Petr Placák: “Ese hombre tan frágil en apariencia resultó tener una fuerza interior capaz de sobreponerse a todo”
¿Qué significan las primeras impresiones que provocan quienes terminan trascendiendo su época? En esta charla, Petr Placák, escritor, clarinetista de Plastic People of the Universe y amigo cercano de Václav Havel, repasa su lado más humano: obsesiones, virtudes, paradojas y hasta algunos reproches a su etapa presidencial.
Las primeras impresiones cuentan (se equivoquen o no), pero adquieren una dimensión casi profética cuando quienes las inspiran son personalidades capaces de atravesar épocas y permanecer en la memoria colectiva. Eso fue exactamente lo que le ocurrió al periodista y escritor Petr Placák en sus encuentros inaugurales con Václav Havel. Lo conoció gracias a su rol de clarinetista en la legendaria banda Plastic People of the Universe y, desde aquel primer contacto, hubo en Havel algo tan genuino que Placák intuyó, como un destello, que ese hombre estaba destinado a perdurar.
“Empecé a tratarlo de manera más constante, creo que en 1984, cuando en su casa de campo en Hrádeček ensayábamos con los Plastic People of the Universe. Allí él nos cocinaba y cuidaba de nosotros. Y la primera impresión fue que no tenía absolutamente ningún prejuicio hacia la gente del under ni hacia nosotros, que éramos unos jóvenes tontos. Al contrario, nos trataba como iguales y le interesaba lo que hacíamos”.
El vínculo entre la banda y el líder político tuvo su momento cumbre cuando, en abril de 1993, en el marco de su primera visita oficial a Estados Unidos como presidente de la República Checa, los Plastic People of the Universe dieron un concierto en la Casa Blanca. Además recuerda Placák que, gracias a él y su sensibilidad musical, tocaron en Praga nada menos que Frank Zappa, Lou Reed y The Rolling Stones.
El cautiverio de la presidencia
Y aunque, por supuesto, lo sigue admirando mucho, tal como sucede en las verdaderas amistades, Petr no es complaciente y le sigue reprochando a Havel algunas cuestiones que atañen, sobre todo, a su agotadora época como presidente.
“En aquella época, casi nadie pensaba con la libertad de Havel”
“Creo que hubo un momento en el que la presidencia lo llevó puesto; es decir, ya no podía con eso. A mí me enojó muchísimo que vendiera la mitad de Lucerna a la empresa Chemapol porque eso sencillamente no se hace. Lo que uno hereda de sus antepasados debe desarrollarlo, hacerlo crecer. Y si no quería ocuparse, tendría que haber creado alguna fundación o algo así. Y él, por supuesto, sabía que aquello había estado mal. En un documental se ve que alguien se lo reprocha, y él se le echa encima y se defiende diciendo qué tiene de malo venderle a una empresa dirigida por un ex–agente de la StB, si esos están en todas partes. Pero se notaba que no estaba siendo del todo sincero y solo intentaba justificarse a sí mismo. Creo que eso duró unos cuantos años hasta que logró liberarse de ese cautiverio que fue la presidencia, a la que, por supuesto, él nunca quiso llegar. Y unos años antes de su muerte volvió a ser Václav Havel, volvió a ser aquel hombre extraordinario que conocíamos. Porque, al fin y al cabo, era solo un ser humano de carne y hueso. No era ningún superhombre. Y esa función, en cierto momento, sí que lo atrapó”.
La punta de los lápices
Placák señala que, en el plano personal, lo sorprendía tanto el talento culinario de Havel como un contraste muy marcado en su carácter.
“Era alguien que amaba increíblemente la libertad y, al mismo tiempo, necesitaba tener el control de algo tan banal como los lápices: siempre los tenía perfectamente alineados, afilados, colocados con absoluta precisión sobre la mesa. Y esas tonterías con las que uno se reía por dentro. Por un lado era incluso un poco pedante en esas cosas de la vida cotidiana, y por el otro era un hombre extraordinariamente libre de pensamiento, alguien que pensaba sin casilleros prefabricados ni clasificaciones culturales o sociales, como casi nadie más en aquella época”.
Crisis
Otra cualidad de Havel que Placák destaca es eso que hoy suele englobarse bajo el tan remanido concepto de resiliencia. Él ve ese rasgo, sobre todo, en un momento decisivo: cuando a Havel lo encarcelaron tras la Carta 77 y, en medio de ese golpe, recibió la terrible noticia de la muerte del filósofo Jan Patočka.
“A mí me encantaba su curiosidad: realmente le interesaba lo que decían los demás. No era cortesía, sino parte de su propio desarrollo intelectual”
“Ahí renunció al papel de portavoz y atravesó una gran crisis que, en mi opinión, lo acompañó durante el resto de su vida porque llegaron a tambalear sus convicciones y por un instante lo dejó todo. Incluso lo grabaron, creo que para la televisión, diciendo algo al respecto. Y realmente fue una época en la que luego él mismo se reprochaba haber fallado. Pero justamente por eso es aún más valioso: porque él no era ningún rebelde ni un luchador de esos combativos. Al contrario, era una persona extremadamente decente, nunca hizo nada turbio, y aun así nunca lograron quebrarlo. Resistió de manera increíble. Durante una de las últimas veces que estuvo en la cárcel, casi se muere. Y ese hombre tan frágil en apariencia, que casi no podía defenderse, tenía una fuerza interior tal que logró superarlo todo”.
La curiosidad al poder
Pero más allá incluso de esa capacidad de sobreponerse a todo, Petr Placák señala que había un rasgo de Havel que lo conmovía especialmente y que, en su opinión, es el que mejor lo pinta de cuerpo entero.
“A mí me encantaba su curiosidad: realmente le interesaba lo que decían los demás. Jamás entraba en una conversación con una opinión prefabricada. De verdad quería saber qué hacía este y el otro. Y no solo en el arte, sino en general. Y aprendía de eso, aprendía de verdad. No era cortesía, sino que lo tomaba como parte de su propio desarrollo intelectual. Y esa honestidad intelectual, esa integridad, era algo que me gustaba muchísimo de él”.
Tal como ocurre con las grandes personalidades que trascienden su época, cuanto más pasan los años más se extraña una figura tan genuina como la de Havel y más urgentes se vuelven sus ideas. Quizá por eso, aquellas primeras impresiones que él mismo provocaba siguen siendo hoy la mejor síntesis de su legado.
Relacionado
-
90 años de Václav Havel - Legado de una resistencia
Con motivo del 90 aniversario de su nacimiento reunimos en esta serie testimonios de amigos, colaboradores, admiradores y traductores del presidente y dramaturgo.








