El monasterio de Plasy, hogar sobre el agua de los monjes blancos que se adelantaron a su tiempo
El monasterio cisterciense de Plasy, en la región de Pilsen, se asienta sobre un sofisticado sistema hidráulico con más de cinco mil pilotes de roble y conserva testimonios únicos de la vida de los llamados monjes blancos, desde su célebre farmacia barroca hasta su antigua prisión monástica.
En la localidad de Plasy, región de Pilsen, se alza uno de los complejos monásticos más singulares del país. El monasterio cisterciense, fundado hace casi 900 años, destaca por su arquitectura barroca y, sobre todo, por el extraordinario sistema hidráulico sobre el que descansa, cuyo funcionamiento explicó a la Radio Checa Pavel Duchoň, encargado del monasterio.
“Estamos en el edificio del convento del monasterio de Plasy. Ahora nos encontramos en los propios cimientos de la construcción barroca, junto al espejo de agua de control, donde hasta hoy se revisan cuatro veces al día el nivel, la temperatura y la calidad del agua. Debemos vigilar su rango para que no haya ni demasiada o poca. El dato clave es que no puede superar los 70 centímetros. Ahora vemos que no los supera, así que todo está en orden”.
Los cistercienses fueron conocidos por su capacidad para trabajar con el agua. En Plasy levantaron un sistema único apoyado en 5103 pilotes de roble. Una solución técnica que todavía hoy asombra a los visitantes que participan en los recorridos especiales dedicados a descubrir este hito de la ingeniería.
Los monjes blancos
En el interior del monasterio, el silencio parece conservar ecos del pasado. En una de las salas cuelgan hábitos blancos, idénticos a los que vestían los religiosos que vivieron aquí durante siglos, como afirma la guía del monasterio, Monika Tuková.
“Es una sala que forma parte del recorrido y aquí presentamos a los visitantes los hábitos monásticos. Son túnicas blancas; tenemos unas 20. En la época del monasterio podían llegar a colgar hasta 60, lo que corresponde aproximadamente al número de monjes que vivían aquí entonces. Son túnicas completamente blancas. Los cistercienses eran conocidos como los monjes blancos y este es su atuendo ceremonial”.
El monasterio también disponía de espacios para el tiempo libre. Entre ellos se conserva una sala que en su día funcionó como salón de billar, afirma la guía.
“Se conserva una sala que era el salón de billar, así que aquí tenían una mesa. Según los inventarios conservados, la mesa tenía paño blanco y contaba con 11 tacos, de modo que podían jugar quizá hasta 11 personas. Era una estancia que podían visitar en su tiempo libre”.
Castigos ejemplares
Pero no todo era serenidad y descanso en el monasterio. El complejo también contemplaba la posibilidad de que aquí se produjeran eventos menos pacíficos, lo que llevó a sus creadores a construir, también, un espacio de aislamiento. El tiempo probaría que esta previsión fue muy acertada.
“Ahora hemos entrado en las celdas de separación, es decir, en la prisión. Sin embargo, tenemos constancia de que estas tres salas se utilizaron solo una vez. En el informe que se ha conservado se habla de dos monjes que querían asesinar al abad. El plan se descubrió durante la fase de los preparativos y fueron encarcelados”.
Adicionalmente, el espacio incluye una fosa de aproximadamente tres metros y medio de profundidad, que según explica Duchoň, sirvió como castigo adicional en alguna ocasión.
“Tenemos testimonios de que cuando un monje se oponía especialmente a las órdenes del abad era atado a una escalera y bajado a esta celda. Quedaba sumergido hasta la cintura en agua que tiene constantemente unos 8 grados —es agua procedente de debajo de los cimientos del edificio— y se cerraba la abertura con una piedra durante un tiempo. Luego era sacado de nuevo a la mazmorra y allí cumplía el resto de la pena”.
La celda disponía incluso de un mecanismo para entregar la comida sin contacto directo, de modo que la persona encarcelada permanecía completamente aislada.
Una farmacia famosa en toda Europa
A pesar de estos puntos oscuros, el monasterio se destaca, en realidad, por otros de los elementos que nada tienen que ver crímenes, desobediencia o castigos. En efecto, uno de los elementos más singulares del complejo fue su farmacia barroca, una construcción que no apareció en otros lugares ocupados por los cistercienses. En esta farmacia se elaboraba un compuesto milagroso para la salud que llegó a ser conocido por toda Europa, según cuenta Tuková.
“En Plasy, en la época barroca, surgió una farmacia bastante famosa donde se elaboraba el llamado polvo de Plasy. Era un remedio para problemas digestivos, popular por su sabor dulce. El polvo de Plasy se convirtió en un fenómeno en toda Europa, se exportaba a lugares lejanos. Su producción se terminó cuando el monasterio dejó de funcionar”.
Hoy, casi nueve siglos después de la llegada de los cistercienses, el monasterio de Plasy sigue asombrando por la armonía entre espiritualidad, ingeniería y disciplina que marcó la vida de los llamados monjes blancos. Mientras el agua continúa fluyendo bajo sus cimientos de roble y la antigua farmacia recuerda la fama europea del polvo de Plasy —cuya receta, nunca hallada, mantiene intacto su misterio—, el recinto abre sus puertas a nuevos visitantes. En la actualidad se ofrecen varios recorridos, incluidos aquellos dedicados al sofisticado sistema hidráulico, que requieren reserva previa. Así, entre ecos de silencio monástico y soluciones técnicas adelantadas a su tiempo, Plasy revela una historia de fe e ingeniería cuyos pasos todavía se pueden ver sobre el agua.
Relacionado
-
Conozca las regiones de Chequia
Praga es la ciudad más famosa y atractiva de la República Checa. Pero Chequia es mucho más que solo Praga.








