“Tres minutos en TikTok no pueden contar lo que fue el Holocausto”

Eva Leitman Bohrer Benatar, sobreviviente del Holocausto, y Patricia Weisz, hija de Violeta Friedman —quien sobrevivió a Auschwitz—, compartieron sus historias con estudiantes de un colegio de Pilsen y, más tarde, en el Instituto Cervantes de Praga, junto a la investigadora checa Daniela Prikrylová, para hablar de aquello que “no tiene palabra” y subrayar que solo una educación sólida —y profesores bien formados— puede despertar en los jóvenes la curiosidad, el pensamiento crítico y el deseo de buscar la verdad más allá de la banalización de las redes sociales.

Daniel y Eva durante la charla con estudiantes de Pilsen | Foto: archivo  personal de Daniel Sáiz Lorca

En las redes sociales suele darse con frecuencia el siguiente círculo vicioso: usuario se queja del contenido que alguien postea en esas mismas plataformas provocando reacciones similares o incluso peores a aquello contra lo cual intenta expresarse. Cansado de leer comentarios que, en el mejor de los casos, banalizaban el Holocausto, hace ya varios años que el traductor, bohemista y profesor español Daniel Sáiz Lorca decidió cortar por lo sano: contactó al Centro Sefarad-Israel para conseguir un testimonio valioso que ayudara a explicar a sus estudiantes lo que significó —y significa— el Holocausto.

Violeta Friedmann | Foto: Fundación Violeta Friedmann

Así llegó a la Fundación Violeta Friedman, creada por Patricia Weisz, hija de una mujer que sobrevivió a Auschwitz. En 2020, Patricia dio una charla en el instituto madrileño donde Daniel enseñaba y la experiencia fue tan gratificante que desde entonces la repitieron cada año. Al menos hasta que un cambio parecía poner en jaque esa tradición: Daniel se mudó a la ciudad checa de Pilsen para dar clases de literatura en el instituto Luděk Pik.

“Como Patricia todos los años viene a mi centro educativo y cerramos la fecha relativamente pronto, este año me llamó y, al preguntarme cuándo pasaba, le dije que no estaba en Madrid, sino en Pilsen, República Checa y me respondió: ‘ah, estupendo, pues vamos para allá a verte’. Y yo: ‘¿pero cómo váis a venir?’ Y ella me dijo que no me preocupe: ‘tú móntame allí un encuentro con tus alumnos que nosotras vamos encantadas de la vida’”.

La lección de Pilsen

“Si tenían algunas ganas de hacer bromas antisemitas o dibujar esvásticas o cosas de esas que hacen a veces los chavales por provocar, después de la visita a Auschwitz se les han quitado, y después del testimonio de Patricia y de Eva, pues te puedo garantizar que más todavía”.
Daniel Sáiz Lorca

A Chequia viajó también Eva Leitman Bohrer Benatar, sobreviviente ella misma del Holocausto. Además, hubo una charla organizada por la embajada de España y el Instituto Cervantes de Praga que contó también con el testimonio de la investigadora checa Daniela Prikrylová, de segunda generación de sobrevivientes del Holocausto, y con la moderación de la traductora e hispanista Martina Kutková. Daniel revela que para el encuentro en Pilsen estuvo preparando a sus estudiantes checos con algo de vocabulario que sospechaba que no conocían y reconoce que ellos tenían de antemano una especie de ventaja por sobre sus pares españoles.

Auschwitz / Osvětim | Foto: Barbora Němcová,  Radio Prague International

“O sea, tanto los alumnos españoles como los checos, ante el testimonio de la madre de Patricia en una entrevista por video con el periodista Iñaki Gabilondo contando cómo entraban en los vagones de tren y cómo los bajaban y luego cómo estaba el doctor Mengele esperando en Austwichz. Ahí, el silencio era sepulcral y eso pasa tanto en Madrid, de donde yo soy, como en Pilsen, pero lo que sí tienen aquí de ventaja, por decirlo de alguna manera, es que pueden viajar fácilmente a Polonia o incluso a Terezín, aquí en República Checa y, de hecho, en el centro donde yo estoy, en Ludka Pika, hacen viajes de memoria. No todos los grupos lo hacen, pero justo uno de los grupos que ayer estuvo en la charla de Eva y de Patricia han estado en Auschwitz hace dos semanas. Entonces, si tenían algunas ganas, en algún momento, de hacer bromas antisemitas o comentarios o dibujar esvásticas o cosas de estas que hacen a veces los chavales por provocar, después de la visita a Auschwitz se les han quitado, y después del testimonio de Patricia y de Eva, pues te puedo garantizar que más todavía. Y las preguntas fueron un poco sobre todo: preguntaron por la situación del antisemitismo en España, que ha aumentado un 400% por todo el conflicto que hay ahora, pero ellas nunca quieren entrar en política y se quieren centrar en el tema educativo y en que todos los seres humanos merecen respeto. Pero yo, como profesor, orgulloso de que los alumnos, incluso los que parecen más díscolos, estaban totalmente atentos, participaron y, para ser alumnos checos, que quizás son más callados o más retraídos, y preguntando además en español que no es su lengua materna, sí hubo preguntas”.

