“Somos 200 descendientes colombianos de un solo matrimonio checo, y nos estamos reconectando con nuestras raíces”
La numerosa familia Válek reúne a buena parte de la comunidad checa en Colombia: una estirpe entera surgida de un solo matrimonio que, con el tiempo, dio origen incluso al primer futbolista colombiano que jugó en Europa. Desde la cuarta generación, Felipe Válek logró lo que durante décadas parecía inalcanzable: reconstruir la historia familiar, rescatar documentos perdidos, obtener la tan ansiada ciudadanía checa y mudarse de continente sin haber viajado nunca antes a Europa, desandando el camino que su tatarabuelo inició hace más de un siglo.
Hay un grupo en Facebook que se llama Válek en Colombia y tiene unos ochenta miembros que forman parte de una numerosa familia colombiana con raíces checas. El grupo lo creó Felipe, un Válek de cuarta generación que, además de ser casi el único que postea fotos, recuerdos, árboles genealógicos y anécdotas, logró destrabar hace poco algo por lo que su numerosa y particular familia venía luchando hacía varias décadas: obtener la tan ansiada ciudadanía checa.
“La historia de nuestro apellido nace en la localidad de Veselá, en la región de Zlín. Mi tatarabuelo, Jan Válek Bienert, queda huérfano de madre y empieza a trabajar desde muy joven, desde los 12 años más o menos, como vidriero. Se desarrolla en el arte del vidrio checo y luego trabaja en diferentes fábricas en Italia, aquí en República Checa y termina trabajando en Alemania. En ese entonces, estaba el imperio astrohúngaro y él se pone en contacto con unos inversores e ingenieros alemanes que quieren expandir el negocio cervecero en Latinoamérica. Ahí entra en contacto con alguien muy conocido en Colombia, que se llama Leo Kopp y es el fundador de la cervecería más grande que hay en Colombia: Bavaria. Y él llega a Colombia a través de Venezuela para estar a cargo de una fábrica que empieza a producir las botellas para esa cerveza en Colombia, más o menos hace 116 años”.
Soplar y hacer botellas
Entre botella y botella, Jan se enamoró de la tatarabuela de Felipe, María Cristina Moure: sin perder el tiempo y, al pie del cañón, se casaron en 1914, en la Iglesia de Lourdes de Bogotá. Desde entonces Jan vivió para siempre en Colombia y nunca jamás regresó a su país, ya que estaba muy ocupado poblando Colombia: la pareja tuvo a su primogénito Alfredo, bisabuelo de Felipe, y luego a ocho hijos más, por lo que se reproducían como quien sopla y hace botellas. Cuenta Felipe Válek que los hijos y nietos de Jan eran perfectamente conscientes del origen checo de su padre y hasta visitaron alguna vez la tierra donde todo empezó, aunque la familia nunca había tenido la posibilidad de volver a conectar con sus raíces.
“Y, más o menos sobre el año 1998, el entonces embajador en Colombia, Mnislav Zelený, se da cuenta de que hay toda una comunidad checa expandiéndose, proveniente de una sola persona y escribe un artículo en una revista que se llama Český dialog, donde cuenta la historia de la familia Válek en Colombia. Hoy en día, ya somos más o menos 200 descendientes, provenientes de solamente un matrimonio. Y cada día nos estamos reconectando más y más con nuestras raíces: yo recibí mi ciudadanía checa el año pasado. Y, cada día, más personas están recibiendo su ciudadanía por descendencia a raíz de la investigación que en parte hice yo hace más o menos tres años. También se había intentado lograr la ciudadanía hace muchos años atrás, pero la ley todavía era muy estricta y no se había podido lograr”.
Cien años en busca de la nacionalidad
Felipe calcula que, de las doscientas personas que conforman hoy su familia, ya cuentan con la nacionalidad unas cincuenta. También cuenta que algunos parientes intentaron obtenerla y no les resultó, aunque no pierden las esperanzas porque hay un nuevo proyecto de ley en curso que tiene como propósito ofrecer cierta flexibilidad.
“Desde niño siempre tuve la duda de dónde era mi apellido, de dónde eran mis ancestros, siempre andaba preguntando porque no es un apellido común”.
