Anna Anthony, su trabajo en Radio Praga en los 60, su exilio y sus viajes como “mensajera” de la disidencia
La antigua disidente Anna Anthony nos visitó y nos contó su fascinante historia sobre su trabajo en la redacción española de Radio Praga a principios de los años 60 y su vida entre Checoslovaquia y Occidente después, colaborando con la disidencia.
Anna Anthony Víšová, nacida en Praga a finales de la Segunda Guerra Mundial, entró a la radio pública en los años 60, donde trabajó en la mismísima redacción española de Radio Praga. Justo antes de la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia, se fue de viaje a España y, después de enterarse del aplastamiento de la Primavera de Praga y la ocupación soviética, decidió quedarse en el Oeste, más precisamente en París y luego en Suiza.
A lo largo de sus frecuentes visitas a su país, a Anthony se le confiaba la correspondencia de los disidentes checoslovacos hasta la caída del régimen en 1989. Radio Praga Internacional habló con Anna Anthony sobre la fascinante historia de su vida en varios países por el mundo y su experiencia en el mundo de la radiodifusión.
Anna Anthony hizo su debut en la Radio Checa en el año 1963. En aquel entonces, ella comenzó a trabajar en la Radio Praga de entonces para la redacción española. Anthony consiguió este trabajo gracias a los conocimientos en español que había obtenido en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Carolina de Praga, sin embargo, no se acuerda bien de la razón que la llevó a la radio, pero reconoce que probablemente se trataba de algún contacto que la ayudó y no tanto de una coincidencia. Según recuerda Anthony, la primera tarea que le asignaron en la radio fue responder a las cartas de los oyentes en español. Una gran parte de estas cartas venía de gente sencilla, antifranquistas con muchas ilusiones sobre el período de libertad relativa que vivían los checoslovacos en los 60.
“Mi rol ahí era responder de una manera bastante simple. Entonces no hablaba español tan bien, así que tenía una especie de modelo en mi cabeza de cómo hacer el contenido”.
En junio de 1968, Anna Anthony aprovechó la relativa flexibilidad que daba la Primavera de Praga y partió hacia España para trabajar como au pair en Madrid. Este período, como destacó Anthony, no fue nada fácil para ella.
“Fui a trabajar como au pair a Madrid. Aguanté unos meses, pero no era fácil. Trabajaba los días enteros y tenía solamente medio día libre a la semana. Luego, renuncié. Sin dinero, sin trabajo, sin domicilio fijo. Afortunadamente había conocido ya a gente maravillosa en España. Algunas de estas personas me conocían muy poco, pero me alojaron en sus hogares durante dos meses sin cobrarme nada. Así comenzó todo”.
Anthony se acordó de los eventos trágicos de agosto de 1968 y cómo el aplastamiento de la Primavera de Praga la impulsó a quedarse en el extranjero.
“Había dicho antes que si las cosas en Checoslovaquia iban mal, no regresaría. El día de la invasión me acordé de eso. Y me dije a mí misma que tenía que cumplir mi palabra y así lo hice”.
Cuñada de Jiří Dienstbier
Anna Anthony también habló sobre cómo entabló contacto con su futuro cuñado Jiří Dienstbier, uno de los periodistas y corresponsales en el extranjero más respetados en Checoslovaquia antes de que lo despidieran después de la Primavera de Praga. Después de la Revolución de Terciopelo de 1989, se convirtió en ministro de Relaciones Exteriores con Václav Havel.
“A Dienstbier lo conocí antes que mi hermana, aquí, en la radio. Nuestras madres trabajaban juntas. La madre de Jiří Dienstbier le había dicho que se pusiera en contacto conmigo en la radio y así nos conocimos”.
Anthony describió su vida los años siguientes a ese año de 1968 y su estancia en Madrid.
“Luego me fui a Francia, me casé y me quedé unos cinco años. Retomé mis estudios de ruso en la Universidad de Vincennes de París. Era una universidad muy izquierdista, el ministro de Educación hasta dio regalos a los estudiantes después de mayo del 68”.
Por aquel entonces, Anthony también viajaba a Suiza para trabajar allí los veranos en un restaurante en el campo. Luego, conoció allí al padre de su hija, lo que la convenció a quedarse en Suiza.
Una disidente que podía pasar el Telón de Acero cuando quería
A pesar de haberse mudado al extranjero, esto no le impedía regresar frecuentemente a Checoslovaquia en los años 70 y 80. Como relató Anthony, ella había solicitado un pasaporte de inmigración en París. Con este pasaporte, Anthony siempre tenía que solicitar un permiso, parecido a un visado, para entrar en su propio país. Pero era un documento que le permitía ir y regresar siempre que quisiera.
No obstante, estos viajes tenían su precio. Aunque no se acuerda de ciertos detalles, Anthony cuenta que cada vez se tenía que presentar en la policía para someterse a un pequeño interrogatorio, y que a veces se volvía un poco humillante.
Además de vivir fuera del bloque soviético, tal vez, otra razón para estos interrogatorios eran sus contactos cercanos con los disidentes checoslovacos más activos en Occidente, como, por ejemplo, Jiří Pelikán, disidente checoslovaco radicado en Italia, que visitaba a Anthony en París a menudo para trasmitirle mensajes.
“Él siempre iba a un bistró. Venía a verme a París. Una vez, incluso me pagó el vuelo a Praga porque necesitaba que yo viniera y además yo no tenía dinero. Así que, nos metíamos al fondo del bistró para que nadie nos viera. Él me decía todo lo que le tenía que decir a Ladislav Lis, otro disidente en Checoslovaquia. Luego, me lo apuntaba y cuando tomaba el tren, me lo aprendía de memoria y rompía el papel. Así lo transmitía”.
Anthony admite que en ningún momento sintió miedo, ya que había recibido instrucciones de cómo comportarse en caso de que las cosas se pusieran complicadas. Justamente Jiří Dienstbier le había explicado qué hacer si la arrestaban, lo cual jamás ocurrió. Lo principal, como destacó Anthony, era no decir nada.
La Revolución
Anthony se tomó unas vacaciones no previstas en noviembre de 1989 y regresó rápidamente a Praga. Cuando las manifestaciones en la Plaza Venceslao empezaron a surgir, Anthony quiso unirse a ellas con su hija, pero el padre estaba en contra de esto, ya que la pequeña entonces tenía dos años y medio, por lo que viajó sola varias veces. Sus sentimientos en aquel momento eran una mezcla entre el entusiasmo y un poco de incredulidad en el éxito de la Revolución de Terciopelo, confiesa.
Entretanto, Anthony se ha dedicado a la traducción del checo al español, traduciendo libros como El mundo imaginario, de Eva Syřišťová.
Para Anthony fue importante trasmitir el idioma checo y la cultura de su país de origen a su hija y ahora puede decir con orgullo que ha cumplido esta tarea exitosamente. Sin embargo, Anthony confesó que siente Chequia como su país, pero no como su lugar de residencia. Actualmente, su lugar de residencia es Suiza, donde vive en una casa de campo, un sueño que, como buena checa, ha tenido toda la vida.








