Chernóbil 40 años después: el silencio y las mentiras de la prensa checoslovaca

La central nuclear de Chernóbil tras la explosión

Sucedió un 26 de abril de 1986. La fecha ha quedado marcada en los anales de la historia como una de sus páginas más oscuras y siniestras. Este domingo se cumplen 40 años del mayor desastre nuclear. Chernóbil marcó el principio del fin del régimen comunista soviético, tanto así que a los pocos años colapsaría todo el sistema. Y en la Checoslovaquia de la época, nada. Primero silencio y luego mentiras.

Chernóbil 2016 | Foto: Vít Pohanka,  Český rozhlas

“Un mundo justo es un mundo cuerdo. No había nada cuerdo en relación a Chernóbil”, dice en algún momento de la miniserie Chernobyl uno de sus protagonistas, Valery Legásov (interpretado por Jared Harris).

Valery Legásov fue un científico valiente que intentó mitigar el inmenso daño causado por la catástrofe de Chernóbil, enfrentándose cara a cara a los jerarcas comunistas de la época. Su lucha fue en vano y hasta se le fue la vida en ella.

Legásov murió en 1988, en el segundo aniversario de la tragedia, pero no de cáncer, que contrajo por su cercanía con la radiación.

Mortalmente enfermo, solo, deprimido e incomprendido, se ahorcó en su pequeño apartamento moscovita, dejando atrás una grabación en la que denunciaba las manipulaciones del régimen soviético para tapar la sarta de mentiras y disparates que desencadenaron la tragedia y su posterior intento de ocultamiento.

Y mientras Chernóbil ardía y arrasaba de paso con el imperio comunista, en la Checoslovaquia de entonces reinaba el silencio. Los medios fingían que no había pasado nada. Y cuando ya no pudieron fingir más, empezaron las mentiras.

Matěj Bílý | Foto: Instituto de Estudio de los Regímenes Totalitarios

El historiador Matěj Bílý, de la Academia de Ciencias (Akademie věd), comenta al respecto en la Televisión Checa que la información sobre la catástrofe nuclear llegaba con cuenta gotas.

“Diría que había muy poca información sobre lo ocurrido en Chernóbil al principio. Cuando los medios checoslovacos empezaron a informar sobre los sucesos, la cúpula del Partido Comunista de Checoslovaquia no la tenía. Al igual que la dirección de otros partidos comunistas del Bloque del Este, fueron informados a través de representantes soviéticos, aunque con bastante lentitud y distancia”.

Esto se debió quizás a una estrategia de desinformación, aventura Matěj Bílý, pero lo cierto es que pronto los medios checoslovacos tuvieron que empezar a informar algo para calmar a la opinión pública. Aunque comenzaron mintiendo.

Chernóbil  | Foto: Vít Pohanka,  Český rozhlas

“Los primeros informes sobre la situación radiológica en Checoslovaquia afirmaban que no se había registrado ningún aumento en los niveles de radiación. Esto ocurrió a finales de abril. En los días siguientes, la prensa y otros medios admitieron que sí se había producido un cierto aumento de la radiación en Checoslovaquia, pero se insistió en que estaba disminuyendo. Lo más llamativo es que no hubo debate entre expertos al respecto, ni información que permitiera a los ciudadanos comprender qué tipo de radiación se había medido en Checoslovaquia y qué significaba realmente”.

Matěj Bílý no había nacido todavía, su madre estaba en la recta final de su embarazo en abril de 1986 y fue advertida por una persona cercana a la familia que no debían creer los informes oficiales. La radiación era mucho peor de lo que admitían las autoridades, prosigue el historiador en la Televisión Checa. La gente se enteraba por la prensa extranjera.

Foto: Radio Prague International

“En general, el ambiente social en Checoslovaquia en 1986 era tal que la información oficial difundida por la prensa, la televisión y la radio carecía de credibilidad. Esto se reflejó, sin duda, también en relación con el accidente de Chernóbil. Es fundamental destacar que la información proporcionada por fuentes oficiales checoslovacas y la información procedente de fuentes no oficiales, ya fuera por rumores o por emisoras de radio extranjeras que transmitían en checo (principalmente Radio Europa Libre o la Voz de América), diferían drásticamente. Escuchar estas emisoras de radio no era, ni mucho menos, un fenómeno marginal en la Checoslovaquia de entonces. Además, la oposición anticomunista exigió en una carta abierta al Parlamento checoslovaco de entonces, una mayor transparencia en la información sobre los sucesos de Chernóbil y mencionó los medios de comunicación occidentales. La información presentada por los medios occidentales contrastaba notablemente con la forma en que las autoridades y los medios checoslovacos informaban sobre Chernóbil”.

Cabe suponer que en los días siguientes, tanto las autoridades estatales como las del partido ya disponían de mejor información sobre la situación radiológica en territorio checoslovaco, y que, en este sentido, estaban mejor informados que la población general. Pero el flujo informativo tardó mucho en llegar.

 Efecto dominó

La tragedia de Chernóbil fue el comienzo del fin del régimen soviético, coinciden ahora los historiadores: la URSS ya nunca pudo sobreponerse y la KBG, el órgano represor estatal, dejaría de ser omnipotente. Un nuevo líder soviético ya popularizaba dos términos que pronto llegaron a ser de uso común: perestroika y glásnost (reestructuración y transparencia). Gorbachov ya impulsaba ambas desde 1985, pero Chernóbil fue un golpe demasiado duro y aceleró todo el proceso. El efecto dominó no tardaría en llegar y pronto todo el bloque soviético se desplomaría.

Empezamos la nota con Valery Legásov y la terminamos con él. Durante muchos años una figura incomprendida y hasta anónima, en 1998 el entonces presidente Boris Yeltsin, intentando hacer la paz con el pasado, decidió concederle, de manera póstuma el título honorario Héroe de la Federación Rusa, por su incansable búsqueda de la verdad, por su coraje y heroísmo en la investigación de la catástrofe de Chernóbil.

“Chernóbil está en llamas y cada átomo de uranio es como una bala, penetrando todo a su paso, ya sea cemento, metal o carne. Chernóbil tiene más de tres trillones de estas balas asesinas, y algunas de ellas seguirán disparando por 50 mil años”, fue la advertencia final de Legásov. Y por supuesto tenía razón.

Autor: Gonzalo Núñez | Fuente: Česká televize
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