“Ellos aplican la ley dependiendo de la fecha en la que tú hayas nacido y la fecha en la que tú te hayas casado. Hay varias ramas de la familia que no han logrado volverse ciudadanos o, bueno, miembros en específico, porque son mujeres. Entonces, por ejemplo, nacieron en 1916 y se casaron en 1955 y resulta que en 1955, en Checoslovaquia, había una ley que establecía que si una mujer checa se casaba con un extranjero, renunciaba automáticamente a su ciudadanía. Entonces, cuando ellas trataron de obtener su ciudadanía, les dijeron: ‘ay, qué pena, pero es que usted nació y se casó en esta época. Usted renunció a su ciudadanía checa, entonces no aplica. Así la ley haya cambiado, nosotros nos basamos en la ley vigente, pero en la fecha en la que usted se casó’. Entonces, por eso, hay incluso hermanas de mi bisabuelo que no pudieron obtener la ciudadanía y que les llegó la notificación judicial directamente desde la funcionaria encargada de llevar su caso diciendo que por esa razón no ha aplicado”.
Sus parientes son tantos que él ni siquiera los conoce a todos en persona, y más teniendo en cuenta que ni siquiera viven en la misma ciudad de Felipe: Bogotá. Sin embargo, a raíz de la gran investigación que llevó a cabo, asegura que sí es capaz de distinguirlos a todos y tiene muy presente cada rama de su árbol genealógico. De hecho, cuenta entusiasmado que un primo y una tía acaban de recibir el pasaporte que él consiguió el año pasado, lo cual le permite ahora vivir en Praga, ciudad a la que se mudó para poder ofrecerle a sus hijos un futuro mejor después de tanto tramiterío.
“Bueno, desde niño siempre tuve la duda de dónde era mi apellido, de dónde eran mis ancestros, siempre andaba preguntando porque no es un apellido común. Entonces, en la escuela, en el trabajo, en todos lados me decían: ‘venga, ¿usted dónde es? ¿Su apellido de dónde es?’ Y en el 2023 dije: ‘bueno, a ver qué ha cambiado’ y me di cuenta de que la ley de ciudadanía en República Checa se había modificado en el año 2014, ya que con los artículos 32 y 33 permitían a muchísimas más generaciones obtener la ciudadanía por descendencia. Entonces, hice una consulta inicial con la embajada checa en Bogotá, me pidieron ciertos documentos que realmente eran muy difíciles de obtener. Y gracias a que mi tatarabuelo tenía muy organizada su documentación, pude tener acceso a su pasaporte y a su registro de nacimiento. Y, desde ahí, empecé a buscar las raíces: utilicé Family Search, una aplicación que es bastante buena para buscar genealogías, creé mi propia cuenta y empecé a buscar y a buscar y a buscar en esa plataforma donde hay muchos archivos genealógicos digitalizados a nivel mundial, hasta que logré armar todo mi árbol genealógico hasta más de doscientas a trescientas generaciones atrás”.
El salto de fe
Como parte de ese proceso, Felipe tuvo que ir también hasta la embajada de Eslovaquia en México (hay también en Brasil, pero no en Colombia) ya que en la ley de ciudadanía checa hay un punto que exige a los interesados en pedir un certificado a Eslovaquia para asegurarse de que no van a exigir la ciudadanía eslovaca, algo que existe desde que ambos países se separaron con el objetivo de que no se realicen luego reclamos a la nación vecina y viceversa. Recién cuando la proeza estaba hecha, comenzó a rondarle a Felipe la idea de mudarse a Chequia. No solo en beneficio de sus hijos, sino también por motivos laborales.
“Yo soy ingeniero aeronáutico, venía trabajando en México en varios proyectos de aviación militar como contratista y el año pasado, al terminar mi contrato y ver que no había muchas opciones laborales en Colombia, en la parte de aviación y en la parte aeroespacial, siempre he sabido que la República Checa es muy buena en la industria aeronáutica y aeroespacial y pues empecé a perfilar y a pensar que, de pronto, sería una muy buena opción mudarme para aquí. Después de un tiempo pensándolo y pensándolo y meditándolo muy bien y, a raíz de que no salían las oportunidades en Latinoamérica en lo que estaba haciendo, decidí dar el paso de fe y venirme para aquí una vez me dieron el certificado de ciudadanía, que fue el 17 de septiembre del año pasado”.
“Pienso que hay algo más arriba que está intercediendo porque he dado con muchas y muy buenas personas, tanto en la parte gubernamental como en el trabajo”
Y ese paso o salto de fe que significa ser el primero y, por ahora, único miembro de toda su numerosa familia en venir a vivir a Chequia lo dio, de todas formas, con el reaseguro de poder contar con el pasaporte checo y un trabajo de soporte al cliente que, si bien no es su especialidad, no deja de estar relacionado porque, curiosamente, él trabaja para una aerolínea. Aún así, el desafío era grande porque Felipe jamás había pisado suelo checo y ni siquiera había viajado antes a Europa.
