Neil Bermel, el lingüista que dejó el ruso por el checo gracias una profesora que le cambió la vida
¿Qué puede llevar a un académico a dedicar casi tres décadas al estudio de la lengua checa? Neil Bermel comparte la historia detrás de su fascinación por este idioma y reflexiona sobre el futuro de su enseñanza en un mundo dominado por nuevas tecnologías.
Neil Bermel, originario de Nueva York, estudió lingüística en la Universidad Yale y en la Universidad de California en Berkeley, inicialmente con un enfoque en la lengua rusa. Tras ese primer acercamiento a las lenguas eslavas, el catedrático decidió sumergirse en el checo, sin imaginar que lo que comenzó como un posible punto de interés adicional, terminaría convirtiéndose en su especialización académica principal.
Tal es así que en la actualidad enseña Lengua Checa y Lingüística en la Universidad de Sheffield en Gran Bretaña, hace ya casi tres décadas. Bermel se encontraba también entre los participantes del séptimo Congreso Mundial de Bohemística en Praga, realizado a finales de junio de este año. Durante el evento, recibió la Medalla de Josef Dobrovský por sus contribuciones sobresalientes en el área de la lengua, literatura y cultura checa.
Enamorado por casualidad
En este marco, Radio Praga Internacional conversó con el lingüista sobre la razón inicial que lo atrajo al checo, el presente y el futuro del idioma, así como los retos y las oportunidades que ofrece el campo.
“En realidad, hice mi licenciatura en Estudios Rusos y continué hacia el posgrado con la intención de dedicarme al ruso, que era lo que realmente me interesaba. Durante mi primer año, por cómo estaba diseñado el programa, tuve que estudiar checo, como segunda lengua eslava. Mi profesora fue Hanna Gaifmanova. Ella fue verdaderamente inspiradora. Nos alentó a combinar nuestros estudios del idioma con la cultura checa, con lo que hizo de nosotros un grupo de grandes entusiastas. Al final, se puede decir que me terminé ‘convirtiendo’ al checo”.
Aunque Bermel continuó su carrera de posgrado con una disertación centrada en la lingüística rusa, ya entonces tenía la secreta ambición de poder entrelazar sus investigaciones con el checo.
Curiosamente, cuando terminó sus estudios, le llegó una sorpresa alineada con su creciente interés: una vacante en Lingüística Checa se había abierto en la Universidad de Sheffield y la institución se la ofrecía directamente a él. Por supuesto, no dejó pasar la oportunidad.
“Pienso que lo que me atrajo al checo no fue solamente el hecho de sentirme más cómodo con el idioma, sino también la sensación de que, por lo menos en el Oeste, la investigación de estos pequeños idiomas eslavos era un campo abierto. Sentía que había tanto por hacer y descubrir. El ruso ya había sido bien estudiado; en cambio, mientras trabajaba con el checo, sentía que estaba haciendo una contribución mayor”.
Por qué es importante dedicarse al checo
El lingüista también asegura que se sintió fascinado por la gran diferencia morfológica entre el inglés y el checo.
“Creo que a la hora de sumergirse a un idioma como el checo como hablante no nativo, y especialmente como hablante de un idioma como el inglés, que puede ser bastante analítico y aislante, uno se da cuenta de que nuestras palabras no cuentan con grandes variaciones. Luego te topas con un idioma como el checo, que tiene tantas diferentes variantes para cada palabra. Al principio, se siente un poco abrumador. Si eres una persona un poco nerd a la que le interesan este tipo de cosas, y creo que yo soy así, te comienzas a preguntar por qué y cómo funciona esto. ¿Qué información adicional reciben los checos de este material abundante? Creo que este fue el primer impulso que me atrajo al estudio de la variedad morfológica porque no es algo que tenemos tan desarrollado en inglés. Quería comprender por qué se daba este fenómeno”.
Además, Bermel también describió las razones que impulsan a los estudiantes a escoger precisamente el checo para sus estudios universitarios.
“Ocasionalmente, contamos con estudiantes de descendencia checa. No obstante, creo que con el checo este grupo de estudiantes es más bien una minoría. Muchos de estos estudiantes de origen eslavo van a estudiar ruso o polaco. En el caso del checo, la razón más común es cierto interés despertado durante algún viaje a Chequia en la adolescencia o incluso más temprano. A veces, todo está arraigado en el deseo de probar algo un poco diferente”.
Según Bermel, su tarea y la de todos los demás profesores es profundizar el interés inicial de los estudiantes y hacerlos enamorarse del checo a través de la historia, la cultura y la literatura, tal como hizo su profesora de checo con él y sus compañeros hace más de 30 años. Sin embargo, los tiempos han cambiado: en la actualidad, existen herramientas tecnológicas que logran producir traducciones muy precisas en poco tiempo. Sin embargo, lejos de prohibir estos instrumentos, el especialista señala que una de las tareas más urgentes de los enseñantes consiste en encontrar maneras de incorporar la inteligencia artificial a los cursos.
La literatura checa, un motor para aprender
Además de ser un académico destacado, Bermel también se ha dedicado a la traducción, ámbito para el que se requiere una gran precisión y conocimiento de la lengua.
“Creo que cada libro del que me he ocupado es muy diferente. He traducido novelistas como Pavel Kohout, cuyo estilo es bastante complejo. El trabajo con estas largas, complejas y jocosas oraciones, donde trataba de preservar el mensaje original y presentarlo de forma fluida en inglés, fue el mayor reto para mí. Con autores como Daniela Fischerová, fue la simplicidad del texto que nuevamente representó un reto para mí como traductor. Hay que recrear el original de alguna manera para el lector. El trabajo con una memoria histórica, como la de Helga Weissová, es asimismo un reto en el sentido de que el traductor debería asegurarse de que el lector en inglés, quien no está familiarizado con el contexto cultural, todavía pueda entenderla y contar con la misma inmediatez que el lector de la República Checa”.
A pesar de su contribución de tantos años a la lengua y cultura checas, a Bermel aún le cuesta creer que le haya otorgado la Medalla de Josef Dobrovský, reconocimiento al que le atribuye un valor extraordinario. Sin embargo, el académico asegura que no es el premio en sí lo que lo ha conmovido, sino las palabras de afecto sinceras que ha recibido por parte de sus colegas ante esta noticia. Al final, parece, esta historia de amor por la cultura checa es, en realidad, un sentimiento recíproco.








