Anatomía de un lenguaje con el director de cine Daniel Vidal Toche: “Es más fácil aprender checo en Perú que quechua"

Daniel Vidal Toche

El director de cine peruano Daniel Vidal Toche presentó su película "La anatomía de los caballos" en la competición Próxima del Festival de Cine de Karlovy Vary y aprovechamos la oportunidad para conversar sobre la presencia del quechua en Perú y Bolivia, la revolución de Túpac Amaru y el tiempo circular, temas reflejados en un film que hace pensar en una sucesión de cuadros de Caravaggio.

El cine se mezcla con la aquitectura de Karlovy Vary durante uno de los festivales más prestigiosos del mundo  | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

En Karlovy Vary, a más de 11.000 kilómetros de su Lima natal, el director de cine Daniel Vidal Toche arriesga que la lengua checa le puede parecer incluso más cercana que el quechua, una lengua hablada por millones de personas en su país de origen. Así, tal vez, el checo haya encontrado, finalmente, una lengua que le compita en dificultad.

Curiosamente, por más lejano y complejo que pueda resultar este idioma, es considerado lengua oficial en Perú, Bolivia y Ecuador, y además es hablado en algunas regiones de Colombia, Argentina, Chile y Brasil. Para quienes jamás lo han escuchado, la película “La anatomía de los caballos”, que Vidal Toche ha venido a presentar al Festival de Cine de Karlovy Vary, puede ser una gran puerta de entrada, además de ofrecer un vistazo a los paisajes andinos que se disfrutan mucho más en una pantalla que en una excursión, puesto que su naturaleza, con cambios de temperatura extremos, ponen a pruebas los límites de la resistencia humana. En diálogo con RPI, el director explica que ni el lenguaje ni las montañas aparecen por simple casualidad en su obra.

“Decidimos el lenguaje con mucho tiempo. Ángelo, mi director de fotografía, que es un gran, gran director de fotografía, y yo trabajamos mucho sobre eso, porque pensábamos en cómo se puede sentir la permanencia en ese lugar. Es un sitio muy físico, muy complejo de habitar, y además estábamos trabajando con diferentes tiempos. Estamos hablando de conexiones entre el siglo XVIII y el siglo XXI, y nos parecía que había que habitar el cuadro, permanecer en él, que el espectador pudiera quedarse y revolcarse un poco en cada uno. Ese fue el camino que decidimos tomar con el lenguaje. Eso implicaba que, si íbamos a trabajar con ese tipo de lenguaje y de formalidad, además con una estructura y una forma de viajar en la película muy elíptica, necesitábamos que cada cuadro tuviera mucho cuidado. Y sí, lo cuidamos muchísimo”.

Un casting atípico

Para encarnar a los protagonistas de esta historia cíclica y de ritmos contenidos, el realizador contó con la colaboración de Juan Quispe y Edith Ramos, vinculados al mundo del cine y de la política, y quienes, cuenta el director, se sumaron inmediatamente al proyecto sin siquiera saber cuándo se les pagaría por su participación.

Daniel Vidal Toche | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

“Mi casting fue muy atípico. Lo que hacía era enfrentarlos a una situación emocional compleja: les pedía que me contaran una historia dura de sus vidas, sin apoyos, con una cámara muy cerca. Juan me contó un episodio muy personal, conectamos emocionalmente de inmediato, y empezamos a trabajar durante mucho tiempo. Tuvimos también un coach de actores que nos ayudó a pulir su trabajo y llevarlo al máximo nivel, creo yo”.

La presencia del quechua en Perú y otros países

Especialmente, Ramos es investigadora del quechua, que es, en realidad, un conjunto de lenguas compuesto por unas nueve variantes reconocidas. La elección de la actriz y la de hacer hablar a los personajes en esta lengua no ha sido una elección azarosa, sino que proviene de una motivación personal del director.

“En Perú, como primera lengua, hay cerca de 4 millones de personas que hablan quechua, y en total, entre Perú y Bolivia, deben ser unos 8 millones. Es una lengua que ha sido sometida a mil persecuciones. Justo después de la revolución de Túpac Amaru se prohibió el quechua, porque se pensaba que era una lengua secreta que podía permitir la organización de revoluciones fuera del panóptico del poder. A pesar de eso, es una lengua que sigue creciendo en número de hablantes y que no se pierde. Y tiene una magia desde lo lingüístico. Ya no es solo un tema poético o folclórico: es un tema de qué cosa puede construir una lengua. La lengua construye el mundo”.

La Revolución de Túpac Amaru fue un alzamiento indígena dirigido por José Gabriel Condorcanqui, también conocido como Túpac Amaru II, contra el poder español en el Virreinato del Perú entre 1780 y 1782. Fue la rebelión indígena más significativa del periodo colonial y estuvo motivada esencialmente por abusos hacia los pueblos originarios. Aunque Túpac Amaru II fue capturado y ejecutado en 1781, la resistencia continuó bajo otros líderes como Túpac Katari. Su levantamiento es considerado un antecedente clave en el camino hacia las independencias latinoamericanas. Los personajes del film dialogan sobre estos eventos y se preguntan, una y otra vez, si la revolución es posible, necesaria o, incluso, inevitable. Y lo hacen, por supuesto, en la lengua de la revolución.

