Hedvika Vydrová: la traductora del Che Guevara, el guerrillero cortés

Recibiendo una distinción de la rectora de la Universidad Carolina de Praga Milena Králíčková

Referente ineludible del hispanismo checo, la profesora y traductora Hedvika Vydrová revela en esta entrevista sus comienzos con el idioma español y el giro decisivo que supuso en su vida haber trabajado durante un año en La Habana como intérprete del Che Guevara, una figura siempre interesante, carismática y controversial de cuyo nacimiento se cumple este sábado un nuevo aniversario.

Recibiendo una distinción de la rectora de la Universidad Carolina de Praga Milena Králíčková | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

¿Cómo una joven checa que ni siquiera era de Praga logró, en plena etapa comunista, abrirse camino hasta convertirse en una de las máximas figuras del hispanismo en su país? Hedvika Vydrová no solo dirigió el Instituto de Estudios Románicos de la Universidad Carolina, sino que también tradujo al checo a autores fundamentales como Julio Cortázar y Juan Carlos Onetti. Su trayectoria, marcada por una profunda vocación y una perseverancia inquebrantable, le valió en 2003 la Orden de Isabel la Católica por su contribución a la difusión de la cultura hispánica.

“Es una buena pregunta porque yo hice mi bachillerato en 1956, y los años cincuenta aquí fueron tremendos, había ejecuciones y yo estudiaba en la ciudad de Jaroměř en el este de Bohemia cerca de la fortaleza Josefov, donde vivíamos con mi familia porque mi padre era militar”.

En todo caso, una posible respuesta a ese interrogante tiene que ver con las particularidades de su familia y, sobre todo, con el francés, idioma que suele servir de intermediario entre dos universos aparentemente tan distantes como el checo y el español.

Hedvika Vydrová,  una leyenda del hispanismo checo | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“La única lengua extranjera era el alemán porque existía la Alemania democrática, el campo socialista, todo lo otro estaba prohibido. Pero mi padre tenía una biblioteca privada, la teníamos en casa, había muchos libros, y él tenía preferencia por los clásicos franceses, no sé por qué, pero él empezó a estudiar francés por los libros franceses que leía en traducciones checas y es cierto que en el comunismo se publicaban muchos libros y entre ellos algunos realmente buenos”.

Hedvika Vydrová,  la gran hispanista que tradujo al Che Guevara | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Español: el idioma prometido

A esa joven curiosa que era Vydrová le pasó algo similar a lo que cuenta de su padre: desde muy chica sintió curiosidad por saber cómo se pronunciaban, por ejemplo, los nombres de los personajes de las obras clásicas de la literatura francesa que leía en checo y esa curiosidad se fue haciendo cada más fuerte hasta que un día decidió estudiar francés.

“Pero, ¿dónde? No se daba en la escuela, había que encontrar una mujer que lo hacía en secreto, daba clases de francés, pues yo empecé a estudiarlo y después cuando estábamos llenando los formularios de la escuela superior, pues yo puse francés en la Facultad de Filosofía de Praga y tenía un profesor de checo y literatura checa que era excelentísimo, que no nos daba la propaganda sino que con él hablábamos de literatura checa y descubríamos cosas que no hubiéramos sabido nunca; y cuando le dije eso del francés me dijo: ‘bueno, excelente, pero ¿por qué no te pones con el español? El francés va a decaer y el español va a ser el idioma mundial’, y tuvo razón”.

Ese profesor se llamaba Alexandr Ort y era un bohemista de la región de Hradec Králové, una figura tan culta como audaz que, según recuerda Vydrová, se las ingeniaba para hablar siempre de literatura checa en un contexto donde las prohibiciones eran un campo minado. Recuerda que en la Biblioteca Municipal empezó a estudiar sola con un manual escrito por un exiliado comunista español y gracias a ese profesor comprendió que era posible estudiar, al menos durante un tiempo, francés y español en simultáneo.

