Árbol nacional y con memoria: el "tilo de Masaryk" seguirá siendo testigo del Castillo de Praga
Un grupo de especialistas trabaja para asegurar la continuidad del antiguo tilo que se alza en el mirador de Masaryk, junto al Castillo de Praga. Este árbol, profundamente ligado a la historia y a la identidad checa, se encuentra en grave deterioro y amenaza con desplomarse.
Con cerca de doce metros de altura y un tronco que supera los tres metros de diámetro, un tilo, árbol nacional de la República Checa, crece junto al llamado Foso de los Ciervos. Durante décadas ha sido testigo silencioso de la vida en el castillo. Hoy, sin embargo, su estructura debilitada obliga a intervenir con urgencia.
La solución no consiste en talarlo sin más, sino en multiplicarlo. Con este objetivo, dendrólogos del Jardín Botánico de Průhonice han cortado cuidadosamente unas quince ramas jóvenes del ejemplar, cada una con al menos tres brotes. Durante al menos dos años las cultivarán y fortalecerán para asegurar su crecimiento. De esos esquejes nacerán varios ejemplares, y el más robusto será plantado en el mismo lugar que ocupa el árbol original. Así, cuando el viejo tilo ya no pueda sostenerse, otro genéticamente idéntico continuará su presencia en el mirador que aún hoy adorna. Helena Pánková, de la Administración del Castillo de Praga, explicó a la Radio Checa en qué consiste el plan de rescate.
“El objetivo es reproducir el antiguo tilo, crear otros ejemplares de la misma planta, que técnicamente serían sus clones. El más apto de ellos ocupará el lugar del original, para garantizar su continuidad”.
En la década de 1920, el primer presidente checoslovaco, Tomáš Garrigue Masaryk, solía descansar bajo la sombra de este árbol, de ahí su apodo de “tilo de Masaryk”. Su presencia inspiró al arquitecto esloveno Jože Plečnik, encargado entre 1920 y 1930 de adaptar el castillo a las necesidades de un Estado moderno y democrático. Plečnik rediseñó el espacio que circundaba al tilo y lo transformó en un mirador semicircular, discreto y elegante. Según contó a la Radio Checa el historiador Zdeněk Lukeš, Plečnik remodeló este espacio para convertirlo en un mirador acogedor.
“El arquitecto rodeó el viejo tilo con un espacio en forma de semicírculo, creando en el lugar un mirador. Desde allí se pueden disfrutar unas vistas panorámicas verdaderamente hermosas e inusuales del Castillo de Praga y de la Catedral de San Vito. También se pueden ver otros edificios históricos de Praga, como, por ejemplo, el Palacio Černín, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores”.
De acuerdo con el Lukeš, el mirador en el Castillo de Praga representa una obra arquitectónica verdaderamente fuera de lo común.
“Se trata de una pequeña obra maestra del arquitecto esloveno Plečnik, muy destacado sobre todo en la segunda mitad de los años 20 del siglo pasado. Durante el régimen comunista, el mirador fue cerrado y estaba prohibido visitarlo. Y así, con el paso del tiempo, se fue deteriorando hasta terminar en muy mal estado. Incluso, algunas partes se derrumbaron. A comienzos de los años 90, el mirador comenzó a ser reconstruido y se le dio el nombre Masaryk, en recuerdo al primer presidente checoslovaco, que tenía un vínculo especial con este lugar. Recién en 1996 el mirador se volvió de libre acceso al público”.
En la actualidad, el mirador puede visitarse entre marzo y finales de octubre. Y mientras el viejo tilo resiste sus últimos años, los especialistas del Jardín de Průhonice ya preparan su relevo. No será el mismo tronco ni las mismas ramas, pero sí la misma savia y la misma memoria. En este gesto que busca preservar su vida se condensa el profundo simbolismo de un árbol que, más que un ornamento, es emblema de una historia y de una nación.
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