“Lo más sorprendente para un checo es que en Brasil no se puede decir que no”

En la inauguración de la primera Plaza de Bohemia en Brasil

Enseñar checo en Brasil exige una entrega que va mucho más allá del ámbito del aula. En Porto Alegre, en Nova Petrópolis y en Batayporã, el trabajo de Matouš Hartman lo lleva a hacer de todo: desde preparar clases hasta cocinar platos tradicionales checos, desde escuchar como un psicólogo hasta resolver problemas inesperados. En la tierra donde Baťa se volvió leyenda, este joven checo descubrió que poder vivir esa mezcla de desafíos fue una de las mejores decisiones que tomó en su vida.

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“Estoy súper feliz, fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida”.

Matouš Hartman | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Así define Matouš Hartman su labor como profesor de checo en Brasil, un trabajo distinto y muy interesante que realiza desde hace cuatro años en Porto Alegre, Nova Petrópolis y Batayporã. Pero ¿qué implica exactamente formar parte de ese valioso programa que ofrece el Estado checo y que consiste en enviar profesores a los países del mundo donde existen comunidades checas para enseñarles el idioma?

“Es un trabajo muy, muy variado, haces un montón de cosas: desde reparar un grifo que no funciona bien hasta hacer de cocinero porque cocinar es algo que les encanta, pero también hay algo de psicólogo porque, de vez en cuando, comparten contigo sus vidas e historias familiares y tú tienes que escuchar y responder”.

Charla sobre la enseñanza de checo en Brasil en el marco de los 20 años del programa | Foto: Archivo personal de Matouš Hartman

Utopenec vegetariano

Taller de utopenec en Nova Petrópolis | Foto: Archivo personal de Matouš Hartman

Semejante variedad implica, por supuesto, no solo el acto de enseñar sino también un aprendizaje constante que muchas veces rompe los esquemas y obliga a improvisar, ya que, explica Matus, no todo sale como uno lo espera, como ocurrió la vez que se reunieron para cocinar la tradicional salchicha en vinagre checa, mejor conocida como 'utopenec'.

“Y hubo un estudiante que, en la jarra, puso solo la cebolla y yo le dije: ‘pero, ¿por qué pones solo la cebolla? Tienes que poner también la salchicha. Y él sonrió y me respondió: ‘pero yo lo quiero vegetariano’. Y, entonces, yo pensé: ‘por qué no, por qué no’. Entonces hay que saber trabajar con la situación actual. Entonces tuvimos treinta jarras de utopenec normal y una jarra de utoponec vegetariano”.

El resultado del taller de utopenec | Foto: Archivo personal de Matouš Hartman

Golem a la carta

Habituado a asistir en Chequia, desde que era niño, a distintos cursos de arte gratuitos o super accesibles, Matouš  se dio cuenta de que los brasileños no contaban con esa posibilidad ya que muchos de esos cursos existen pero suelen ser muy costosos. Por eso decidió ofrecer también un taller de arte que se volvió tan popular que lo realizaron personas de nueve a setenta años.

Clase de arte en Batayporã | Foto: Archivo personal de Matouš Hartman

“Y una vez se me ocurrió presentarles al Golem porque nadie sabe en realidad qué es esa entidad y tenemos una representación que está basada en las populares películas de la década del 50, pero es posible que el Golem haya sido distinto a eso, entonces sin mostrarles la representación visual checa sobre el Golem, leímos una versión corta de la leyenda y después ellos tuvieron que dibujar cómo se lo imaginaban para luego construir también una figura a base de barro y muchos se inspiraron en lo que habían visto en Stranger things, y salió muy bien”.

Entender las declinaciones

Diplomas de final de semestre | Foto: Archivo personal de Matouš Hartman

Desde casi el inicio de su experiencia en Brasil, Matouš  abrió una cuenta de Instagram en la que va subiendo distintos contenidos sobre sus clases y talleres porque descubrió que es un canal de contacto increíblemente popular en ese país. Y si bien reconoce que no es fácil enseñar en poco tiempo un idioma como el checo, asegura que los métodos que se utilizan en la enseñanza actual son mucho más eficaces, como sucede, sobre todo, con el gran fantasma del checo: las declinaciones.

“Yo creo que ya todos los profesores que enseñamos checo, enseñamos más bien por el uso; es decir: que el acusativo son las cosas que tomas, que bebes, que comes, que tienes. Así ellos pueden entender que se utiliza en determinada situación. Es más comunicativo porque los hablantes de portugués y español no cambian como nosotros los sustantivos de acuerdo al caso gramatical, entonces no puedes explicarlo como lo estudiamos nosotros en las escuelas checas. Tienes que explicar cómo se utiliza la declinación y después puedes añadir más y más usos, así ellos van, poco a poco, aprendiendo cómo funcionan los casos. En Batayporã, tengo una estudiante de la familia Baťa que me dijo que conmigo por fin entendió cómo funcionan los casos, las declinaciones. Entonces, esto fue para mí una recompensa grande porque ella se dio cuenta básicamente para qué sirve; porque hay gente que quizás dice: ¿por qué no usan solo una preposición y ya?’. Pero así es como funciona el checo: el español tiene subjuntivo, yo también sufrí con el subjuntivo, entonces ¡ustedes tienen que sufrir con las declinaciones!”

