Todos los caminos conducen a Praga: domicilios que cimentaron la fama de la capital checa
En su flamante libro Direcciones de Praga, la periodista Stanislava Jarolímková revela cómo la capital checa puede leerse a través de sus domicilios: las trece direcciones de Kafka en el centro histórico, los orígenes de la Radio Checa en dos colinas emblemáticas, la vida de Langweil en un hogar ya demolido, el insólito lugar elegido por Rodolfo II para residir y la tradición inaugurada por Masaryk que se mantiene hasta hoy. A ese mapa se suma también la historia del parque de atracciones Matějská, que a lo largo de los años cambió de sede varias veces antes de instalarse en Holešovice, dejando tras de sí un rastro de anécdotas, episodios curiosos y alguna que otra sombra. Jarolímková ilumina la gran correspondencia que hay detrás de todos estos domicilios: cómo la ciudad moldeó la vida de sus habitantes ilustres y cómo ellos, a su vez, contribuyeron a construir la Praga de hoy.
Cada año se publican en Chequia entre 14.000 y 18.000 libros, según los registros de la Biblioteca Nacional: una cifra sorprendentemente alta para un país de tamaño reducido. De ese total, entre el 8% y el 12% corresponde a títulos dedicados a la historia, la cultura, la arquitectura y las ciudades del país. Y dentro de ese universo, Praga se lleva, por supuesto, todas las de ganar: se calcula que, cada año, entre 400 y 700 libros están relacionados de alguna manera con la capital, ya sea a través de sus barrios, sus personajes, su patrimonio o sus episodios históricos.
Calles de dirección única
Una de esas novedades acaba de llegar a las librerías: Pražské adresy, donde la periodista Stanislava Jarolímková rastrea las direcciones de muchos de los grandes personajes, episodios y eventos que ayudaron a cimentar aquella fama de Praga que, según la leyenda, profetizó la princesa Libuše. El libro comienza, por ejemplo, con un evento que hoy se realiza en Holešovice y suele llamar la atención de los extranjeros: la feria Matějská (Matějská pouť), un parque de atracciones al que, dicho sea de paso, se le atribuye cierta relación —no del todo aclarada— con la mafia rusa, tal como explica la autora.
“Esa aparente vinculación con la mafia rusa se conoce aquí desde los años 90, y luego incluso murió un joven. Sin embargo, elegí no mencionar ese tema en el libro en relación a esta popular feria. Más bien me llamó la atención que, durante muchos años, nadie se tomó el trabajo de buscar las direcciones reales donde se llevó a cabo ese parque de atracciones. En numerosas publicaciones aparecían repetidamente los mismos barrios erróneos, sin una dirección precisa, así que me dediqué a buscar todas las sedes, con una sola excepción: no encontré dónde tuvo lugar la feria en 1963”.
Stanislava se refiere al asesinato ocurrido en 2008, durante la presentación de un libro en pleno centro de Praga, de Václav Kočka Jr., hijo del principal organizador de la feria. Pero, en efecto, su exhaustiva investigación se concentra en otros aspectos igualmente llamativos.
El hombre detrás del famoso modelo de Praga
“Me entristece que Praga, que se enorgullece de su extraordinario modelo de la ciudad antigua, no haya encontrado un pequeño espacio ni el dinero para dedicarle una placa conmemorativa a su creador Langweil”.
Otra historia interesante que incluye el libro es la que mantuvo con Praga el el bibliotecario Antonín Langweil (1791-1837), famoso por haber destinado toda su energía y recursos a la creación de una impresionante maqueta de la capital checa, hoy conocida como el modelo Langweil. Realizada en cartón a lo largo de 20 m², el trabajo muestra con lujo de detalle buena parte de la ciudad histórica de Praga, unos dos mil edificios a escala 1:480. Además de comentar algunos aspectos jugosos de la creación de ese modelo, Stanislava investigó el recorrido de este artista en Praga, luego de haber vivido varios años en Český Krumlov. Lamentablemente, ya no existe la primera casa donde se alojó: fue demolida en el marco de la gran asanación del antiguo Barrio Judío que comenzó en 1896 y dio origen a la suntuosa avenida Pařížská.
“En Praga, Langweil vivió también en otras direcciones: en un antiguo monasterio cerca del Puente de Carlos y, finalmente, como bibliotecario, obtuvo un departamento en el célebre Klementinum. Sin embargo, me entristece que Praga, que, con toda razón, se enorgullece de su extraordinario modelo de la ciudad antigua, no haya encontrado un pequeño espacio ni el dinero para dedicarle una placa conmemorativa a su creador. Varias veces intenté impulsar un homenaje a Langweil, pero lamentablemente no tuve suerte”.
Rodolfo II, loco por Praga
Otra figura histórica que, además de ser muy atractiva, tuvo mucha relevancia en el desarrollo posterior de Praga es Rodolfo II, emperador de los Habsburgo, que gobernó Bohemia entre 1576 y 1611. Stanislava lamenta, en este caso, que el énfasis que se pone en sus problemas mentales haya restado importancia a su gran conocimiento artístico que lo llevó a comprar, por ejemplo, el cuadro “La fiesta del rosario” de Durero. Por otro lado, el lugar destacado que le asigna en el libro se debe a que es el único emperador de su linaje que, en 1583, se estableció de forma permanente en Praga, aunque no técnicamente en el castillo.
“En aquel entonces, el castillo consistía en un solo patio, el que hoy se conoce como el tercero, adornado por la célebre catedral de San Vito y donde también se encontraba el Antiguo Palacio Real, que en esa época daba albergue a los funcionarios. Rodolfo II se instaló un poco más al oeste, más cerca de lo que es la actual Plaza de Hradčany, en un arrabal pantanoso.
