Servicios Secretos, Constitucionalidad y Transición en Europa del Este - II Parte

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El nuevo gobierno de Checoslovaquia tras 1989 le había dado una oportunidad de algunos meses a partes de la Seguridad del Estado, la StB, para readaptarse al nuevo orden, pero estos seguían utilizando las viejas prácticas y agrediendo a los antiguos enemigos, las democracias occidentales, demostrando una impresionante inhabilidad de adaptación a las nuevas circunstancias. Es entonces cuando se prefirió vivir por un tiempo sin un aparato de inteligencia y contrainteligencia, asumiendo los riesgos que esto conlleva.

El principal departamento que heredó las funciones de la StB fue la Oficina para la Defensa de la Constitución y la Democracia, el ÚOÚD, que retuvo una parte del personal de la StB, la que sobrevivió a una comisión calificadora. A finales de 1990, el ÚOÚD fue disuelto y reemplazado por el FIS, luego renombrado FBIS, que retuvo a sólo el diez por ciento del personal de su desvanecido antecesor. De los originales 8,591 oficiales de la StB, se estima que en el FBIS quedaron 151, menos del dos por ciento.

A fines de cuenta, la StB no retó directamente al orden constitucional pero sus redes sí han llegado a ser un problema de crimen organizado y acumulación decapital aunque no tanto como en los países que condujeron menos reformas. Las reformas, incluyendo la Ley de Lustración (adoptada en octubre de 1991) continuaron en la República Checa. Sin embargo, a estas reformas se les dio revés en Eslovaquia luego de la disolución de la federación y el asenso al poder de Vladimír Meciar.

Al analizar los órganos castrenses del previo régimen, los casos exitosos hicieron una distinción entre agencias represoras que no podían reformarse (KGB estonia, StB, Stasi) y las agencias de Estado que no se utilizaban con fines totalitarios. El ejército común (no las tropas del Ministerio del Interior o la milicia partidista) fue respetado como institución, una vez que los altos mandos politizados fueron purgados. Por ejemplo, la NVA de Alemania comunista fue integrada sin grandes fanfarrias, sus soldados y varios rangos medios encontrando cabida en la Bundeswehr de Alemania occidental, junto con las cientos de miles de toneladas de tanques, aviones y municiones. Este patrón de respetar la institución del ejercito común luego de una derrota del sistema totalitario también se dio con la Wehrmacht en la Alemania ocupada luego de la Segunda Guerra Mundial, mientras los órganos de represión y control totalitarios (Gestapo y SS) fueron disueltos por completo y su personal fue vetado de participar en futuros cuerpos policíacos o de inteligencia. Aparentemente, esta fina distinción se le escapó a la administración estadounidense de ocupación en Iraq, cuando en su programa de "desbaathificación" incluyeron también al ejército común.

Rusia es el caso clásico de lo que sucede cuando no se reforma apropiadamente una policía política. Siguiendo el fallido golpe de estado en agosto de 1991, Mijail Gorbachov, Boris Yeltsin y los demás líderes de las repúblicas constitutivas que quedaban en la URSS nombraron al reformador Vadim Bakatin para encabezar a la KGB, cuyo previo líder, Vladimir Kryuchkov, había liderado el golpe. Se entendía que la KGB había sido una amenaza a la incipiente democracia soviética y rusa, y el consenso que surgió luego del golpe fue de profundas reformas a esta.

Bakatin no conocía íntimamente el aparato de medio millón de empleados llamado la KGB, pero comenzó con varias reformas que incluían la separación de los diferentes servicios, la desmilitarización y algunos despidos del personal comprometido con el golpe y otras violaciones. Sin embargo, duró en el cargo sólo 3 meses antes de que Yeltsin lo reemplazara con una figura menos independiente, la cual le dio revés a varias de las reformas de Bakatin.

Las consecuencias para la democracia, la economía, la seguridad y paz social rusas de no haber reformado la KGB se han discutido extensamente en otros lugares. La KGB fue renombrada unas ocho veces. Sin embargo, la mayor parte de sus actividades continúan sin ningún tipo de supervisión real fuera de la presidencia. Bajo Yeltsin, el Soviet Supremo y el Duma tenían comités que en teoría supervisaban las labores de los diferentes órganos que surgieron de la KGB.

