Tres flores amarillas: el origen checo que acompañó a Freud toda la vida

Sigmund Freud, 1938

Sigmund Freud sostenía que las huellas más profundas se imprimen en los primeros años de vida. En su caso, esas marcas fueron checas, o más bien moravas, y emergen en el recuerdo encubridor de unas flores amarillas de diente de león que el psicoanalista Facundo Blechter recupera para pensar el origen del gran pensador desde otra luz, justo el día en que se cumplen 170 años de su nacimiento.

Plaza de Příbor | Foto: archivo persoal de Facundo Blestcher

Ese gran instaurador de discursividad que Michel Foucault reconocía en Sigmund Freud intuía que, en los primeros años de vida, se escriben las líneas más profundas de la psiquis, huellas tempranas que siguen resonando aun cuando desaparecen del terreno de la memoria. Y no deja de ser curioso que, en el caso del padre del psicoanálisis, de cuyo nacimiento se cumplen este miércoles 170 años, esas marcas iniciales fueran checas, o más bien moravas, tal como explica el psicoanalista y docente argentino Facundo Blestcher.

“Si uno tuviera en cuenta los límites contemporáneos de los estados nacionales actuales, Freud sería de nacionalidad checa porque nació en Příbor, lo que en ese momento era la región de Moravia, dentro del imperio austrohúngaro, con lo cual toda su formación, todo su pensamiento, toda su tradición es propia del imperio austrohúngaro y de la formación ilustrada de la época”.

Facundo Blestcher | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Hecho en Chequia

En efecto, cuando Freud tenía apenas cuatro años, su familia decide emigrar de Příbor a Viena que, además de ser la capital del imperio, se encontraba en plena transformación porque el emperador había querido convertirla en una especie de París mejorada. Como el padre de Freud era comerciante y había tenido algunas inversiones frustradas, decidieron mudarse en busca de mejores condiciones y, desde entonces, Freud quedó tan asociado a esa ciudad con todo su espíritu cultural de fines del siglo XIX que sus orígenes en Příbor quedaron algo desdibujados, aunque no por eso menos latentes.

“Lo que sucede hasta los cuatro años es muy importante en la constitución del psiquismo de una persona, así que las primeras vivencias infantiles que Freud tuvo en Příbor han dejado, indudablemente, alguna marca en él”.

“Freud vivió allí muy poquito tiempo, aunque, incluso pensándolo psicoanalíticamente, lo que sucede hasta los cuatro años es algo muy importante en la constitución del psiquismo, con lo cual las primeras vivencias infantiles que Freud tuvo en Příbor indudablemente alguna marca han dejado en él. El museo no tiene objetos de Freud, pero sí tiene objetos con los que han intentado reconstruir cómo era la casa en esa época y qué tipo de muebles existían y demás”.

Memento

La referencia al recuerdo encubridor checo de Freud | Foto: archivo persoal de Facundo Blestcher

Lo curioso es que el propio Freud prácticamente no hace menciones a lo largo de su obra a ese período tan temprano en parte también porque, se considera que los primeros tres o cuatro años de vida forman parte de lo que se conoce como amnesia infantil, por lo que uno prácticamente no tiene recuerdos vívidos de esa etapa. Sin embargo, sí aparece un comentario en un único texto que Freud escribe y publica en 1899 que se llama Sobre los recuerdos encubridores.

Fotos | Foto: archivo persoal de Facundo Blestcher

“En ese texto Freud alude a una serie de recuerdos, muchos de ellos recuerdos infantiles, que tienen la particularidad de, en cierto modo, conjugar y condensar vivencias con fantasías en una suerte de composición que muchas veces es difícil distinguir qué tienen de verídico-vivencial y qué es una reconstrucción. A posteriori, la infancia está poblada de esa clase de recuerdos que uno cree recordar y hasta lo puede percibir con mucha nitidez. Viste que, a veces, uno dice: ‘me acuerdo de que cuando era chico estaba en tal sitio’ y todos los testimonios objetivos te dicen que nunca estuviste ahí, que en realidad eso no pasó nunca y, sin embargo, uno tiene una cierta convicción producto de cómo se le presenta esa imagen en la memoria. Entonces lo que Freud toma son una serie de recuerdos que él dice que tienen un cierto carácter tendencioso, es decir, cumplen alguna función y su función es ocultar otros recuerdos, por eso los llama encubridores”.

Amor amarillo

Justamente, los recuerdos infantiles suelen actuar como encubridores ya que sustituyen experiencias más significativas o traumáticas mediante asociaciones que los vuelven, de algún modo, un poco más aceptables.

