Por quién doblan las campanas: cuando las armas se convierten en un símbolo de paz
La fundidora neerlandesa Eijsbouts ha decidido revertir la tendencia a crear armas a partir del metal de las campanas, al fabricar una campana con los restos de armas provenientes de la guerra de Ucrania. El rey de los Países Bajos la inaugurará pronto en la Iglesia de San Salvador de Praga.
La fundidora Eijsbouts de la ciudad neerlandesa de Asten ha fabricado recientemente una campana de más de 220 kilos y 69 cm de diámetro a partir de los restos de armas provenientes de la guerra de Ucrania. Esta semana, la campana saldrá de los talleres de la fundidora para ser recibida este 5 de junio en la Iglesia de San Salvador de Praga, que está muy cerca del Puente de Carlos. El templo no ha tenido campana durante más 109 años, ya que la última fue requisada por el ejército para fines bélicos. De hecho, muchos otros templos en la capital checa no cuentan tampoco con campana hace ya varias décadas a causa de las dos guerras mundiales, debido a que numerosas piezas fueron confiscadas y fundidas con el fin de servir a la industria bélica para la producción de armas o municiones. Los ocupantes nazis, en especial, apreciaban mucho el metal de las campanas, que habían saqueado y destruido a lo largo de todo el Protectorado de Bohemia y Moravia. En este contexto, hoy día, una campana conmemorativa, situada en la orilla del muelle de Rašín, recuerda esa época oscura.
La idea del nuevo proyecto, tal como destacaron representantes de la Embajada de los Países Bajos en Praga, es revertir aquella tendencia y convertir ahora las armas en campana. La iniciativa simboliza además la cooperación entre dos países que apoyan militarmente a Ucrania. Curiosamente, las inscripciones grabadas en la pieza reproducen en neerlandés, checo y ucraniano una frase de la Biblia: “Permanezcan firmes y no se dejen caer otra vez bajo el yugo de la servidumbre.”
El material necesario para la fabricación de la nueva campana ha sido recogido del frente ucraniano y transportado en febrero a los Países Bajos con la ayuda de la Embajada de Ucrania. En otras palabras, materiales como restos de armas, proyectiles y fragmentos de cohetes, destinados a sembrar muerte, ahora se reutilizan “para un proyecto pacífico”. Así lo describió Joost Eijsbouts, director general de la fundidora neerlandesa, que también ha hecho una campana para la Catedral de Notre-Dame de París.
El proceso de fabricación de la campana ha sido algo fuera de lo común: las campanas de bronce suelen hacerse con una mezcla de 80% de cobre y 20% de estaño; sin embargo, sólo un trozo de un misil ruso, por ejemplo, modificaba el resultado. Por suerte, el cambio no afectó el sonido final producido por la nueva campana. Además, otra particularidad fue el tiempo requerido para la preparación. Si para cerar una campana regular se necesitan entre seis y ocho semanas, en este caso el proceso duró en total menos de tres semanas. El coste del proyecto de fabricación y transporte de la campana alcanza los 22.000 euros, suma recaudada por tres empresas neerlandesas con sede en Chequia.
No obstante, habrá que esperar hasta el 5 de junio para oír el sonido de la nueva campana de la Iglesia de San Salvador en el centro de Praga que será bendecida por Tomáš Halík, uno de los sacerdotes más reconocidos de la iglesia, en presencia del presidente de la República, Petr Pavel, y su esposa, Eva Pavlová, que en esta ocasión recibirán al soberano neerlandés, Guillermo Alejandro y a la reina consorte.








