Semblanza del compositor barroco checo Adam Michna de Otradovice

El estilo barroco comenzó a llegar al Reino de Bohemia a principios del siglo XVII procedente de Italia. Y aunque también en la música hizo su irrupción pleno de la grandiosidad y exuberancia que lo caracterizaba, la época del barroco fue sinónimo de sufrimientos para los territorios de la Corona Checa.

Es que la Segunda Defenestración de Praga, efectuada por nobles protestantes bohemios en 1618, desató la Guerra de los Treinta Años que estremeciera a toda Europa, pero sobre todo al Reino de Bohemia, en el que se instauró el poder absolutista de los Habsburgo austríacos, que duraría tres siglos.

En ese tenebroso período de la historia checa los músicos no tuvieron muchas oportunidades para hacer valer sus cualidades, por lo que muchos emigraron. Adam Michna de Otradovice fue uno de los que a pesar de las condiciones adversas permanecieron en el país y le legaron obras de envergadura mundial.

Adam Michna de Otradovice nació en Jindrichuv Hradec, Bohemia del Sur, hacia 1600, y a los 76 años murió en la ciudad que lo había visto nacer. De él hay que decir que fue uno de los principales representantes de la música barroca checa.

Este descendiente de la nobleza pronto llegó a convertirse en una personalidad multifacética: era organista, poeta, excelente compositor y hasta propietario de una próspera vinatería. Además de varias misas, oratorios y letanías editó tres libros de cánticos religiosos bajo los títulos de "Música Mariana Checa", "El Laúd Checo", y "Música Sacra", cánticos que constituyeron un viraje de la severidad humana hacia la exuberante fantasía poética.

Adam Michna de Otradovice también escribió las letras de sus composiciones musicales, y sus versos rebosan sentimiento y melancolía. La melodía de estas obras de Michna se asemeja a la de las canciones populares checas. Y es que muchas de éstas tuvieron su origen y fuente de inspiración en la obra del compositor.

Por ejemplo, su canción titulada "Quiero que duermas" es el más antiguo de los villancicos checos que todavía hoy en día suelen ser cantados en Navidad. Y no es de extrañar que siga gustando tanto todavía, a pesar de los siglos que han pasado, porque del lirismo de sus versos emana alegría de vivir, alegría de estar en contacto con la naturaleza. A Adam Michna de Otradovice también le debemos muchas composiciones religiosas clásicas, principalmente misas, que siguen ocupando un lugar de honor en el repertorio de las salas de concierto de la República Checa y de toda Europa.

Autor: Mónica Villegas Gallego
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