Macinka arremete contra Lavrov en la ONU: “Los misiles no son un argumento, sino una prueba del fracaso del agresor”

Petr Macinka

Con una apelación al carácter revelador del paso del tiempo y una serie de preguntas retóricas con cierto aire dylaniano, el ministro checo combinó en su discurso la crítica a Moscú con la intención de reafirmar a Chequia como un defensor consistente de la soberanía ucraniana.

Antes de que comenzara su intervención, hubo un pequeño lapsus de quien lo presentó al anunciar su cargo. Tras ese detalle protocolar que, sin embargo, marcó quizás el inicio de algo ligeramente inesperado, el ministro de Asuntos Exteriores de la República Checa, Petr Macinka, ofreció un mensaje que, en efecto, no sonó del todo como un discurso tradicional. De hecho, desde el primer momento adelantó su intención de aportar algo distinto en el contexto del cuarto aniversario del inicio de la guerra.

Petr Macinka | Foto: © MZV ČR / MFA CZ

“Mucho se ha dicho sobre Ucrania y su situación después de haber sido atacada por Rusia hace cuatro años, y por eso permítanme hoy ofrecer una perspectiva diferente, no para hablar de la guerra, sino para hablar del tiempo. No para hablar de Ucrania, sino para hablarle a Rusia”.

En una intervención que reafirmó la firme postura checa contra la invasión rusa y el apoyo a Ucrania, esa doble antítesis inicial funcionó como antesala de una interpelación directa al jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov. Macinka, sin embargo, no apeló tanto a la recriminación formal de quien se ubica en la vereda opuesta, sino más bien a la necesidad de provocar una reflexión y reclamar una autocrítica que, por ahora, brilla por su ausencia. Y el vehículo para hacerlo fue un mensaje centrado en la pérdida de confianza de la comunidad internacional en Rusia y en los riesgos de una política exterior que, además de constituir una amenaza para el mundo, ha empujado a ese país a un aislamiento cada vez más profundo desde que decidió invadir un Estado soberano.

Serguéi Lavrov | Foto: Shamil Zhumatov,  Reuters

“Me gustaría dirigirme al Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, aunque sé que no está aquí personalmente hoy, pero quizá esto le llegue. Ministro Lavrov, me dirijo a usted hoy no principalmente como un adversario. Me dirijo a usted como alguien que sabe muy bien que ninguna superpotencia gana una guerra contra la realidad. Usted puede controlar temporalmente un territorio, puede controlar temporalmente la narrativa, puede crear y controlar propaganda. Pero no puede controlar el tiempo. Y el tiempo siempre termina revelando quién hablaba de seguridad y quién la estaba desmantelando”.

Con el foco puesto en un elemento poco habitual en este tipo de intervenciones, como es la apelación a la fuerza reveladora del tiempo, la confrontación de Macinka con Lavrov avanzó a través de una serie de preguntas retóricas que parecieron evocar un tanto aquel famoso himno pacifista que escribió Dylan a comienzos de los años sesenta. Solo que ahora, entre tanto viento, lo que siguen faltando son las respuestas.

“Los misiles no son un argumento, considero sus misiles como la admisión material de su propio fracaso. Señor Ministro, la fuerza de una potencia global no reside en su capacidad de iniciar una guerra. La mayor fuerza reside en su capacidad de terminarla. Así que, después de cuatro años, al mundo le gustaría escuchar respuestas simples de su parte: ¿Cómo se ve su victoria? ¿Cuántas ciudades destruidas son suficientes? ¿Cuántas vidas desperdiciadas son suficientes? Porque si la victoria no tiene un final claro, entonces no es una estrategia. Es un cínico piloto automático”.

Foto:  Lev Radin,  Shutterstock Editorial / Profimedia

Con esa acusación directa a Moscú, el ministro checo hizo hincapié en las pérdidas humanas y materiales que el conflicto sigue provocando y cuestionó la manipulación con la que Rusia intenta encubrir su agresión. A continuación, reiteró el deseo de su país de poner fin a la guerra, aunque no bajo las condiciones extremas que, en su momento, pretendió imponer Putin.

“Las guerras no terminan con un simple trazo de pluma. Terminan con la pregunta: ¿por qué? Y un día, no será Ucrania quien responda a esta pregunta. Será Rusia, cuyos héroes una vez lucharon, codo a codo, con las naciones europeas contra el nazismo. Pero hoy, la sombra de una nueva guerra cae sobre su memoria. Así que, señor Lavrov, las grandes naciones pueden sobrevivir a la derrota, pero no pueden sobrevivir a una estrategia que no tiene fin. Usted puede apoderarse de territorio, pero no puede apoderarse del futuro. La historia está llena de potencias que creyeron que el tiempo estaba de su lado, cuando, en realidad, no hacía más que trabajar en su contra. Toda guerra comienza con un plan, pero la suya sobrevive hoy solo porque carecen del valor para admitir que ese plan ha fracasado. Y han pasado cuatro años. Así que el tiempo se está acabando: ha llegado el momento de detener finalmente esta guerra”.

Macinka concluyó su intervención instando a los Estados miembros de la ONU a respaldar la resolución presentada por Ucrania y aseguró que la República Checa votará a favor. Y aunque persisten incógnitas sobre cómo podrían proyectarse, en escenarios políticos más amplios, las posiciones del ministro —recientemente elogiado por Trump tras su intercambio con Hillary Clinton—, su discurso en la ONU combinó una crítica nítida a la conducta de Moscú, a la que situó fuera de los marcos aceptables del derecho internacional, con la voluntad de presentar a Chequia como un país dispuesto a confrontar sin rodeos en defensa de la soberanía ucraniana.

Autor: Juan Pablo Bertazza | Fuente: Radiožurnál
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