La vida actual de un monje en Praga: “Una vez mi madre me preguntó si durante el día hacía algo”
Desde el convento dominico de San Gil, en pleno corazón de Praga, el monje Metoděj Němec reflexiona sobre lo que significa vivir hoy como fraile: entre rezos y traducciones tomistas, adicción a los móviles, los prejuicios del entorno y una inesperada pasión por el fútbol.
Aunque Metoděj Němec recuerda que cuando era niño se le cruzó por un momento la idea de ser sacerdote, asegura que hubo un largo período en su vida, entre fines del secundario y comienzos de la universidad, en el que no practicó para nada la religión.
“Después empecé a ir a misa con frecuencia en Brno, en una iglesia dominicana. Y allí fue que empezó a rondarme la pregunta: si no debería entregarme al Señor en el servicio como sacerdote religioso. Y dado que en Brno ya conocía a algunos dominicos, eso me fue orientando hacia esa orden. Así que diría que fue en ese momento: era más que maduro y había terminado la universidad”.
De Santo Domingo a Amadeus
Si bien Santo Domingo era español, los dominicos surgieron en el sur de Francia, cerca de Toulouse. Una década después, hacia 1225, llegaron a tierras checas con la creación de su primer monasterio junto a la iglesia de San Clemente, en una zona que los jesuitas transformarían en el siglo XVI en el célebre Klementinum. Más tarde, se acercaron al entorno del Puente de Carlos y luego a Malá Strana, donde establecieron el convento de Santa María Magdalena, suprimido en 1783 por Josef II. Hoy ese edificio alberga el Museo Checo de la Música, justo en diagonal al Niño Jesús de Praga. Actualmente, los dominicos están en plena Ciudad Vieja, en el convento junto a la iglesia de San Gil, en la calle Husova, precisamente donde se filmó la escena del casamiento de Mozart en Amadeus.
“Hoy somos una pequeña comunidad de hermanos, apenas unos 30, pero nuestra misión sigue siendo la misma. Fuimos fundados para anunciar el Evangelio, proclamar la auténtica doctrina católica para la salvación de las almas y la gloria de Dios. Es decir, el objetivo siempre es Dios, pero el dominico es aquel que, por amor a Dios, transmite la verdad católica desde la riqueza de su contemplación, para que el mayor número posible de personas se acerque al Señor y Él se glorifique en ellos como salvador personal”.
Rezo con vos
Metoděj considera que algo muy característico de la orden es el hecho de trasladar el apostolado a la vida urbana. De hecho, explica que surgió en un momento clave en el que civilización europea comenzaba a concentrarse en las ciudades, y eso, en el ámbito monacal, trajo como novedad a dos órdenes mendicantes: la de los franciscanos y la de los dominicos. La gran novedad radicaba en que, mientras los monjes más tradicionales vivían en forma aislada y autosuficiente fuera de la ciudad, a partir de San Francisco y Santo Domingo surgió la idea de orar, pero ya dentro de las ciudades.
“Lo que me gusta de nuestra orden es que, por un lado, nace de la clásica tradición monástica—tenemos oración coral, contemplación y estudio—pero todo eso se vierte en la predicación. Me parece una forma de vida preciosa. Santo Tomás de Aquino decía que la vida contemplativa es la más elevada, pero que cuando uno comparte algo desde la plenitud de la contemplación, eso es aún más valioso que guardárselo solo para sí mismo. Él decía que es mejor no solo brillar, sino además irradiar; así que no solo contemplar, sino también enriquecer a otros a partir de esa contemplación”.
Por otro lado, es interesante en estos casos el contraste de miradas que existen dentro de los monasterios y fuera de ellos. Metoděj tiene la impresión de que mucha gente piensa que los monjes no hacen absolutamente nada, incluyendo entre esa gente a miembros de su propia familia.
“Hay personas que piensan que todos nosotros somos pedófilos o unos oscurantistas”.
Metoděj Němec
“Recuerdo, por ejemplo, que cuando entré al noviciado en Olomouc, mi madre me preguntó si hacía algo durante el día. Y sin embargo, la vida es aquí extraordinariamente exigente: uno se levanta muy temprano y ya comienza orando, luego vienen otras obligaciones. Hay muchos momentos a lo largo del día en los que debemos reunirnos para la oración o para comidas comunitarias y cosas por el estilo. Luego, hay personas que tienen otras… deformaciones y piensan, por ejemplo, que todos nosotros somos pedófilos, o que somos unos oscurantistas que no aman el mundo moderno, ni a las personas que lo habitan, o que impedimos la felicidad de la gente, o algo así”.
