Recordando a Franz Kafka el día de su nacimiento: "Si eres un genio, el mundo necesita tiempo para ponerse a tu altura"

Ofrendas de los fans de Kafka en su tumba

Franz Kafka nació el 3 de julio de 1883. Aprovechando su natalicio, conversamos con Martin Murín, director de teatro y creador de Drama Queens, un ensamble que hace semanas se presentó a sala llena en La Fábrika con "El Proceso", obra basada en el libro homónimo del escritor praguense, un artista "preocupantemente" muy vigente.

Placa conmemorativa en la casa donde nació Franz Kafka | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

Alguien tenía que haber hablado bien de la obra, pues la sala estaba llena. Después de 17 años haciendo teatro en Praga, el ensamble The Drama Queens no es un actor desconocido, sobre todo entre la comunidad de expats que viven en la capital checa y que no hablan el idioma local. Martin Murín, director de teatro y fundador del grupo, agradece efusivamente al público al terminar la función de El Proceso, una adaptación a las tablas del libro homónimo escrito por Franz Kafka. Este 3 de julio, día del nacimiento del escritor praguense, compartimos esta conversación con Murín acerca de una de las figuras más destacadas de la literatura universal.

Martin Murín | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

“Hay personas tan brillantes que no serán comprendidas hasta muchos años después de su muerte. Hoy en día, creo que juzgamos todo con demasiada rapidez: ‘esto es feo’, ‘esto no sirve’. La mayoría de los artistas revolucionarios no fueron entendidos en su tiempo. Su obra fue valorada mucho más tarde. Por ejemplo, creo que Van Gogh vendió una sola pintura en su vida. Así que, sea justo o no, hay personas que simplemente nacen siendo genios, y el mundo necesita tiempo para ponerse a la altura. Si eres físico, si eres un Einstein, inventas algo que ayuda a los demás, los obligas a avanzar. Pero con el arte es un poco diferente: hay que esperar a que la gente evolucione lo suficiente como para poder apreciarlo. Supongo que así es. Si eres un genio, el mundo necesita tiempo para ponerse a tu altura”.

Ante la ley del presente

Placa de Max Brod en el cementerio judío | Foto: Petr Lukeš,  Radio Prague International

Sobre la genialidad de Kafka no caben dudas, pero sobre su deseo de ser comprendido, o conocido, sí. En vida no lo fue, en gran parte porque solo publicó unos pocos relatos cortos – entre ellos, La Metamorfosis. De hecho, como es bien sabido, incluso solicitó a su amigo Max Brod que destruyera sus trabajos luego de su muerte, deseo que Brod no cumplió. Estas obras, que necesitaron un trabajo de edición porque se encontraban inconclusas, fueron las que, luego de la Segunda Guerra Mundial, empezaron a captar la atención del mundo literario y que lo catapultarían a la fama internacional.

Un siglo después de su muerte, Kafka no necesita ayuda para agigantar su nombre. A sabiendas de ello, Murín asegura que la elección de El Proceso para su obra tuvo que ver con el hecho de que siente una conexión con el libro.

“Yo no hago teatro, o no hice a Kafka, para transmitir un mensaje específico. Simplemente sentí que era algo que me llegaba. No lo hice para, ya sabes, tender puentes. Solo pensé que era algo relevante, y así es como sabes que un escritor es genial: después de más de cien años de su muerte, sigue siendo relevante. El año pasado hicimos Rebelión en la granja, de Orwell, y también sigue siendo actual —lamentablemente, pero así es. Y bueno, así es como se reconoce a los grandes artistas: sus obras no envejecen”.

La cabeza giratoria de Kafka | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

El director de teatro considera que las cuatro funciones de la obra estuvieron repletas, en parte, gracias a la atracción que genera Kafka. Sin embargo, no está completamente convencido de que el hecho de que el libro sea tan conocido resulte una ventaja para los actores a la hora de ponerse en personaje.

“No sé si es más fácil. Lo nuestro es una colaboración. Siempre intentamos encontrar la manera de interpretarlo, y yo tengo dobles para cada personaje. Esto quiere decir que el personaje es interpretado por dos actores. Me han dicho que nuestros dos actores principales, es decir, los que interpretaron a Joseph K en la obra, son muy diferentes emocional y físicamente. Por esta razón, cada función es diferente”.

Cartas a la audiencia

Una de las características que sobresale en la obra dirigida por Murín es la energía o tensión sexual, un factor omnipresente a lo largo de la pieza. Este elemento, aunque expresado en términos afectivos más profundos y también traumáticos, fue clave en la vida del escritor praguense, hecho que se puede apreciar en sus diarios y que se evidencia en su frustrada vida amorosa.

“Sentimos que, en el guion, tal como fue adaptado, había distintas formas de abordar este tema. Pero siempre tuvimos la sensación de que, cada vez que hay una mujer presente, él se olvida de que está en problemas… y se mete en un problema completamente distinto. Así que sí. Sentíamos que eso era muy característico de esta historia. No diría que es como un Casanova ni nada por el estilo. Pero en la obra hay una frase con la que jugamos bastante: la idea de que ser acusado, o ser culpable, puede resultar atractivo”.

La estatua de Kafka en el Barrio Judío | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

Martin comenzó a demostrar su interés por el teatro a los 15 años en su Eslovaquia natal. Al llegar a Praga para estudiar en la universidad, hizo revivir ese amor por este arte a través de un proyecto que tenía como objetivo principal ayudar a sus participantes a mejorar su nivel de inglés. Casi 18 años después, algo de estos orígenes todavía se pueden ver en el hecho de que todas las obras que presenta Drama Queens son en inglés, y también en el detalle de que muchos de los intérpretes que conforman el ensamble carecen de experiencia previa en la actuación. Eso quiere decir que, en vez de enseñar a hablar inglés, los participantes, ahora, pueden aprender a actuar. Sin embargo, aquellos interesados en sumarse a la propuesta deben saber que su método tiene algunas particularidades.