Un joven Sigmund Freud entre flores de diente de león  | Foto: archivo persoal de Facundo Blestcher

“Concretamente, en ese texto hace hace todo un análisis de un recuerdo propio que, cuando lo publica, por supuesto, no afirma que es propio, pero después se reconstruye biográficamente que es un recuerdo de él, y él en su correspondencia también lo dice. En ese recuerdo de su infancia, siendo muy pequeño, está jugando en un prado en Príbor con dos primos, un varón y una niña. Y están jugando a hacer ramilletes de flores y esos ramilletes son de una flor salvaje que es el diente de león. Y lo que le llama la atención en el recuerdo es el carácter tan intenso del amarillo de esa flor. La escena del recuerdo tiene que ver, después, con que los dos niños, él y su primo, se abalanzan contra la niña, le roban el ramillete de flores y medio se establece una especie de pelea, la niña sale corriendo hacia su casa y la reciben con un pedazo de pan recién horneado. Detrás la siguen los niños que también reciben su trozo de pan, y, de hecho, lo segundo que recuerda Freud es el sabor tremendamente agradable de ese pan”.

Diente de león,  una flor emblemática del origen checo de Sigmund Freud | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Por supuesto, Freud desarrolla toda una interpretación de ese recuerdo y lo que encubre.

“Entonces, hay una conexión entre el amarillo de la flor de diente de león con el vestido amarillo que tenía la prima y la idea de quitar el ramillete con desflorar y una fantasía sexual posterior que estaría como encubierta en ese carácter inocente de las flores amarillas; y el sabor del pan ligado a la fortuna y a la pérdida de la fortuna que tenía que ver con la historia del padre, que había perdido toda su fortuna después de una serie de negocios muy negativos que lo obligaron a irse de Příbor”.

El museo de las flores

“El interior del museo está intervenido con gigantografías, imágenes y paneles donde aparece, todo el tiempo, la flor amarilla de diente de león”.

En cuanto a los museos, dice que el de Příbor no la tiene nada fácil porque, de algún modo, compite con el de Viena, que es el más simbólico de todos, y el de Londres, que tiene muchos objetos personales como el famoso diván con tapizado rojo, esculturas y pinturas que él se llevó directamente de Viena huyendo del nazismo. No obstante, además de mostrar la primera casa de Freud, el museo checo tuvo una idea muy ingeniosa.

“Es una casa muy pequeñita de dos plantas, pero muy clásica entre las construcciones de la época. Incluso cuando uno compara las fotos que hay de esa época con la casa se da cuenta de que está muy bien preservada. Y lo que sí hicieron como un gesto museológico que me parece que es interesante es que, tomando esta idea del recuerdo de Freud, el interior de las salas tienen reproducciones de esas flores dientes de león. Entonces, vos entrás y vas recorriendo las diferentes salas que muestran cómo era Příbor en ese momento, qué objetos se usaba y todo está intervenido con gigantografías, imágenes y paneles donde aparece todo el tiempo, o reiteradamente, la flor amarilla de diente de león”.

Interior del museo | Foto: archivo persoal de Facundo Blestcher
Instalación de su diván característico | Foto: archivo persoal de Facundo Blestcher

Kafka al diván

Psicoanalista, docente universitario y supervisor clínico, con amplia formación en posgrado y ex presidente de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoanálisis, Facundo Blechter es un visitante tan frecuente de Praga que le sorprende haber pasado tanto tiempo sin venir: su último viaje a Chequia había sido en plena pandemia, en 2020. De hecho, tiene un amor tan especial por Praga que calcula que ya la ha visitado unas quince veces. Recuerda que el contacto de la ciudad fue a partir de Kafka, autor que leyó con total fascinación a partir de los 14 años. Y si bien aclara que aunque fueron contemporáneos, no se leyeron mutuamente, Facundo entiende que en la experiencia de la subjetividad que Kafka pone en palabras hay algo muy cercano al psicoanálisis, algo que él se anima a describir como una tragedia ligada al desgarramiento interno.

“La primera vez que vine no tenía mucha idea de qué era Praga, fue en el año 1998, yo en ese momento estaba viviendo en España y fue un viaje, una escapada a Praga, más persiguiendo a Kafka que a Praga. Es decir, quería ver dónde era el lugar donde había nacido Kafka, donde había escrito Kafka, donde había vivido y vine en 1998 y me acuerdo que la primera impresión que tuve fue un deslumbramiento”.

Siempre tendremos Praga

Cuenta Facundo que ese deslumbramiento, ese impacto estético, ni siquiera lo había sentido en ciudades como París, Roma o Londres. Y cree que eso se explica por una mezcla particular: Praga era en ese momento tan europea como cualquiera de ellas, pero al mismo tiempo conservaba un exotismo ligado a los ecos de su reciente pertenencia al bloque del Este.

Sigmund Freud | Foto: Max Halberstadt,  Wikimedia Commons,  public domain

“Después que vine en 1998, vine un montón de veces más, pero recuerdo que parte de ese impacto tiene que ver con algo ligado a la luz, había una luminosidad porque, viniendo mucho en invierno, hay algo, hay un matiz, hay una luminosidad en Praga que no te la puedo explicar”.