En Perú,  como primera lengua,  hay cerca de 4 millones de personas que hablan quechua | Foto ilustrativa: begreen,  Pixabay,  Pixabay License

“El quechua tiene relaciones temporales completamente distintas. Se dice que el futuro está detrás y el pasado delante. El sujeto y el verbo pueden ser una misma palabra. Es una lengua con una estructura única, con una poética propia. Esa poética no es una intención mía como guionista, es parte de la naturaleza del idioma. Siendo peruano, es más fácil aprender alemán o incluso checo en Perú que quechua. Y me pregunto: ¿cómo se me ha negado esa puerta? Yo soy limeño, ¿cómo se me ha negado saber esto sobre una lengua que hablan millones en mi país y con la que yo no tengo absolutamente ninguna relación?”.

Trabajar con una lengua desconocida

“La anatomía de los caballos” | Foto: Film Servis Festival Karlovy Vary

El director señala que cuando aparecen expresiones artísticas en quechua, suelen representar situaciones vinculadas a los campesinos o simplemente a un ambiente bucólico llano, en donde no aparecen, por ejemplo, discusiones políticas. Algo que, asegura, es totalmente corriente en Puno. El quechua, en esta región, es el idioma no solo de la vida cotidiana, sino también de las decisiones políticas, y esto se puede ver en el film, especialmente en una escena en la que los habitantes de un pueblo intentan resistir el avance de una minera y se enfrentan a sus líderes políticos. Mientras los miembros de la comunidad se expresan en quechua, los dirigentes les responden en español. Para Vidal Toche, el hecho de no manejar esta lengua no es una limitación, sino una nueva posibilidad.

“La anatomía de los caballos” | Foto: Film Servis Festival Karlovy Vary

“Hay una cosa que me parece divina como director, que es trabajar con lenguas que no conoces, porque eso te permite mirar otras cosas en el momento que estás dirigiendo la escena. Yo algo de quechua entiendo, lo he tenido que aprender más o menos, pero es muy difícil de hablar. Y hay momentos en los que te pierdes, por supuesto, porque es una lengua muy diferente a cualquier que uno pueda manejar en occidente.

Y eso te da una plasticidad, sobre los gestos y sobre el tiempo de los actores en escena que está está bacana”.

El paisaje de Puno

Pero la lengua y los personajes no son los únicos protagonistas de esta obra. La naturaleza de Puno es determinante, tanto en lo visual como en lo narrativo. Un elemento que los espectadores tienen la posibilidad de apreciar, gracias a que los planos se mantienen estáticos. Por momentos, la película parece una sucesión de grandes lienzos pintados a mano.

“La anatomía de los caballos” | Foto: Film Servis Festival Karlovy Vary

“Teníamos muy claro que ese paisaje es bastante único, pero también difícil de reflejar en su dureza. Dependiendo de cómo filmes y trates la imagen, puede parecer una pradera idílica, con sol perfecto, y la verdad es que es muy difícil estar cómodo ahí. Filmamos a 3900 metros de altitud, en un lugar muy seco, con cambios climáticos radicales. A la sombra hace un frío que te pelas, y si te da el sol, te quema la cara. Vives en una tensión constante. La gente que vive ahí está muy adaptada, hay una naturalidad en ellos, pero para uno que es visitante, es brutal. Yo estaba muy preocupado por que el paisaje en la película transmitiera esa rudeza”.

Debido a su ritmo pausado, la película invita a la audiencia a sumergirse en un mundo distante, entre sueños, visiones y diálogos en una lengua extraña. La idea del tiempo circular se impone poco a poco y de principio a fin.

“La anatomía de los caballos” | Foto: Film Servis Festival Karlovy Vary

“Es una película muy formal, que le pide al espectador participar mucho, pero que tiene unos lugares muy claros por donde pivota.

Diría que es una pregunta sobre la revolución. ¿Es algo posible o no? ¿Todavía podemos emprenderla? Y eso tanto en un sentido universal como en uno particular, respecto de la historia del Perú y de Puno, que ha sido un lugar sistemáticamente sometido. La película plantea esa idea de algo que fracasa, vuelve a empezar, fracasa otra vez, y vuelve. ¿Necesitamos todavía encender esa llama? Con todo lo que ha pasado y se repite”.

Karlovy Vary, la cima de los amantes del cine

Por último, el director asegura que la posibilidad de llevar a cabo el estreno mundial de su película en el festival de Karlovy Vary representa un verdadero lujo. Después de todo, la obra busca a su audiencia, incluso en un festival en donde los asistentes son tan aficionados a este arte que no siempre se hace fácil conseguir entradas para las proyecciones.

Foto: Olga Vasinkevič,  Radio Prague International

“Al final, uno trabaja muchísimo en hacer las películas precisamente para que se vean. Y este festival hace eso posible, de una manera que me gusta mucho, porque está muy conectado con el público general. No es un festival tan exclusivo y elitista. A veces pasa que sientes que tus películas no llegan al público, que se quedan en un círculo de exclusividad. Está bien, porque te dan visibilidad y la posibilidad de seguir haciendo cine, pero este festival tiene algo especial: la implicación del público checo. Sé que acampan para ver películas, que si queremos reservar funciones tenemos que levantarnos a las 6:55, y a las 7:01 ya no hay entradas. Da un poco de pena no poder ver nada, pero también alegra ver ese compromiso con el cine, con un cine que es un reto, que no es fácil”.

Autor: Juan Muttoni
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