La natalidad en Chequia cae a su nivel más bajo desde 1785: las razones de un fenómeno preocupante

La República Checa ha alcanzado un mínimo histórico de nacimientos tras varios años de descenso, en un contexto marcado por menos mujeres en edad fértil, crisis recientes, caída de matrimonios y un crecimiento poblacional sostenido únicamente por la migración.

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Los demógrafos han vuelto a encender las alarmas en Chequia. La natalidad arrastra una caída prolongada en el país y el año pasado marcó un mínimo histórico que no se veía desde hace más de dos siglos.

Los datos hablan por sí solos, con una curva que desciende de forma acusada. En apenas unos años, el número de nacimientos ha retrocedido de manera notable. Mientras en 2021 se registraron 110.000, el año pasado la cifra se redujo a unos 77.600, el nivel más bajo desde que existen registros (que comenzaron en 1785). Se trata, además, del cuarto año consecutivo de descenso.

Muchas exigencias, poco nacimientos

Tomáš Kostelecký, del Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de la República Checa, explicó en una entrevista con la Radio Checa que detrás de esta evolución (o involución) existe una combinación de factores.

Tomáš Kostelecký | Foto: Kateřina Cibulka,  Český rozhlas

“Creo que es una mezcla de dos cosas. Primero, la fertilidad ha disminuido, lo que significa que el número medio de hijos por mujer ha bajado. Al mismo tiempo, tenemos menos mujeres en los grupos de edad que normalmente tienen hijos. Por ejemplo, hay unas 70.000 mujeres de 35 años, frente a solo 50.000 de 25. Esa es una gran diferencia, y el descenso es dramático. El número de nacimientos refleja naturalmente la fuerte caída en el número de posibles madres”.

A este cambio estructural se suma un contexto reciente marcado por la inestabilidad. Los expertos señalan que la sucesión de crisis de los últimos años ha dejado huella en las decisiones personales. La demógrafa Eva Waldaufová, también en conversación con la Radio Checa, apunta a una cadena de factores que han contribuido a enfriar los planes de formar una familia.

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“Empezó con la crisis del COVID, seguida por la guerra en Ucrania, luego más incertidumbre: la crisis energética, la alta inflación, y así sucesivamente. Este período de incertidumbre sigue creciendo, y eso afecta naturalmente a las decisiones reproductivas de los jóvenes. Aunque no es el único factor, sin duda es muy significativo”.

Además, la estructura de la población presenta desequilibrios que amplifican el problema. Lo que hoy se refleja en menos nacimientos, mañana se notará en aulas con menos alumnos y, más adelante, en un mercado laboral con falta de mano de obra y una población cada vez más envejecida, señalan los expertos.

Números que no cierran

Para mantener una población estable, serían necesarios al menos 2,1 hijos por mujer. En la República Checa, el indicador se sitúa actualmente en 1,37. Waldaufová subraya que, aunque el deseo de tener hijos sigue presente entre muchos jóvenes, a menudo las circunstancias hacen que ese proyecto se posponga reiteradamente hasta que, finalmente, resulta difícil de concretar.

Eva Waldaufová | Foto: Kateřina Cibulka,  Český rozhlas

“El impulso por tener éxito y los obstáculos que presenta la paternidad parecen desalentadores. Tener un hijo es una gran carga financiera y una gran responsabilidad. La gente escucha tanto sobre lo que implica ser un buen padre, lo que cuesta educar a los hijos. Así que se centran en obtener una educación y construir una carrera exitosa. A los 25 les dicen que es demasiado pronto para tener un hijo y cuando llegan a los 30 escuchan que ya es hora, pero para entonces necesitan haber logrado tanto —incluyendo tener una vivienda y encontrar la pareja adecuada— que pasa a transformarse en un problema”.

El retroceso de la natalidad no llega solo. Otros indicadores acompañan esta tendencia. El número de matrimonios cayó el año pasado hasta unos 42.500, el nivel más bajo desde el final de la Primera Guerra Mundial, mientras que los divorcios y las defunciones aumentaron ligeramente. En total, hubo unas 35.700 muertes más que nacimientos, el mayor descenso natural de población desde 1919.

Aun así, el número total de habitantes sigue creciendo lentamente y se acerca a los 11 millones. Este aumento no responde a la dinámica natural, sino a la llegada de población extranjera, principalmente desde Ucrania y Eslovaquia.

Inmigración, ¿una posible solución?

De hecho, casi uno de cada diez niños nacidos el año pasado en el país tenía nacionalidad extranjera, y la proporción continúa en aumento. En torno al 17% de los recién nacidos tenía al menos un progenitor extranjero.

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¿Puede la migración compensar este declive? El sociólogo Tomáš Kostelecký se muestra escéptico.

“La población de checos ha estado disminuyendo durante bastante tiempo. La curva ascendente de la población está siendo ayudada por la inmigración. Sin embargo, los migrantes que llegan aquí no proceden de países con altas tasas de natalidad. Los eslovacos o los ucranianos que se trasladan aquí no tienen más hijos que los checos; si acaso, pueden tener menos. En este sentido, no hay una gran diferencia”.

En las últimas décadas, distintos gobiernos han prometido medidas para impulsar la natalidad. Por ahora, los resultados siguen siendo limitados frente a un reto demográfico que no deja de agravarse.