La historia viva del siglo XX

Convencido de que esa es la mejor forma de que sus estudiantes puedan dimensionar la historia del siglo XX, Daniel está muy agradecido de haber podido contar con un testimonio tan poderoso y en primera persona como el de Eva que, en conversación con Radio Praga Internacional y aún conmovida por lo que contó en la charla del Cervantes Daniela Prikrylová, puso también en palabras sus propias impresiones sobre el encuentro con los estudiantes de Pilsen.

Daniela Prikrylová,  Patricia Weisz,  Eva Leitman Bohrer Benatar y Martina Kutková en la charla en el Instituto Cervantes | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Pienso que los chicos checos han oído en nuestras intervenciones algo bastante diferente de lo que ellos han vivido de su historia porque ellos pasaron de la época del nacional socialismo a la invasión soviética durante muchos años, ellos no lo han vivido, lo han vivido sus padres, pero algo de eso deben haber absorbido de cierta manera y yo he visto interés en sus ojos, pero el background que ellos han vivido no es el mismo al que yo estoy acostumbrada en España”.

Lo inefable

“De jovencita yo estaba con unas inyecciones de vitamina B2 y me escondía debajo de la cama porque tenía problemas de crecimiento, de nutrición; en fin, un bebé milagro”.
Eva Leitman Bohrer Benatar

Parte de la sorpresa por esas diferencias, tal como explica Eva, radica en que durante el franquismo no existió en España ningún tipo de contacto con lo que sucedía más allá de los Pirineos. Y, en efecto, se trata de un asombro que no deja de estar en sintonía con un concepto que siempre suele dar vueltas en torno al tema del Holocausto: la noción de lo inefable.

“Lo que no se puede transmitir son los silencios en una familia, y eso que yo he tenido suerte porque mi madre se ha vuelto a casar y mi segundo padre que realmente ha sido mi padre y me ha querido mucho, ha pasado 39 meses de campos de trabajo y ha sobrevivido... los silencios, la soledad de no tener familia. Yo he llegado a España en el año 1954, y era un país en el que todo el mundo iba a veranear a su pueblo, la gente no tenía dinero, era una época de posguerra civil… nosotros no teníamos pueblo, no teníamos familia, yo nunca he tenido tíos ni tías porque a mi tío, por parte de mi madre, lo asesinaron en Mauthausen, por parte de mi padre, él tenía un hermano muy alto al que fusilaron, yo no tenía a nadie, entonces esa soledad es difícil, aunque te sientas muy querido por tus padres. Esas son cosas que yo hoy puedo contar, pero de joven era todo muy interior. Cómo cuentas que, durante años, de niña, de adolescente, de jovencita yo estaba con unas inyecciones de vitamina B2 y me escondía debajo de la cama porque tenía problemas de crecimiento, de nutrición; en fin, un bebé milagro”.

Budapest-Praga

Esa bebé milagro que es Eva nació en 1944, en pleno bombardeo de Budapest, en un momento en que su madre pesaba apenas 45 kilos. En ese entonces, los nazis ya habían invadido Budapest y los cruzaflechados, es decir, los nazis húngaros, estaban matando gente a mansalva. Eva detiene un largo silencio para afirmar que los tiempos del Holocausto húngaro son bastante distintos a los del resto de Europa.

