La hazaña del joven español que aprendió checo en forma autodidacta

Javier López

En un país donde muchos extranjeros pasan décadas sin hablar checo, el español Javier López decidió hacerlo por su cuenta y hoy celebra su flamante certificado B2 obtenido en la Escuela de Verano de Olomouc. Enamorado de la ciudad, confiesa que la convivencia con los checos no siempre fue sencilla, pero a días de volver a España promete mantener vivo su vínculo con el país y con el idioma, del que presume una “ř” impecable.

Cuesta creerlo al escucharlo hablar checo con tanta soltura, pero hace tan solo dos años que Praga, con todos sus encantos, entró en la vida del joven toledano Javier López.

Durante su voluntariado en Kublov | Foto: archivo personal

“La primera vez vine aquí de paso porque iba a Alemania y me enamoré de la ciudad, entonces decidí venirme en algún momento para acá. Y al fin pude hacerlo con un proyecto de voluntariado: el European Solidarity Corps”.

Eso lo hizo en Kublov, un pueblo que está a unos 40 kilómetros de Praga. Su tarea consistía en ayudar a los profesores a pensar actividades, colaborar en la enseñanza del español y estar presente con los niños. Ese fue entonces su primer gran contacto con el idioma checo y también con la ciudad de Praga, donde aprovechaba para viajar cada vez que podía. Apenas un mes antes había empezado a estudiar por su cuenta, en España, las frases básicas de un idioma famoso por su dificultad.

“Estudio un montón, pero me encanta. O sea, a mí no me entretiene una peli o una serie, yo tengo que empollar con los idiomas. Eso me gusta. Hablo con total comodidad español, claro, inglés e italiano, y luego alemán, turco y checo, con fallitos”.

En Chequia sin los checos

“Me acuerdo de haber invitado a mi cumpleaños a un checo que pensaba que era mi amigo y nunca contestó. Esas decepciones se repiten todo el rato”.

Con fallos y todo, Javier viene de obtener el certificado B2 de checo en la Escuela de Verano de Estudios Eslavos de Olomouc, una experiencia que le dio un cierre perfecto a su estadía de un año y medio en Chequia. Además de haberse formado como profesor de español, este joven de veinticinco años egresó de la carrera de traducción en la Universidad Autónoma de Madrid y, aunque le encantó su experiencia viviendo en Chequia, va a volver muy pronto a España, porque extraña el calor mediterráneo, aunque está ilusionado con tener pronto una revancha en Praga, una ciudad en su opinión muy internacional en la que hizo, sobre todo, muchos amigos españoles.

En Praga,  el día que lo visitó su amiga española del instituto | Foto: archivo personal

“Aunque yo nunca los busqué porque yo siempre quería interactuar con locales; de verdad, meterme en la cultura, quería practicar el idioma, pero eso resultó imposible. O sea, yo creo que gasté mi energía intentando socializar con checos. También tenía amigos internacionales, sobre todo turcos, porque hablaba el idioma y entonces se me hizo muy fácil meterme en la comunidad turca pero hace más de un año se fueron todos mis amigos turcos, entonces me quedé un poco aislado también de los internacionales. Con los checos de 30, 35 años, que eran mis compañeros de trabajo, la pasé genial. Ahora, los checos de mi edad, ¡uf! No contestan a los mensajes, no sé. Me acuerdo de haber invitado a mi cumpleaños a uno del que yo pensaba que era mi amigo y nunca contestó. De eso hace un año, pues esas decepciones se repiten todo el rato”.

El Palacio de Troja | Foto: Klára Stejskalová,  Radio Prague International

Al menos, esas decepciones las pudo compensar con todo aquello que le encanta de Praga: su historia, su arquitectura, sus museos, cementerios y hasta lugares quizás menos conocidos como el Palacio de Troja. Aun así, no puede evitar sentir la frustración de no haber podido practicar el checo como pensaba porque asegura que, enseguida, todos le hablaban en inglés.

La gran racha de Duolingo

Aunque había estudiado antes un poco de ruso y polaco, el checo es el primer idioma eslavo que Javier considera que puede hablar y asegura que las declinaciones no lo asustaron tanto porque ya las conocía del latín y el alemán. En todo caso, para abordar el aprendizaje del checo, su principal aliado fue el libro Colloquial Czech: The Complete Course for Beginners de la editorial Routledge.

En el famoso Castillo de Karlštejn | Foto: archivo personal

“Pues, el libro de Colloquial me fue guiando un montón desde lo más básico hasta lo más complejo de la gramática. Y luego, por supuesto, Duolingo un poquito cada día para no olvidar y aprender cosas nuevas, verbos nuevos. Sí, siempre iban a la par el libro y Duolingo, avanzando a la vez. Y sí, o sea, fueron muy buenas herramientas los dos. Y luego, por supuesto, el año en el kindergarten, en el que los niños solo hablaban checo. Entonces, era un checo muy básico: vocabulario de la comida o para ir al baño. Pero ya tengo grabadas en el cerebro las frases básicas”.

Con más de dos mil doscientos días de racha, Javier había utilizado antes Duolingo para estudiar alemán, catalán y turco, y afirma que ahora lo utiliza exclusivamente para el checo. Y aunque algunos usuarios critican los métodos y verdadero alcance de esa aplicación, Javier dice que a él le resulta muy útil para fijar las estructuras gramaticales, el orden de las palabras e incorporar verbos nuevos en pasado, presente y futuro. En cuanto a este último, cuenta Javier que desea retomar algo de traducción, crear quizás audiolibros para enseñar español a los checos y seguir produciendo contenido en sus redes sociales.