“Pienso que hay algo más arriba que está intercediendo porque he dado con muchas y muy buenas personas en la parte gubernamental y en el trabajo: ya encontré apartamento, estoy viviendo ya y lo estoy amoblando, esperando mi familia. Y en cuanto a las impresiones, pues, obviamente la barrera del idioma al principio es bastante fuerte, pero me he encontrado con que la mayoría, o casi un ochenta por ciento de las personas con las que he hablado se comunican en inglés; o, si no, están dispuestas a ayudarme usando traductor, usando Google… en el seguro médico VZP y en las oficinas del Ministerio del Interior, donde saqué mi ID y mi pasaporte, han sido todos absolutamente súper amables; y creo que, de pronto, no he sentido un choque cultural tan fuerte porque han estado muy atentos durante todo el proceso, más cuando se dan cuenta de que tengo la ciudadanía checa”.
Sin checo para checos
Lo curioso es que ese mismo motivo desencandenó también la mayor dificultad con la que tuvo que lidiar Felipe hasta ahora: paradójicamente, el hecho de ser checo le impide acceder a la posibilidad de tomar clases gratuitas ya que, si bien su tatarabuelo hablaba en su lengua nativa durante su estadía en Colombia, no se preocupó por transmitir el idioma a las siguientes generaciones.
“La mayoría de programas son para personas netamente extranjeras que tienen, pues, temas de residencia y no son de la Unión Europea. Entonces, me he encontrado con el obstáculo de que la mayoría de programas de lenguaje son exclusivamente para esa comunidad y no hay programas para personas que, como yo, acaban de tener la ciudadanía por descendencia e intentan reconectar con su ciudadanía. Pues en algunas cosas me han dicho: ‘tú ya eres checo, mira cómo lo resuelves’. Entonces ha sido, pues, un poco difícil ese tema”.
Y como la carga laboral tampoco le permite tomar clases formales, por el momento Felipe intenta arreglárselas con la ayuda de Duolingo y algunos vídeos de YouTube.
Una infinidad de oportunidades
No obstante, el idioma es para él una prioridad porque considera que, en algún momento, dominarlo podría ayudarlo a obtener un puesto en su especialidad.
“Estoy haciendo la nostrificación, que es el proceso para poder hacer válida mi profesión en Chequía. Y una vez eso suceda, pues me he encontrado con que las empresas aeronáuticas, que son muy grandes y muy fuertes aquí en Chequía, me piden al menos un nivel mínimo de B1 comunicacional porque, pues, obviamente todos los procesos de ingeniería son en inglés. Es, más que todo, algo comunicacional entre las empresas. Una de ellas es Czech Airlines, pero varias aerolíneas me han pedido un nivel básico de checo, algo comunicacional”.
En cuanto a sus hijos dice que, si bien por momentos se ponen un poco nerviosos por la magnitud de la mudanza, no dejan de estar muy entusiasmados con semejante cambio.
“Creo que es algo que, a futuro, mis hijos van a poder agradecer porque es un país que tiene muchas oportunidades, un país pequeño, pero con muchísima calidad en la parte de educación, salud. Y ellos están en una edad donde la adaptación va a ser un poco más fácil, tienen ocho y diez años mis dos hijos, mi hija y mi hijo. Y para ellos va a significar una infinidad de oportunidades porque estando en Europa tal vez van a poder explotar todo el potencial, algo que de pronto no pueden hacer en Colombia”.
Por supuesto, eso no significa que Felipe no esté agradecido con el país donde nació ni mucho menos. De hecho, cada vez que juega al fútbol en Praga utiliza la tradicional camiseta cafetera.
“Y yo amo Colombia y en todos lados digo que soy colombiano, pero también ahora cargo con otra identidad: también soy checo. Y, obviamente, se trata de aceptarlo, no dejar de lado de donde vengo, ni de donde soy, ni de donde nací porque, pues, llevo la sangre de ambas naciones”.
En Chequia, esa otra patria que tiene ahora, Felipe cuenta, además, con algunos parientes que, sin embargo, ya no llevan el mismo apellido porque, tal como él mismo explica, son descendientes de los hijos de la hermana de su tatarabuelo. Lo cierto es que, además de los grandes planes laborales e idiomáticos, hay una actividad concreta que Felipe está viendo entre ceja y ceja porque marcará el punto cúlmine de la conexión con sus raíces.
“Quiero ir próximamente a Veselá, al cementerio donde está mi trastatarabuelo, es decir, el papá de mi tatarabuelo, porque aún está ahí en el cementerio de la ciudad. Y ahí están todos mis ancestros sepultados”.