Mauthausen | Foto: Bundesarchiv,  Bild 192-190/Wikimedia Commons,  CC BY-SA 3.0

“Hitler invadió Hungría el 19 de marzo de 1944, pero en ese año Hitler mandó ahí a Adolf Eichmann y en 147 vagones de ganado deportó a quinientos cincuenta mil judíos húngaros, todos gaseados. Y mi madre se salvó, a mi padre ya lo habían asesinado, mi madre se salvó gracias a Ángel Sanz Briz y, cuando Ángel Sanz Briz se marchó, ella salió a buscar comida y se la llevaron a Mauthausen, pero pudo ser salvada y me encontré con su documento de salida de un subcampo donde había mujeres y fue liberada por las tropas norteamericanas. Entonces, volvió a Budapest, llegó el comunismo, les habían quitado su casa, les habían quitado todo y, a través de la Cruz Roja, pudo en algún momento comunicarse con mi abuela que había estado en Tánger y, luego, ella le mandó dinero a Praga y tuvimos que llegar a Praga para buscar el dinero para poder ir a España”.

Volver a la memoria

Desde entonces, esta es la primera vez que Eva viene a Praga. Eva publicó un libro que se llama Los papeles secretos de Pape, donde reconstruye toda la historia familiar. Sus padres jamás volvieron a Hungría y para ella fue muy significativo que su libro fuera traducido al húngaro. Además, hace apenas seis meses, se dio el gusto de presentarlo en el Centro Conmemorativo del Holocausto de Budapest. Un par de años atrás había recibido nada menos que la Gran Cruz de Oro del Mérito Civil Húngaro por su trabajo de recuperación de la memoria. Ella, por su parte, destaca que si pudo estudiar en la Universidad de Ginebra, donde se recibió de intérprete parlamentaria, casarse y luego desarrollar una destacada actividad profesional fue porque, de alguna forma, logró poner entre paréntesis toda esa experiencia límite.

El libro de Eva | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Para mí el tema del Holocausto era una cosa del pasado y, luego, cuando me jubilé de mi trabajo, hice un voluntariado en la comunidad judía de Madrid y me impliqué a fondo, y, entonces, de a poco, lo fui describiendo: primero yo hablaba de la Shoá húngara porque era de origen húngaro y cuando murió mi padre encontré todos los documentos... yo no sabía que mi madre había estado en Mauthausen, ella nunca habló, nunca lo dijo porque ellos querían darnos una educación en valores mirando para adelante, no mirando para atrás”.

Eva afirma que decidió volver a involucrarse en el tema después de tantos años porque se considera una española judía de origen húngaro y trabaja para su comunidad. Con el tiempo, incluso llegó a convertirse en vicepresidenta de la comunidad judía de Madrid.

El rol de Estados Unidos

En el marco del Día de la Victoria que conmemora la rendición incondicional de la Alemania nazi y se celebra el 8 o el 9 de mayo, de acuerdo al huso horario desde el cual se hizo efectiva la firma, Eva comparte una reflexión histórica.

Eva Leitman Bohrer Benatar | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Yo creo que es cierto que el mundo europeo no está lo suficientemente agradecido con Estados Unidos por su intervención en la Primera y en la Segunda Guerra Mundial porque sin ellos no las hubiéramos ganado. No te hablo de Trump, que es una marioneta y es un clown, nada que ver con eso”.

Durante la charla en el Instituto Cervantes de Praga, cuando llegó el turno de las preguntas del público, alguien se animó a plantear una duda tan recurrente como irreductible: cómo puede ser posible que algo así ocurriera.

“Hitler era un pobre tipo, tenía un complejo probablemente y se dejó llevar él mismo por unas ideas que fueron in crescendo de locura, para mí era un loco, llegó un momento que era la locura porque en Hungría, por ejemplo, para él fue más importante terminar con los judíos húngaros que ganar la guerra y si se hubiera retirado de Hungría hubiera podido ganar la guerra, pero los soviéticos lo atraparon en medio de su retirada, pero si él no hubiera ido por Hungría, tal vez hubiera ganado la guerra”.

Cine sobre el Holocausto

A propósito de posibilidades y hechos contrafàcticos, son muchas las obras literarias y cinematográficas que plantearon algunos desenlaces alternativos de la Segunda Guerra Mundial, pero también son muchas las obras que abordaron desde distintas modalidades y enfoques el tema del Holocausto. Eva afirma que una de las últimas que vio y la sorprendió gratamente fue One Life, dedicada a la historia real de Nicholas Winton, quien logró salvar a 669 niños judíos de Checoslovaquia.