El sonido del silencio
Metoděj es un intelectual de gran profundidad, formado en dos disciplinas tan disímiles como la arquitectura y la teología. A través de numerosas conferencias —muchas disponibles en YouTube— aborda temas fundamentales del cristianismo, como el significado redentor de la cruz. Lejos de limitarse al estudio académico, comparte generosamente sus conocimientos con diversas comunidades, promoviendo el encuentro personal y el diálogo directo. En ese sentido, se muestra especialmente crítico con una de las marcas más visibles de nuestra época: el uso excesivo del teléfono móvil, que considera un obstáculo para la comunicación genuina.
“Yo siento que hoy se libra una batalla por la realidad y es clave que el alma no se deje abrumar por el mundo digital, por el barro digital. Porque eso, en realidad, la aisla de la realidad, la distancia de las personas reales, de mis hermanos y hermanas, de la realidad que nos rodea, de la arquitectura hermosa, del arte verdadero. De realidades como puede ser un buen libro y, sobre todo, de Dios”.
Aunque entiende que el móvil sea hoy una herramienta casi indispensable, lo que dice es que sería bueno complementar su uso con cierta espiritualidad, y sin perder tanto contacto con lo real. En concreto, lo que le preocupa es cuando en una reunión entre varias personas todas miran su propio móvil en lugar de interactuar. En ese sentido, propone que un buen contrapunto a ese exceso puede ser la meditación y un poco de silencio.
Fútbol, deporte divino
Metoděj nació en Zlín pero creció en Brno y además de consagrar su vida a Dios y la teología, se desempeña también como traductor, una de las consecuencias de lo que fue un período muy importante de su vida que tuvo lugar nada menos que en el país que dio origen a su orden monacal.
“Pasamos seis años en Francia estudiando en Burdeos y Toulouse. Y allí, por supuesto, tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre teología y de meditar en lengua francesa. Así que me gusta leer teología en francés y aún más en latín, así que también traduzco del latín. Pero lo que más me gusta es leer, traducir y descubrir la riqueza teológica que se encuentra en nuestro hermano Santo Tomás de Aquino, así que mis traducciones se han centrado mucho en esa escuela mística”.
Ahora mismo, Metoděj está embarcado en una extensa traducción del Comentario a la Epístola de los Romanos de Santo Tomás de Aquino que calcula que recién terminará en un par de años. No solo por el esfuerzo que demanda la traducción en sí, sino también por las dificultades que tendrá el aparato de notas, anexos y estudios introductorios. Además de ser una pasión en sí misma, la traducción es para él otra vía para acercarse a lo que considera lo más importante.
“Sé con certeza que puede sonar como un cliché, pero lo más importante es el Señor. Ya sea por lo que nos enseña la metafísica, la fe católica o incluso mi experiencia personal: la vida sin el Señor no tiene sentido. No está encaminada correctamente. Y solo Él le da a todo su verdadera sustancia: si una persona tiene al Señor y trata de seguirlo, entonces todas las demás cosas ocupan el lugar correcto: la familia, la amistad, las relaciones, el fútbol, la cerveza. Todo eso está bien. Siempre que, en última instancia, se relacione con Dios. Cuando no se tiene al Señor, esas cosas se desmoronan. Se convierten en ídolos”.
En lo que respecta al fútbol, Metoděj no solo lo practica con entusiasmo y regularidad, sino que además su habilidad en la cancha sorprende a quienes lo conocen, y muchos de sus amigos coinciden en que el fútbol podría haber sido otro camino viable para él, si la vida lo hubiera llevado por otros rumbos.
“Me encanta el fútbol y juego en la selección checa de sacerdotes”.
Metoděj Němec
“Es un deporte por el que siento una gran pasión. Y eso que no tuve la posibilidad de jugar de niño en algún club porque mi padre tenía otra idea, quería que hiciera otro deporte y practiqué otros deportes que no me gustaban. Pero siempre jugué fútbol en la calle con amigos, cuando tenía tiempo libre o en educación física. Y me encantaba. Así que también ahora lo disfruto mucho, cuando simplemente juego con sacerdotes, por ejemplo, en la selección checa de sacerdotes”.
Esa otra selección checa es un equipo compuesto por sacerdotes católicos que participan en encuentros amistosos y torneos internacionales junto a sus pares de países como Polonia, Italia y Eslovaquia. Por supuesto el objetivo de esas competencias no es solo deportivo, sino también pastoral. Aclara Metoděj que aunque a él le gusta mucho más jugarlo que verlo, en su comunidad la mayoría simpatizan por el Slavia de Praga y, cada tanto, ve con ellos algún partido. Es que el fútbol tal vez no salve almas, pero no hay dudas de que es capaz de unir corazones.