Taller gastronómico de zetas en Nova Petrópolis | Foto: Archivo personal de Matouš Hartman

Baťa, el checo que llegó más lejos

Cuenta Matouš  que otro de sus alumnos, que también es descendiente de la familia Baťa, le contó una vez que una de sus abuelas tenía una receta para hacer svíčková a la brasileña con tomate en lugar de algunas verduras muy difíciles de encontrar. Se trataba de una receta que se fue extendiendo por buena parte de la comunidad checa en Brasil durante la Segunda Guerra Mundial y lo interesante es que ese pequeño sincretismo entre ambas culturas gastronómicas muestra a las la importancia que tuvo en ese colectivo aquel célebre apellido.

“La de Baťa fue una empresa que creció súper rápido, que operaba en todo el mundo y su esplendor se convirtió en una especie de leyenda”.

Matouš Hartman

“En Brasil hay cuatro ciudades fundadas por los Baťa, tres de ellas con su nombre: Batayporã, donde trabajo; Bataguassu y Batatuba, donde estuvo la fábrica de zapatos. Batayporã es la última ciudad fundada y la que conserva mayor presencia checa. Allí se realiza el Chequia Week, que busca recuperar la historia de la fábrica cerrada en los años 60. En el extremo sur de Brasil, en Porto Alegre, llegó tras la Segunda Guerra Mundial una inmigración checa que huía del comunismo. Y en la región montañosa de la Serra Gaúcha, en Nova Petrópolis, existe otra inmigración interesante: descendientes de personas que llegaron alrededor de 1875 desde la región de Liberec y Jablonec, dentro de un programa brasileño que buscaba atraer inmigrantes de Europa Central para poblar el sur sin trabajo esclavo. Esas familias debían crear pequeñas haciendas al estilo centroeuropeo, una idea impulsada por Leopoldina, emperatriz de Brasil y miembro de los Habsburgo. Por eso aún hoy la zona conserva un aire europeo en la arquitectura y en la organización de la propiedad de la tierra. Los inmigrantes provenientes de tierras checas, que hoy se identifican como bohemios, fundaron tres pueblos que actualmente forman parte de Nova Petrópolis. Todo esto está narrado por Markéta Pilátová en su libro de ficción Hnízda (El nido). Pero volviendo a los Baťa, los checos están fascinados por ellos y yo creo que, recién allá en Batayporã, me di cuenta por qué. Fue una familia que consiguió hacer cosas que otras familias no consiguieron: si ves la historia de Checoslovaquia, muchas familias tienen, entre sus antepasados, alguna persona que trabajó para la empresa Baťa. Incluso en Batayporã hay un segmento de turismo de personas que viajan hasta allí para conocer la ciudad de los Baťa. Fue una empresa que creció súper rápido, que operaba en todo el mundo y su esplendor se convirtió en una especie de leyenda. Y yo creo que es por eso que a los checos nos fascina tanto. Y siempre cuando cuento que enseño a los Baťa todo el mundo me pregunta: ‘¿Y cómo son?’ Si lo comparas con otras personalidades de la historia checa, la verdad es que pocas personas llegaron a un nivel tan alto de fama mundial, como los Baťa”.

Con Susi Obal de Liberec,  la checa de más edad viviendo en Brasil con 91 años | Foto: Archivo personal de Matouš Hartman

Cómo decir “no” sin decir que no

“Los brasileños son súper amables y hablan todo el tiempo contigo, eso es algo muy sorprendente para un checo”.
Matouš Hartman

Por supuesto en estos cuatro años que Matouš  lleva trabajando y viviendo en Brasil descubrió tantas semejanzas como diferencias culturales que le llamaron la atención, pero entre todas ellas hay una que lo sorprendió especialmente y está seguro, a su vez, de que sorprendería a casi cualquier checo que conozca con más profundidad la sociedad brasileña.

Junto a la reina y André Haiske,  fundador de la Asociación Checa | Foto: Archivo personal de Matouš Hartman

“No puedes decir ‘no’. Eso es algo muy mal visto y los checos estamos acostumbrados a decir ‘no’: ‘no’, ‘esto no me gusta’, ‘vamos a hacer otra cosa’. En Brasil no puedes decirlo, en Brasil tienes que buscar otras palabras para no tener que decir un ‘no’. Y al principio yo no lo sabía. A ver, yo conocía un poco Brasil, pero no sabía que no podía decir ‘no’. Entonces, poco a poco, descubrí que tenía que decir, por ejemplo: ‘ay, no sé, vamos a ver’ y tal. Entonces, ya aprendí algunas formas de decir ‘no’ sin decir que no. Y otra cosa: los brasileños son súper amables y hablan todo el tiempo contigo, eso es algo muy sorprendente para un checo. Por ejemplo, si vas al correo, te ayudan en todo. Aquí si vas al correo y no tienes todo preparado, te miran mal. Hace poco tuve que enviar una cosa y no sabía exactamente cómo hacerlo y además no tenían un sobre que yo necesitaba; pero la chica que atendía resolvió todo por mí. Y lo hizo todo con una sonrisa y atrás de mí había una fila llena de gente, pero a ella no le importaba, eso es algo que yo valoro mucho de Brasil porque ellos saben ayudarse el uno al otro”.

Expofest Ijuí el evento multiétnico más grande de Brasil,  con participación checa | Foto: Archivo personal de Matouš Hartman