“La lista de Schindler es muy buena porque es fácil de ver ya que Spielberg es un excelente director y lo ha explicado muy bien y, aunque Schindler ha sido un salvador de judíos, él no lo ha hecho de manera desinteresada, lo ha hecho porque eran sus trabajadores, mientras que gente como el sueco Raoul Wallenberg o Ángel Sanz Briz es gente que lo ha hecho de manera desinteresada, arriesgando su vida, su carrera sin saber cual iba a ser el desenlace”.

La buena educación

En todo caso, más allá de cualquier película, Eva asegura que algo clave para seguir transmitiendo toda esa experiencia es la educación, tal como demuestra la iniciativa del propio Daniel.

El profesor y bohemista español Daniel Sáiz Lorca | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Es lo número uno. Creo que, en todos los dominios, la educación y, primero, los profesores, porque la educación está en manos de ellos: una buena formación de profesores hará alumnos mejor formados, con más interés, más curiosidad y más ganas de conocer la verdad en libros o documentales serios, no en tres minutos en TikTok que te dicen cualquier cosa. Creo que eso es una banalización, una frivolidad de lo que fue tanto la Segunda Guerra Mundial como la Shoá, el Holocausto. Es el profesor el que tiene que dar a los chicos las herramientas para querer saber un poco más”.

En pos de esa prioridad absoluta que le da a la educación, a los ochenta y dos años de edad, Eva viene colaborando desde hace quince años con la Fundación Violeta Friedman, a la que considera una heroína, y calcula que ya han hablado con unos dieciocho mil estudiantes en toda España y ahora también en Chequia. Al surgimiento de esa fundación se refiere la propia Patricia, hija de Violeta.

Foto ilustrativa: Ladislav Bába,  Český rozhlas

“Cuando murió, en el entierro de mi madre había entre 600 y 1000 personas en el cementerio judío y todos me decían: ‘es que tu madre era el icono de la lucha contra el negacionismo porque es un icono’. Y me mandaron miles de telegramas y, en ese momento, me di cuenta de lo importante que era mi madre, no fui consciente. Por desgracia fue importante porque ojalá no hubiera tenido que serlo por eso, y ahí es cuando me clavé la espinita de: 'madre mía, de esto tengo que hacer algo' y, en 2010, diez años después de morir ella, legalizamos la fundación, pero era porque todos los amigos de mi madre se convirtieron en patronos de la fundación, yo heredé los amigos jóvenes de ella: Eva, por ejemplo. La madre de Eva era muy amiga de mi madre y heredé a todos los amiguitos de mi madre que eran patronos y me ayudaron a legalizar la fundación y así empezamos”.

Últimas palabras, primeras preguntas

Cuenta Patricia que, de algún modo, esa fue la forma más cercana que encontró para intentar responderse las preguntas que le quedaron atragantadas porque nunca pudo formularlas a su madre.

“Antes de morir, se quitó la mascarilla de oxígeno y, con una sonrisa en los labios, me dijo: ‘perdóname’ y yo le dije: ‘perdóname tú por no poder ayudar más’ y es verdad. Y murió en paz. Sufrió tanto pero murió en paz”.

Patricia Weisz

“Me gustaría preguntarle a mi madre como hacía, en un barracón y muerta de hambre, para sobrevivir; o cuando saltaba, de un lado a otro, para evitar que los alemanes la enviaran a las cámaras de gas”.

Además de ser la presidenta de la Fundación Violeta Friedman, que lleva adelante en homenaje a su madre, Patricia Weisz es médica, una vocación que, según ella misma cuenta, eligió impulsada por la situación de vulnerabilidad de su madre.

“Murió a los setenta años en el año 2000, el 4 de cotubre y, antes de morir, estaba ingresada en un hospital se quitó la mascarilla porque iba con mascarilla de oxígeno y, con una sonrisa en los labios, me dijo: ‘perdóname’ y yo le dije: ‘perdóname tú por no poder ayudar más’ y es verdad. Y murió en paz. Sufrió tanto pero murió en paz”.

La paradoja del negacionismo

León Degrelle y Adolf Hitler | Foto: Fundación Violeta Friedmann

Más allá de esas últimas palabras tan cargadas de significado, Patricia cuenta que su madre no le hablaba del Holocausto porque ese era para ella un tema tabú y, a su vez, ella reconoce que también se ponía una especie de caparazón y tampoco se animaba a indagar demasiado. Lo notable es que ese silencio se rompe, paradójicamente, a raíz de uno de los tantos episodios negacionistas.