Cementerio de Terezín | Foto: Anna Kubišta,  Radio Prague International

“Hablo de historia y siempre con un toque lingüístico. Entonces, todos mis vídeos tienen ese toque lingüístico. Pues, una vez es en checo, otra vez es en turco. Por ejemplo, cuando fui a Theresienstadt, conté por qué se llamaba así, por qué tenía el nombre de Terezín, por qué un lugar tan lúgubre tenía un nombre tan aristocrático y es porque pertenecía a la emperatriz toda la ciudadela”.

Idiomas contagiosos

“Ahora ya menos porque el checo se ha apoderado de todo mi cerebro, pero cuando estaba aprendiéndolo o intentaba hablar, muchas veces se me colaban palabras turcas que no tienen nada que ver”.

Si bien desde muy chico le atraen a Javier los idiomas, revela que un salto fundamental se dio, en este sentido, durante la pandemia.

“Pues estaba todo el día en casa, tenía mucho tiempo para aprender y el primer recuerdo que se me viene a la cabeza es de la película El príncipe de Egipto de Disney porque, luego de verla, me dio por aprender hebreo esa semana. Luego llegó el fin de semana y dije: pues ahora ruso y al fin de semana siguiente polaco y pasé toda la pandemia encerrado en casa estudiando cada semana un idioma y luego ya decidí con cuál me quedaba, con cuál no y fui haciendo un poco de muchos idiomas durante mucho tiempo”.

En Hluboká nad Vltavou | Foto: archivo personal

Asegura Javier que él es capaz de aprender en tan solo una semana lo básico de cada idioma: saludar, presentarse y pedir comida. La gran clave, explica, es contar con una buena motivación, que es lo que a él no le faltó, de hecho, para aprender checo. Y entre las cuestiones que más le llamaron la atención del idioma menciona la marca del género en el pasado de los verbos. Por otro lado, le resultan muy interesante los extraños vínculos que se van generando entre los distintos idiomas que domina.

“Ahora ya menos porque el checo se ha apoderado de todo mi cerebro, pero cuando estaba aprendiéndolo o intentaba hablar, muchas veces se me colaban palabras turcas que no tienen nada que ver en cuanto a familia lingüística, pero como estaban ahí, se me venían palabras en turco a la hora de hablar en checo y ahí sí que nadie entendía nada y muchas veces yo lo soltaba y decía esto no es checo, así que pedía tiempo para pensar”.

Una lección de vida en pleno curso de checo

Pavla Poláchová | Foto: Universidad Palacký de Olomouc

Por supuesto, lo que terminó de ayudar a Javier a sacarse el turco del checo fue el curso intensivo que viene de completar en la letní škola de la Universidad Palacký de Olomouc.

“Creo que el curso en Olomouc está genial porque los profesores son maravillosos, luego tienes un montón de actividades, desde workshops hasta charlas, películas, clases de baile, un coro y, aún así, en el tiempo libre, los estudiantes quieren hacer más cosas y los fines de semana hacíamos viajes, entonces también he tenido la oportunidad de conocer mucho de Moravia porque solo conocía Brno”.

Además de haber aprendido muchísimo de checo, Javier revela que también se llevó de Olomouc una lección de vida gracias a la directora del curso, la profesora Pavla Poláchová: todo comenzó cuando, de acuerdo al test de nivel y la entrevista personal posterior, se decidió que asistiera, nada menos, que al nivel C1.

En Olomouc,  con su certificado B2  de checo | Foto: archivo personal

“Pues me fui a la clase más alta y el primer día yo vi que la gente hablaba muy fluido, había muchos polacos y yo dije: no, hasta aquí, me bajo, me bajo. Y pasé al B2 y, a los dos días, dije de nuevo: es que la gente habla muy bien. Yo creo que no sentía que estuviera aprendiendo o no sentía que estuviera al mismo nivel, entonces me quise bajar otra vez y ellos dijeron no, no, hasta aquí, tú puedes y ya me quedé en la clase y, poco a poco, fui entendiendo todo y luego he sacado una buena nota, el examen se me dio bien porque, al final, después de más de un año viviendo aquí, había cosas que sabía decir, pero no entendía la gramática o la lógica detrás; y, entonces, yo quería ir un poco al porqué de las cosas”.

En un árbol de Praga | Foto: archivo personal

Gracias a esa experiencia, Javier aprendió que un poco de incomodidad a veces puede ser el mejor estímulo para esforzarse y aprender. Por otro lado lado, asegura que el hecho de que en pocos días vuelva a España no significa que quiera cortar lazos con el país ni mucho menos con Praga, ciudad a la que describe como el lugar más bonito del mundo y en el que cada día fue descubriendo algo nuevo como, por ejemplo, la tumba de Franz Kafka que, según cuenta, le ha llevado mucho tiempo descubrir, como bastante tiempo y esfuerzo le tomó lo que hoy considera su máximo orgullo del checo: su excelente pronunciación de la ř.

“Parece que fue ayer cuando estaba yo en la cocina de mi casa en diciembre del 2024 todo el rato intentando y no podía hacerlo, y mi madre se reía de mí. Y ahora sí lo puedo hacer: řeka (río), Přerov, no sé... estoy orgulloso. Lo que yo hice fue repetirlo y repetirlo muchas veces y probablemente aprendí primero colocándolo después de una “P” o después de una “T”, que es más fácil: el verbo přijít, la ciudad Přerov, el número tři (tres)... Y si no, si no puedes hacerlo, pues lo puedes sustituir un poco... y suena un poco igual”.

Con su escultura favorita de Praga | Foto: archivo personal