Desde entonces, y siempre en invierno porque ese es el período del año en el que tiene sus vacaciones, Facundo trata de pasar siempre que puede por Praga.

“Durante muchísimo tiempo eso fue algo regular de casi todos los años. Y era aunque sea dos días, aunque sea dos días estaba ese ritual de volver a Praga como una especie de fantasía de que si Praga estaba, iba a estar todo bien. Mientras esté Praga, habrá futuro. Algo así”.

Příbor, de punta a punta

Busto de Freud | Foto: archivo persoal de Facundo Blestcher

En Příbor calcula que estuvo en 2018 y, aunque las conexiones desde la capital no eran las mejores, las ganas de conocer el pueblo natal de Freud y el único museo dedicado a su figura que aún no había visitado fueron más fuertes. Eso sí, cuando finalmente llegó al mediodía, el museo estaba cerrado por lo que aprovechó para recorrer, de punta a punta, la pequeña ciudad antes de que volviera a abrir.

“Era invierno y había nevado un montón, y yo iba caminando por ese pueblito medio inhóspito para mí, esperando que abriera el museo. Y a las dos de la tarde estaba yo en la puerta del museo y apareció de pronto un muchacho con una llave, abrió y entré. Y mientras estuve yo, nadie entró al museo de Freud, obviamente. Después en la ciudad hay una plaza Freud, hay un busto de Freud también en una plaza, hay otras intervenciones en el pueblo que tienen que ver con Freud”.

El giro copernicano

El museo checo de Freud en la ciudad de Příbor | Foto: Jitka Mládková,  Radio Prague International

De la existencia de ese particular museo se enteró preparando una clase de teoría psicoanalítica, asignatura en la que brinda a los estudiantes universitarios una contextualización histórico-social de la época para entender por qué Freud es tan importante para la cultura y por qué produce en el mundo un verdadero giro copernicano.

“En un texto de 1917 que se llama 'Una dificultad del psicoanálisis', Freud, de algún modo, plantea que el psicoanálisis ha chocado históricamente con una serie de resistencias al descubrimiento del inconsciente, en la medida en que él pone en primer plano que la determinación última es la sexualidad, aunque es algo mucho más amplio que la genitalidad, la función reproductiva. Y hay sexualidad desde la infancia porque hay deseos desde esa etapa y no es una noticia que haya sido bienvenida, sobre todo, en el marco epistemológico del racionalismo, del positivismo, de la herencia ilustrada que, de Descartes en adelante, había colocado a la conciencia como punto último de realización subjetiva, como tribunal último de determinación del acto. Digamos que toda la idea del sujeto moderno a partir de Descartes, a partir del cogito cartesiano (pienso, luego existo) queda completamente subvertida por Freud”.

Según Facundo, lo que aclara Freud es que esa herida al narcisismo de la humanidad que representa el ámbito del insconsicente, lejos de ser un hecho aislado, se inscribe, en realidad, en una serie anterior.

Facundo Blestcher en la casa natal checa de Freud | Foto: archivo persoal de Facundo Blestcher

“Él dice que hay una primera herida que es cosmológica y es la que produce Copérnico con la teoría heliocéntrica que da vuelta toda la teoría ptolemaica previa. Entonces, ahí ya se produce un primer cimbronazo, una primera herida que Freud dice que es cosmológica, la infringe Copérnico y lo que nos plantea es que no somos el centro del universo. Entonces, dice Freud, ¿qué sucede con el narcisismo herido? Se refugia en el centro de la propia creación, entonces el ser humano se sigue considerando lo más alto de la creación humana hasta que aparece Darwin y produce una segunda herida, ahora biológica, al introducirnos en la serie de la genealogía de las especies. ¿Dónde se recluye el narcisismo entonces? En la conciencia. Como si fuera el patrimonio último y definitivo del ser humano. Bueno, no somos el centro del universo, tampoco somos el centro de la evolución, pero seguimos conservando en nuestro interior un último tribunal desde el cual decidimos los actos, pensamos el mundo, somos libres, autónomos y todo eso. Y, dice Freud, hasta que llegamos nosotros: el psicoanálisis viene a infligir una tercera afrenta a ese narcisismo, una afrenta más grave que las otras porque ya es irreductible, ya ahí no se puede resolver, no hay dónde el narcisismo humano pueda refugiarse en su omnipotencia después de que se produce la formulación de los procesos inconscientes. Entonces, Freud plantea en ese texto que lo que el psicoanálisis viene a decirle al ser humano es que ‘el yo no es el amo en su propia casa’”.

Flor diente de león como recuerdo encubridor del propio Freud | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

De alguna forma esa sentencia poética termina de derrumbar ese último bastión del narcisismo humano y no está de más recordar que esas ideas demoledoras de Freud tuvieron como gran caldo de cultivo, nada menos, que la atmósfera intensamente amarilla de un dulce pueblito checo.

audio

Relacionado