinoamérica- era exactamente la historia que había estado buscando. Le pedí que me contará algunos pasajes de su vida y en base a ellos comencé a escribir el guión de Chiko. Si bien, gran parte de la película es ficticia, una parte de la historia está inspirada en la vida real del protagonista".

¿Qué tipo de problemas debieron enfrentar durante la realización del filme y cuánto tiempo les tomó terminarlo?

"Dos años de investigación y para escribir el guión y otros dos años en trabajos de realización y post producción. Ahora, problemas... miles. En primer lugar porque teníamos muy pocos recursos financieros y teníamos que rodar en cinco países, Chile, Croacia, Albania, Israel y Hungría, lo que suponía además cinco lenguas diferentes, varios tipos de mentalidad, en fin, eso ya es suficiente como para decir que no fue sencillo; afortunadamente estuve siempre rodeada de grandes profesionales.

¿Usted mencionó que debieron rodar en cinco países, en concreto, ¿cómo fue la experiencia de rodar en Chile?

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"Fue una experiencia fantástica. El equipo con el que trabajamos era sumamente profesional y entusiasta. Le cuento una anécdota: para una de las escenas necesitábamos pintar un mural en la calle. Los miembros del equipo de producción consiguieron rápidamente pintura y se pusieron a trabajar ellos mismos, les quedó fenomenal. Luego nos confesaron que era la primera vez que lo hacían. Otro aspecto que resultó emocionante para nosotros, fue ver cómo la filmación de la película trajo a la memoria de mucha gente los sucesos de principio de los setenta en Chile, fue cómo si se hubieran transportado hacia esos años. Y en lo personal, debo confesar que ha sido el viaje de mi vida".

En otro ámbito, ¿qué ha cambiado en la manera de hacer cine durante los últimos diez años en esta región de Europa?

"No le podría contestar a esa pregunta en tan poco tiempo. Es un tema que da para hablar horas. Yo personalmente no he variado mi estilo de hacer cine ya que comencé a rodar luego de los cambios políticos de finales de los ochenta. De lo que si estoy segura es de que cada vez es más difícil, al menos en Hungría, rodar películas de carácter "no comercial" o similares a Chiko".