“No hago casting ni audiciones para las obras. No hay un proceso de llamar a la gente y decirles: ‘Bueno, vamos a hacer esta o aquella cosa’. Para mí, lo primero es formar un grupo. Cada año, algunos integrantes se van y otros vienen. Siempre mantenemos unas 20 personas porque es un número saludable. Para mí es muy importante que las amistades y las relaciones sean más fuertes que simplemente hacer un proyecto juntos. Y creo que hay gente que lleva más de 10 años conmigo. Durante los primeros tres meses no trabajamos con ninguna obra. No actuamos. Solo jugamos, hacemos ejercicios; intento transmitirles técnicas básicas de actuación sobre cómo hablar, cómo caminar, cómo no hablar, cómo estar en silencio, cómo respirar, cómo pararse, cómo entender el escenario en sus fundamentos. Algunos de los participantes nunca se habían subido a un escenario antes”.

Divididos entre el trabajo y el arte

A pesar de un evidente compromiso con este proyecto, quienes lo integran poseen otros trabajos para afrontar los costos del día a día. Esto, sin embargo, no quiere decir que Martin se conforme con “presentaciones ameteur”, sino que espera que los espectadores vean una obra que recordarán por su calidad, y no como “un apoyo a un grupo de gente que les cae bien”.

Ofrendas de los fans de Kafka en su tumba | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

“Para mí, es muy importante respetar al público, y creo que en nuestro trabajo, en general, a veces lo olvidamos. He visto mucho teatro que es un poco egoísta, centrado en sí mismo. Algunos lo hacen con la actitud de ‘lo hacemos para sentirnos bien con nosotros mismos’, y para mí la razón más importante es que estamos contando una historia a alguien. Queremos que alguien la escuche. Si no quisiéramos contársela a nadie, deberíamos hacer obras en un garaje”.

A lo largo de estas casi dos décadas en el mundo teatral de Praga, el nombre Drama Queens comienza a ganarse un lugar especial entre los habitantes de la capital que no hablan checo. La sala de La Fabrika, en el barrio de Holešovice, dio muestras de ello, ya que las cuatro presentaciones de El Proceso, entre el 14 y el 17 de junio pasados, estuvieron prácticamente agotadas.

“Creo que nuestra audiencia cada vez se compone más y más de expats. Cuando empezamos, hace 18 o 17 años, solo venían a vernos nuestros amigos. Nadie más. Recibíamos donaciones voluntarias y construíamos el escenario con lo que yo podía robar de aquí y allá. Así que con una mesa y mis sábanas buenas, creábamos un teatro de sombras. Poco a poco fuimos progresando. Hace un par de años hicimos Los Miserables. Y construimos un escenario que es básicamente una casa de dos pisos de 12/8 m. Esperamos volver a representarlo. Ya veremos”.

A pesar de su energía y entusiasmo, el director no es un gran amigo de dar entrevistas.

“Pensé que el grupo en sí, o la marca en sí, hablaría más fuerte que yo, porque siempre he creído que es mejor dejar que tu trabajo hable por ti, por lo que eres, en lugar de dar largos discursos sobre lo increíbles que somos y todo eso. Prefiero que mi trabajo, o nuestro trabajo, hable por nosotros. Y creo que es mejor así, porque la gente tiende a sobrevalorar a la persona más que a lo que realmente está haciendo”.

El mundo de Kafka y el mundo de hoy

Con lo reservado y tímido que se dice que era, resulta difícil imaginar a Kafka conversando con un periodista. Sin embargo, Martin coincide en que sería probable que nuestro mundo no le resultara tan ajeno.

Franz Kafka  (Museo de Franz Kafka) | Foto: Kateřina Ayzpurvit,  Radio Prague International

“Vengo escuchando el término ‘era posfactual’, y me asusta mucho. En el mundo en el que vivimos, olvidamos la ciencia, olvidamos las cosas comprobadas. Hay gente que cree que la Tierra es plana. Esto es muy peligroso. En comparación, en el mundo de Kafka existe una ‘definición circular’. Esto sucede en El Proceso. Es decir, te arrestan porque eres un arrestado. ‘Si no te arrestáramos, no estaríamos aquí, pero estamos, así que estás arrestado’. Ese es el razonamiento”.

El director incluso asegura que algunos fenómenos, englobados dentro de la llamada posverdad, van hasta un poco más allá del mundo kafkiano, en el que la falta de información, como se puede ver en El Proceso, es parte del problema. Según Murín, la actualidad propone otro desafío.

Kafka frente a la casa Oppelt,  el edificio de apartamentos donde vivía su familia. Praga,  alrededor de 1922 | Foto repro:  Klaus Wagenbach,  'Franz Kafka: Pictures of a Life'/Wikimedia Commons,  public domain

“Da miedo, siento muchos paralelismos con la obra de Kafka en cosas como cuando decidimos ignorar los hechos. Si primero tenemos una opinión, buscamos el medio que se ajuste a ella y eso es lo que escuchamos. Así que, ya no tenemos insuficiencia de información, pero creo que aún no hemos evolucionado para comprender la información que recibimos”.

La tentación de pensar qué hubiera escrito Kafka si viviera en estos tiempos es irresistible. De hacerlo, una mañana, tras un sueño intranquilo, Franz Kafka se despertaría convertido en un monstruo de la literatura.

Autor: Juan Muttoni
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