Anežka Charvátová | Foto: Radio Prague International

Sin embargo, cuando llegó a cuarto año tuvo que decidir entre uno de los dos y ahí ganó el español. Emblema del hispanismo checo y formadora, a su vez, de grandísimos referentes como la traductora Anežka Charvátová, Vydrová recuerda que, ya en el siglo XIX, se traducían al checo varias obras españolas, sobre todo de teatro y poesía. Sin embargo, ella asegura que el entusiasmo de los checos por la cultura hispana, que se sigue evidenciando aún hoy, es bastante más reciente y responde, sobre todo, a un motivo que, en su opinión, puede llegar a decepcionar un poco a los hispanos.

“Se lo puedo explicar, aunque a lo mejor no le va a gustar tanto: yo creo que nosotros queríamos, por lo menos una parte, porque siempre una parte de la nación quiere alguna cosa y otra no, una quiere avanzar y otra quiere quedarse ahí donde está, es lo mismo ahora. Y los que querían avanzar querían desprenderse un poco de la influencia alemana porque lo alemán era lo que dirigía todo desde el imperio autrohúngaro, pero claro: había muchos autores alemanes, austríacos traducidos y el alemán era la lengua común y corriente aquí, pues traduciendo a las literaturas de otras lenguas y lugares del mundo nos estábamos alejando, al menos un poco, de lo alemán y de lo austríaco. También es bueno saber que los que traducían empezaban a difundir a la vez la lengua checa, que era la lengua de los campesinos y de la gente pobre de la ciudad; pero los más ricos y también los letrados hablaban en alemán o en latín”.

Cuando pa' Cuba me voy

La novela de Abel Posse sobre la estadía secreta de Guevara en Praga

Según Vydrová, los checos tienen una sólida tradición en traducción, impulsada en parte por la necesidad de aprender otros idiomas para mantenerse al tanto de las tendencias en literatura y pensamiento global. Un reflejo de esta vocación es el prestigioso premio Josef Jungmann que se otorga cada, hace más de tres décadas,  a la mejor traducción literaria al checo. Es decir que en Chequia, la traducción no ha sido solo una herramienta lingüística, sino también una forma de ampliar horizontes, algo que ella misma experimentó de forma decisiva tras un episodio puntual que, inesperadamente, le cambió la vida.

“En un seminario vino el jefe de cátedra y nos preguntó: ¿les gustaría pasar un año en Cuba? Y lo miramos como a un loco porque lo que decía sonaba muy raro, y le preguntamos si estudiando y dijo: ‘no, trabajando’. Y yo lo primero que me dije fue quieren que trabajemos con el azúcar, pero no, el tema era que la Unión Soviética ofrecía ayuda a la revolución cubana mandando a sus especialistas que, en realidad, no eran especialistas en nada”.

“El Che era muy guapo, yo tenía 21 años y me gustó, pero lo que no me gustó fue traducir las cosas absurdas de esos supuestos especialistas checos que querían enseñar a los cubanos de economía planificada.”

Hedvika Vydrová

Recuerda Vydrová que, de ese modo, se le presentó la inesperada oportunidad de viajar a la isla porque, en ese entonces, casi nadie conocía en su país otro idioma que no fuera el checo o un poco el alemán, pero el español no lo hablaba casi nadie, y en ese contexto se dio el gusto de trabajar, durante todo un año, nada menos que como traductora e intérprete del Che Guevara.

“Él en ese momento él dirigía el ministerio de industria, el pobre, porque si a él le interesaba algo no era precisamente la industria, y lo interesante también es que era muy guapo, yo tenía 21 años y me gustó, pero lo que no me gustó fue traducir las cosas absurdas, todo lo que me decían esos especialistas checos que querían enseñar a los cubanos de economía planificada, cuando aquí no había nada mientras que Cuba vivía todavía en el lujo norteamericano, así que ellos no sabían, pero el Che sí que sabía y tenía cierta clarividencia, pero lo trágico es que no la tuvo para su propia persona”.

