El carrillón del Loreto de Praga celebra 330 años de historia
El emblemático carillón barroco del Loreto, en la plaza Hradčany de Praga, celebra 330 años desde su primera interpretación, del 28 de septiembre de 1695. El conjunto de campanas ofrece cada hora melodías marianas que se han convertido en un símbolo del patrimonio musical y cultural de la ciudad.
En el corazón de la histórica plaza Hradčany, el Loreto se destaca no solo por su arquitectura barroca, sino también por el carrillón de Nuestra Señora de Loreto, un instrumento único que ha acompañado la vida de la ciudad desde hace más de tres siglos. Su primera interpretación tuvo lugar el 28 de septiembre de 1695, en la festividad de San Wenceslao, patrón de Bohemia, marcando el inicio de una tradición musical que perdura hasta hoy.
El carillón se encuentra en una torre octogonal situada en la fachada central del complejo y está compuesto por 27 campanas fundidas entre 1683 y 1691 por el maestro campanero de Ámsterdam Claude Fremy. La donación de las campanas llegó gracias al comerciante Eberhard de Glauchov, y su consagración fue presidida por el emperador Leopoldo I, quien tocó personalmente la primera campana.
El mecanismo del carillón fue diseñado por el relojero praguense Petr Neumann, quien empleó un cilindro metálico con clavijas que permite la ejecución automática de las melodías. Además, las campanas pueden tocarse manualmente mediante un teclado de 2,5 octavas, lo que permite que cada domingo y en días festivos se celebren interpretaciones en vivo a cargo de carillonistas expertos.
El sonido del carrillón se aprecia con mayor claridad desde el patio interior del Loreto, diseñado específicamente para que los peregrinos y visitantes disfruten de la experiencia musical. Desde el exterior, la música se percibe más suave, pero mantiene su efecto cautivador.
El Loreto no es solo un escenario para la música. Este complejo barroco incluye los ambitos, la iglesia del Nacimiento del Señor, la Santa Casa y la joyería loretana. Su diseño arquitectónico fue realizado por la reconocida familia Dienzenhofer en el siglo XVIII. Actualmente, los capuchinos del Orden de los Hermanos Menores se encargan del cuidado y preservación de este lugar emblemático.















