¿Por qué los checos tienen menos hijos?
La tasa de natalidad en Chequia ha caído notablemente y es una de las más bajas a nivel mundial. El sociólogo Martin Kreidl explica las razones universales y locales detrás de esta tendencia.
A lo largo de los últimos cinco años, la tasa de fertilidad en República Checa ha caído de 1,83 a 1,3 niños por mujer. Si bien esta tendencia no es nueva, especialmente en los países donde los ciudadanos gozan de más recursos, la caída observada en Chequia es una de las más pronunciadas a escala mundial. Para descubrir las razones detrás de este fenómeno, Radio Praga Internacional habló con el sociólogo Martin Kreidl. El experto comenzó por pintar la situación global para poner el caso checo dentro de un contexto más amplio.
“En general, en todos los continentes, con la excepción de África, las tasas de natalidad se han visto en descenso durante varios años. En Europa, esta ha sido una tendencia muy clara en las últimas décadas. Es decir que la mayoría de los países europeos ahora cuentan con tasas de natalidad bajas y la República Checa se encuentra en medio de esta situación junto a sus países vecinos en Europa Central”.
Distintos factores influyen en la decisión de muchos de tener menos hijos o no tenerlos en absoluta. El cambio de los valores sociales es una de las razones más importantes, según explicó Kreidl.
“Esta evolución es universal y muy profunda, ya que varios factores contribuyen. Los valores cambian y ya no es necesario tener hijos. La presión normativa ya es débil. Somos sociedades ricas y socialmente seguras y ya no necesitamos hijos para obtener seguridad social. Ya no necesitamos que alguien se ocupe de nosotros cuando envejezcamos porque el sistema de bienestar lo hará y tenemos expectativas similares a la hora de recibir pensiones u otro tipo de apoyo. Los hijos se han vuelto una entre varias opciones. Sin embargo, tener hijos todavía se valora. Si preguntas a los jóvenes adultos acerca del futuro, la mayoría te responde que sería bonito tener hijos. Muy pocos jóvenes adultos afirman categóricamente que no desean tener hijos. Sin embargo, ellos sí subrayan que depende de las condiciones. Si todo lo demás en sus vidas va bien, por ejemplo, con la educación, la carrera, la salud, la pareja o la vivienda, los niños serán bienvenidos. Pero la gente no se encuentra bajo la presión de tener hijos como antes”.
Kreidl dijo que, a menudo, sucede que la gente se enfoca tanto en su desarrollo que los niños simplemente brillan por su ausencia.
“Esperas un ascenso, esperas la pareja correcta, la situación con la vivienda tampoco es fácil. Hay tantas consideraciones, así que la gente suele posponer hasta que llegue un momento más oportuno. A veces los aplazamientos siguen uno tras otro y luego estos individuos se dan cuenta de que ya es demasiado tarde o tratan de concebir y no pueden”.
Brecha de fertilidad
Ya que muchos adultos en edad fértil indican que sí quieren tener hijos en algún momento de su vida, pero un porcentaje significativo no logra hacerlo, los demógrafos han acuñado el término “brecha de fertilidad”, que representa la diferencia entre el número de hijos esperado o deseado y el número de los hijos nacidos.
“Esta brecha de fertilidad se observa en todo el mundo rico. Es esencial darnos cuenta de que esta brecha de fertilidad está bien estratificada y depende mucho del nivel de educación de la mujer. La brecha es más ancha entre las mujeres con educación universitaria, lo cual señala una de las razones del porqué esta brecha aparece. Esto representa el conocido choque entre la vida familiar y otros ámbitos de la vida, especialmente la carrera. Muchos experimentan dificultades a la hora de combinar ambas tareas”.
Kreidl recalcó que actualmente en la sociedad checa existe una estratificación significativa, pero no demasiado extrema.
“Vemos dos efectos compensatorios. Por un lado, las mujeres con educación más alta y las parejas más acaudaladas sí tienen los recursos, pero también menos tiempo para hacer realidad sus planes y como consecuencia, tienen menos hijos de lo que planeaban. Por otra parte, vemos una tasa de fertilidad mucho más alta entre las mujeres menos educadas. No obstante, sabemos que estas mujeres también tienen menos hijos de lo esperado al final. Sin embargo, la porción de los embarazos inesperados es mayor en ellas”.
En su investigación de las familias checas contemporáneas, Kreidl también aborda la cuestión sobre el cambio de las expectativas que la gente tiene con respecto a su pareja. Actualmente, se observa una etapa en la adultez temprana en la que las personas no quieren comprometerse a una relación a largo plazo. Las razones son diferentes: mientras unos no han establecido expectativas, otros no se sienten preparados para actuar en pos de cumplir sus expectativas. Sin embargo, en las sociedades modernas la tendencia general es un alza notable en las expectativas que uno tiene de su pareja potencial.
“En el pasado, las expectativas eran más sencillas: los hombres debían tener la capacidad de mantener la familia, mientras que de las mujeres se esperaba dar a luz. Hoy día, nuestras expectativas están más altas. La estabilidad económica y la salud todavía importan, pero también buscamos a alguien que sea inteligente, educado, cariñoso, alguien con que nos la pasaremos bien y que pueda expresar sus emociones. Las expectativas se acumulan y al final algunos comienzan a creer que el montón se ha vuelto demasiado alto como para encontrar a alguien que cumpla sus expectativas. Esta puede ser una de las razones por las que crece la porción de personas que quedan solteros durante toda su vida y luego no tienen hijos”.
El impacto de los grandes cambios sociales en términos globales
Durante las etapas tempranas de la pandemia de Covid-19, cuando una gran parte de las personas quedaron aisladas en sus casas, muchos checos experimentaron crisis de pareja, siguiendo una tendencia global. Según señaló Kreidl, muchos individuos se sintieron amenazados económicamente, lo cual provocó frustraciones y ansiedad. En 2021, un 30% de las personas encuestadas expresaron el deseo de separarse de su pareja. Para hacer la comparación, en condiciones normales este porcentaje varía entre un 5% y un 8% en diferentes sociedades europeas.
Esta no es la primera vez en la historia moderna que Chequia experimenta un notable descenso de la tasa de natalidad. A inicios de los años 90, inmediatamente después del colapso del comunismo, se observó una caída en la fertilidad aún más fuerte. Kreidl explicó la diferencia con la situación actual.
“En sus últimos años de existencia, el sistema familiar socialista giraba en torno a la paternidad temprana. La edad promedio en que las mujeres daban a luz era un poco encima de los 20. Asimismo, una gran parte de los niños nacían de mujeres menores de 20 años. Posteriormente, el sistema cambió y la gente se dio cuenta de que quizá esta no sea la mejor opción. Así que decidieron, y creo que fue la decisión correcta, que tener hijos más adelante en la vida podría ser mejor para que uno tuviera la posibilidad de acabar sus estudios y consolidarse en el mercado laboral. Entonces, uno crearía su familia no a los 20, sino a los 26, 27 o 28 años”.
Pese a esta crisis, Martin Kreidl se mantiene positivo. Aunque advierte que la edad promedio de tener hijos sigue subiendo, también cree que la situación puede mejorar si las condiciones de vida se vuelven más favorables. “La gente se da cuenta de estos factores. En realidad, la mayoría de las personas son racionales y cuando noten mejoramiento en las condiciones, empezarán a tener más hijos,” acotó el sociólogo.