En el lado sur de ese arrabal mandó construir una casa de verano y su despacho; en el lado norte hizo levantar las caballerizas para sus amados caballos y, encima de ellas, salas de exhibición (el actual Salón Español y la Galería de Rodolfo). En el extremo oriental de aquel terreno embarrado, que hizo acondicionar de forma provisoria, mandó construir, entre los tramos sur y norte de la residencia real, unos espacios de dos plantas, de 100 metros de largo, destinados a sus colecciones artísticas y diversas curiosidades. De esos espacios de dos plantas surgió, en el siglo XVIII, el tramo que hoy separa el segundo del tercer patio”.
En definitiva, podemos decir que la actual silueta del Castillo de Praga no podría entenderse sin la redondeada figura de Rodolfo II, ya que sus construcciones ampliaron el que es hoy el complejo edilicio de un castillo más grande del mundo.
Presidentes residentes en el castillo
Y si hablamos del Castillo, es imposible no mencionar a los altos mandatarios que también residieron allí. No por nada, durante las campañas presidenciales, una frase habitual consiste en postular al candidato no a la presidencia, sino directamente al Castillo. De todos esos casos, señala Stanislava, el que más le interesa es el de Masaryk, quien, dicho sea de paso, fue en cierto modo el encargado de inaugurar esa tradición.
“Tras su elección en 1918, Masaryk tenía pensado vivir fuera del Castillo de Praga, pero sus asesores le recomendaron que siguiera la tradición de los reyes checos, que en su mayoría residían allí, y él aceptó. Al principio, vivió en un apartamento provisorio situado en el ala sur del saliente occidental, cerca de la Plaza de Hradčany. Pasó allí su primera noche el 21 de diciembre de 1918 junto con su hijo Jan, cuando regresó del exilio al que había partido durante la Primera Guerra Mundial. En 1925, se trasladó a su segundo y definitivo apartamento presidencial, ubicado en los espacios entre el segundo y tercer patio. Allí tenía un despacho con una biblioteca de unos cincuenta mil volúmenes; contaba además con una mesa, una silla y una mesa alta para poder escribir de pie porque sufría dolores de espalda. La única decoración de esta sala era un lavabo de granito gris‑negro de gran calidad”.
Agrega Stanislava que, a diferencia del caso Langweil, cerca de ese primer apartamento presidencial se inauguró el 7 de marzo del año 2000 la hoy conocida estatua de bronce de Masaryk en la Plaza de Hradčany, en el marco del 150.º aniversario de su nacimiento. A ese acto asistió, por ejemplo, Václav Havel.
Días de Radio
Stanislava recuerda que la historia de la radiodifusión checa comenzó en Petřín, donde los técnicos militares demostraron, poco después de 1918, que la electricidad podía transmitir sonido sin cables, algo que en su momento desconcertaba al público. Las primeras emisiones estaban destinadas solo a especialistas, y recién en 1920 los curiosos pudieron escucharlas en una exposición de Praga. Según explica la autora, la radiodifusión para el público general se hizo posible gracias a otra colina, Kbely, desde donde el 18 de mayo de 1923 comenzaron a ofrecerse las transmisiones regulares: una hora diaria a partir de las 20:15, cuando las condiciones de recepción eran óptimas.
“A mí me fascina, en estos comienzos de la historia de nuestra radio, la fe de aquellos entusiastas que no solo liberaban al público del miedo a la electricidad, sino que lo convencían de que la radiodifusión no era un engaño. Siempre hay que tener en cuenta que Checoslovaquia fue, después de Gran Bretaña (que comenzó a emitir en 1922), la segunda “potencia” radiofónica. Otro tema interesante al respecto es la evolución de los efectos sonoros de nuestra radio checa. Al principio, estos efectos no se creaban en el estudio: los periodistas iban con un carrito y un aparato de grabación de diez kilos a los parques para registrar el canto de los pájaros, a los cruces de las calles para captar el chirrido de los frenos de los automóviles, el repique de las campanas de las iglesias y cosas similares. Una vez quisieron comunicar la hora exacta a los oyentes mediante las campanas de la catedral de San Vito en el Castillo de Praga, pero al encargado de hacer sonar las campanas se le adelantó el reloj, de modo que él y, por ende, la radio tocaron a destiempo. Sin embargo, los oyentes de entonces aceptaron este pequeño percance con amistosa comprensión”.
El podio de mudanzas praguenses
A propósito, de direcciones praguenses, resulta interesante establecer una especie de podio con las personalidades que más domicilios tuvieron en Praga (¡por supuesto, no les exigiremos ningún título de propiedad, sino solo que hayan vivido allí!). Y en ese podio se encuentran, nada menos, que Franz Kafka, Mikoláš Aleš y Božena Němcová, todos con más de diez direcciones distintas. El caso de Kafka, con 14 mudanzas, es especial incluso por otros motivos.
“Es que Franz Kafka pasó la mayor parte de su vida en el centro histórico de Praga. En general vivió en la Ciudad Vieja, cerca del antiguo gueto. A su residencia en la capital añadiré que, además de sus domicilios permanentes, tuvo cinco direcciones temporales: dos más en la Ciudad Vieja, una en Vinohrady (sobre la Plaza de Wenceslao), otra en Malá Strana y, desde noviembre de 1916 hasta marzo de 1917, vivió en el Castillo de Praga, en la célebre Callejuela del Oro. Allí se alojó en la casa que su hermana menor, Ottilie, había alquilado en ese período”.
En definitiva, aquella ecuación que identifica a la actual capital checa con el gran escritor praguense vuelve a confirmarse. De hecho, es probable que, entre esos quinientos libros que cada año se publican sobre Praga, casi todos incluyan, aunque sea de manera lateral, alguna mención a Kafka.
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