Una ciudad mágica, un pueblo resiliente
En cuanto a Praga, ciudad sobre la que tanto había investigado y leído antes de venirse a vivir, asegura Felipe que superó todas sus expectativas: está encantado con su arquitectura, su arte, su literatura, pero también con la propia historia del pueblo checo al que define como muy resiliente. De la capital destaca también su excelente sistema de transporte público que, en su opinión, ni siquiera los checos valoran tanto, teniendo en cuenta que es tan eficiente como organizado. Aún así, ha encontrado algo Felipe que, en su opinión, funciona un poco mejor en Colombia.
“Algo en lo que, de repente, Colombia sí está un poquito más avanzado es el proceso de la digitalización de muchas cosas como es el caso, por ejemplo, de los procesos gubernamentales y demás. Porque aquí para todo, incluso para ir a registrar tu residencia, tienes que ir a las oficinas municipales de Praga. Son muchos trámites que, de pronto, en Latinoamérica no hacemos así”.
Válek y famosos
Entre los doscientos miembros de la multitudinaria familia Válek hubo algunos de sus integrantes que se destacaron en distintos campos, incluso en el campo de juego de ese deporte pasión de multitudes que es el fútbol, como fue el caso de Rafael Valek Moure, quien falleció en el 2013 y fue, además, el fundador de la revista deportiva Élite.
“Fue el primer colombiano en jugar al fútbol en Europa, en el Génova de Italia, luego en México y en Uruguay, donde tuvo mucha descendencia: tengo primos lejanos en Uruguay y en México porque él dejó descendientes en esos dos países. Una de las curiosidades es que él jugó con Alfredo Di Stéfano en Millonarios. De hecho, primero salió campeón en Colombia con Santa Fe y luego fue transferido a Millonarios, donde salió campeón cinco veces consecutivas con Millonarios, en la época dorada, cuando el fútbol colombiano era uno de los mejores a nivel mundial”.
Otro pariente ilustre de la familia es el propio hermano de aquel astro del fútbol: Vladimir Valek Maure, también hijo del hermano del bisabuelo de Felipe.
“Él era militar y fue parte del Batallón Colombia, murió en Corea y fue el primer colombiano o colombo-checo que falleció en la Guerra de Corea luchando contra el comunismo. Y hay un campo en Corea que se llama Campo Válek, en honor a él, y ahí están sepultados todos los soldados caídos del Batallón Colombia y de las legiones de las Naciones Unidas que pelearon en Corea. A raíz de eso hubo un curso de suboficiales que lleva su nombre, hay un barco ARC de la Armada Colombiana que lleva su nombre y un batallón del ejército que lleva su nombre también. Y, a raíz de eso, le otorgaron la Cruz de Boyacá y también el gobierno de Alemania Occidental le envió una Cruz de Hierro a mi familia porque se enteraron de la hazaña. Y, pues bueno, su historia es bastante famosa también porque Andrés Pastrana, el expresidente de Colombia, hizo un discurso sobre él en esa época, más o menos en el año 2000. Inclusive, una de sus hermanas también tiene una historia bastante interesante: se llamaba Betty Valek Maure y fue la primera enfermera anestesióloga en Colombia”.
La misma edad que el país
En cuanto al Válek original, el tatarabuelo que llegó en el año 1912 a Puerto Colombia, en Barranquilla, cuando aún existía el imperio austrohúngaro, explica Felipe que obtuvo su primer pasaporte checoslovaco poco después de que Tomáš G. Masaryk fundara la Primera República.
“A él le dieron su pasaporte checoslovaco en la representación diplomática de Checoslovaquia en Bogotá, que en ese momento funcionaba como oficina del país. Las relaciones entre Colombia y los checos eran muy estrechas, en parte porque, antes de la creación de la república, el Imperio austrohúngaro había mantenido vínculos comerciales con Colombia, incluyendo, al parecer, la venta de armamento”.
Lo que llama la atención es que, a diferencia de tantos otros migrantes, el tatarabuelo Jan no se fue por motivos de guerra, totalitarismos ni crisis, sino más bien para expandir su horizonte laboral, algo que suena muy moderno y similar, aunque exactamente al revés, de lo que le está sucediendo ahora al propio Felipe.
“Mi mamá me cuenta que cuando yo nací, a ella la llamaron de la embajada checa en ese momento para decirle: ‘venga, es que sabemos que su hijo es descendiente de checos y queremos saber de él.’ Porque, en ese momento, recién se había fundado la República Checa, el primero de enero de 1993. Yo nací el 14 de agosto de 1993 y, entonces, desde ahí hubo ciertos acercamientos, pero nunca nada formal. Como que hubo reuniones entre la embajada en ese momento y la familia, pero la ley, como te digo, no permitía obtener la ciudadanía. Es decir que tengo la misma edad del país”.
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