Sin embargo, los diputados de dichos comités eran activos empleados de los servicios secretos o de las fuerzas armadas. El poco debate que existía en la sociedad en torno a los servicios provenía de algunos reporteros, una minoría de diputados democráticos o luchadores de derechos humanos. Sin embargo, los principales actores de estos, Sergei Grigoryants, Galina Starovoitova y Yuri Shchekochijin, fueron violentamente agredidos o asesinados. Para "luchar contra el crimen organizado" la KGB pidió, y obtuvo, de Yeltsin más y más poderes. Sin embargo, esto no ha resuelto el problema de la criminalidad organizada. Al contrario, esta se ha agraviado considerablemente. Hay varios estudios que ligan a la KGB con dicho crimen. El padre de la perestroika, el liberal del Politburó Aleksandr Yakovlev, hace eco de varios otros analistas que manifiestan que la KGB creó a los grupos fascistas y violentamente nacionalistas rusos.

El problema raíz de Rusia parece haber sido doble. En primera instancia, Yeltsin y varios de los demás líderes que llegaron al poder gracias a la ola democrática, habían sido altos funcionarios del Partido Comunista soviético y tenían una opinión de la KGB diferente a lo que los disidentes, una vez más marginados del poder, pudieron haber tenido.

El segundo problema fue que entre Yeltsin y la "oposición implacable" (comunistas y fascistas) no existía ni siquiera un consenso básico sobre rumbo de nación. En las democracias exitosas de Europa central, existió un consenso sobre la constitucionalidad. Esto facilitó acuerdos entre elites para implementar reformas secundarias, como las que se contemplan aquí. Pero cuando no hay un consenso de constitucionalidad básica y sobre raison d'état, como en Rusia, entonces las reformas de los servicios secretos heredados del pasado se dificulta.

De por sí, la coordinación exitosa de diversos grupos atomizados para alcanzar un objetivo que los beneficiaría en común es menos probable que el exitoso cabildeo por parte de grupos específicos pero bien organizados. Además, al contrario de Havel y Laar, Yeltsin vio en los herederos de la KGB una fuente más de poder. Yeltsin dejó de gobernar acorde a la constitución (de por sí presidencialista) y comenzó mas y mas a gobernar con las herramientas y prácticas soviéticas. Por ejemplo, la invasión de Chechenia en 1994 ocurrió no a través de los canales democráticos y constitucionales, sino de presión personal sobre el Presidente Boris Yeltsin por parte de generales específicos, tales como Andrei Grachovel cual prometía que la guerra se trataría de una victoria rápida y decisiva contra los "terroristas" del presidente chechenio Dzhojar Dudaev.

Resulta que Yeltsin nunca consultó con su consejero de seguridad nacional, Yuri Baturin, con el parlamento ni con otras figuras constitucionales rusas. Yeltsin había ya expulsado a su ministro de asuntos de nacionalidades, la liberal Starovoitova, también bajo presión de los elementos "duros" heredados del régimen soviético. Uno de estos elementos sustituyó a Yeltsin como presidente a comienzos del 2000. Vladimir Putin desde entonces ha utilizado a personal de la KGB para implementar su visión de "poder vertical" y gosudarstvennost' (poder estatal), rindiendo escaso tributo a las formalidades democráticas. El control de los medios electrónicos, la re-nacionalización de la petrolera Yukos, la intimidación hacia sus opositores y el uso de recursos administrativos para retornar a Rusia a un sistema unipartidista se ha calificado de dictatorial. Putin también ha nombrado a todos los niveles de poder (dentro y fuera del gobierno) a veteranos de la KGB.

Persiste el debate sobre si Putin se debe a una especie de "golpe silencioso" por parte de la KGB sobre Yeltsin. Sin embargo, la trayectoria de Putin al poder ha sido bastante más compleja que esto. Aparentemente, los quince años de carrera de Putin dentro de la KGB no fueron muy exitosos. Putin entonces no sería la primera opción de los altos mandos de la KGB para hacerse del poder constitucional ruso. Su carrera más bien comenzó cuando el demócrata alcalde de San Petesburgo, Anatoly Sobchak, el cual había sido profesor de leyes de Putin en la Universidad Estatal de Leningrado, lo sumó a su equipo como vice-alcalde.

De ahí Putin comenzó a tomar fuerza política, mas tarde haciéndose director de la FSB (el principal sucesor de la KGB) federal en Moscú, luego primer ministro y finalmente puesto por Yeltsin como su candidato oficial para sucederlo, ganando las elecciones presidenciales de marzo del 2000. Más que una imposición de las instituciones del pasado, vemos como el caso de Putin es sintomático de los principales "demócratas" rusos tales como Yeltsin y hasta Sobchak (luego de 1988) provienen de las estructuras del previo régimen de ver a la KGB como algo "normal".

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