“Yo digo que, en mi vida, tengo muchos recuerdos de mi madre, pero me vienen dos momentos clave: en uno soy una niña, una niña que no entiende por qué su madre no duerme por las noches, por qué su madre sufre en silencio y por qué a veces llora. Y mi segundo recuerdo me lleva al año 1985 que es cuando empiezo a comprender su terrible secreto porque, en ese año, en julio de 1985, aparece en la radio y en televisión León Degrelle negando el Holocausto. Entonces ahí es cuando mi madre rompe el silencio se pone en contacto con los medios de comunicación y empieza la lucha contra el negacionismo del Holocausto”.

A raíz de ese episodio, su madre inició una larga e incansable lucha jurídica que finalmente dio sus frutos.

La charla con los estudiantes en Pilsen | Foto: archivo  personal de Daniel Sáiz Lorca

“Por lo menos en España hay un problema: por ley tienen que dar clases de segunda guerra mundial y el holocausto a raíz del código penal de mi madre, eso salió en 1995. Y en 2007 un nazi llamado Pedro Varela que tiene una librería en Barcelona echó abajo lo que había conseguido mi madre en el código penal porque decía que negar el holocausto es libertad de expresión. Pero en 2015, gracias a Dios, volvió a modificarse el artículo 510 y se ha modificado un poco lo de mi madre para cuando se dice con odio o con ganas de dañar a los demás, pero en ese artículo también obliga a dar clases de Holocausto y Segunda Guerra Mundial. Lo que pasa es que, a veces, los profesores no tienen tiempo, les importa un rábano y lo pasan por encima. Sin embargo, los colegios que están más involucrados o más interesados en la Segunda Guerra Mundial y tal, se nota mucho, los forman más, saben que que un campo de concentración es algo diferente que un campo de exterminio y se nota cuando hay alumnos formados dependiendo de cada profesor”.

La niña de oro

En ese sentido, cada uno de los encuentros que tiene Patricia con distintos grupos de estudiantes, como fue el caso del instituto de Pilsen, termina resignificando su propia experiencia familiar y, por supuesto, la tarea de su valiosa fundación.

“Para empezar les digo a los alumnos:¿vosotros sabéis por qué algunos sobrevivieron y otros no pudieron sobrevivir? Digo, es mi impresión personal. No es porque uno fuera más inteligente que el otro. El azar, la suerte influyó. Pero hay un factor común en todos ellos, que es lo que los médicos y psicólogos decimos: la capacidad de resiliencia, la capacidad de superar situaciones traumáticas. Entonces, estaban desnutridos, pesaban 30 kilos de peso, no tenían ni piel, era puro hueso. ¿Y qué les hacía lichar un día tras otro para sobrevivir? La esperanza de encontrar familia viva. Muchos no encontraron familia. Otros no encontraron familia, como fue el caso de mi madre, que solo encontraba a su hermana. Pero la esperanza de formar familia, ya que se había quedado huérfana tan pequeñita, necesitaba tal calor humano, que esa necesidad de formar familia, y como habían asesinado a seis millones de judíos, había que formar familias. Y esa capacidad de resilencia y de lucha diaria es lo que los mantuvo a todos para sobrevivir. Y es un factor común de todos ellos”.

Entre las muchas anécdotas, experiencias y, por qué no, enseñanzas que le dejaron esos encuentros, Patricia destaca una que vivió hace apenas unos meses en un pueblo de Toledo.

Violeta Friedmann con sus hijos Ricardo y Patricia  (1961) | Foto: Fundación Violeta Friedmann

“Normalmente damos charlas a alumnos a partir de 14 años, pero me llamaron de un instituto de primaria para chicos de 11, 12 años y digo: ‘es que yo no voy a ir porque voy a perder el tiempo’. ‘Que no, que nuestros alumnos están muy bien formados, de verdad ven’. Y, mira, la verdad... era un pueblo perdido en Toledo, que me costó encontrarlo y los alumnos tenían una formación que yo me quedé boquiabierta. Yo siempre cuando hablo pongo diapositivas, pongo a mi madre hablando con Iñaki Gavilán, que es un periodista de España; o sea, les hago muy amena la charla y, al final, pongo la tumba cuando mi madre muere. Me hicieron preguntas muy interesantes, pero levanta la mano una alumna de las más pequeñitas que había, de 11 años dice y me dice: ‘¿sabe qué? su madre no se merecía una tumba, se merece el oro. Una niña de 11 años”.

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