Uno de los mayores atractivos de su tarea fue comprobar que su nivel de español era excelente, mérito en gran parte del trabajo de los profesores españoles exiliados en Checoslovaquia. Sin embargo, debía soportar los discursos absurdos de esos supuestos especialistas, a tal punto que, en un intento por comprender mínimamente sus planteamientos, llegó a pedirle a su madre —que permanecía en Checoslovaquia— que le comprara un manual de economía socialista. Todo con la esperanza de poder decirle al Che Guevara algo que tuviera sentido.

“El Che Guevara tenía cierta clarividencia, pero lo trágico es que no la tuvo para su propia persona.”

Hedvika Vydrová

“Yo vivía en un hotel de lujo, en el que nunca hubiera vivido si me quedaba aquí, fue divertido, fue divertido, pero al final cuando me iba y se estaba por cumplir el año no había por ejemplo mantequilla, no había leche, no había piezas para los coches norteamericanos que trabajaban como taxis y no había cómo ponerlos en marcha porque ya no había nada”.

Además de la inefable sensación de estar viviendo en tiempo presente un momento histórico con solo 21 años de edad, dice Vydrová que lo más movilizante de esa experiencia fue haber conocido de primera mano el encanto de Guevara.

“Como le digo: me gustó, me pareció que no estaba en el puesto que le convenía y debía hacer otra cosa como en el ministerio de cultura o de salud porque él era médico y eso se olvidó por completo después y, a diferencia de Fidel, nos dejaba con nuestro espacio, no quería meternos en el suyo ni él se metía en el nuestro”.

Hedvika Vydrová,  una figura fundamental del hispanismo checo | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Vydrová asegura que si en algo tuvo razón el Che fue en sospechar de la tensión que existía con Fidel. Y recuerda que, apenas se enteró de que Guevara acompañaría a los guerrilleros en el sureste de Bolivia, tuvo la intuición de que ese sería su final. En efecto, esa zona ubicada en las últimas estribaciones de la Cordillera de los Andes, se convirtió en epicentro de su posterior captura y ejecución en La Higuera el 9 de octubre de 1967. Lo que provocó ese mal presentimiento en Vydrová fue la nacionalidad del Che Guevara, ya que como argentino estaba acostumbrado a un paisaje muy distinto, y también el hecho de ser una persona tan culta y letrada, tal como descubrió durante el tiempo que ella trabajó con él.

“¿Cómo decirlo? El hubiera podido decirles ya desde el comienzo a esos ‘especialistas’ que lo que decían no tenía ningún sentido, no lo dijo, se portaba muy cortesmente el guerrillero, me divertía, pero luego empezó a molestarme porque no tenían ninguna cintura y yo era la mediadora que le traducía al español y, claro, aprendí los términos económicos pero ellos no eran economistas teóricos, sino de las fábricas, es decir, los que piensan cómo compramos esto para poder venderlo ahí”.

Protegida por el Che

Che Guevara en Praga | Foto:  Tajné akce STB: Akce Manuel/Česká televize

Hoy se sabe que, muy poco antes de morir en Bolivia, el Che Guevara estuvo de incógnito en Praga, tal como cuenta la novela Los cuadernos de Praga de Abel Posse. Guevara llegó a Checoslovaquia en marzo de 1966, después de su fallida misión en el Congo, se alojó en un apartamento secreto en la actual capital checa, evitando el contacto con los servicios de inteligencia locales. Durante su estancia trabajó en la reorientación de su estrategia revolucionaria y en julio de 1966 dejó Praga y se dirigió a Cuba, antes de partir hacia Bolivia.

Che Guevara en Praga | Foto: Tajné akce STB: Akce Manuel/Česká televize

Vydrová asegura que ni siquiera ella sabía de esa estadía porque, en aquel momento, se encontraba bien vigilada por las autoridades comunistas, quienes le impedían tener contacto con cualquier rincón del mundo español o iberoamericano que no estuviera comprometido con la causa revolucionaria. Sin embargo, dice que el hecho de haber trabajado un año con el Che le dio cierta inmunidad al regresar a Praga y terminar sus estudios con una tesis sobre su admirado José Martí, incluso porque ellos se daban cuenta de que había vuelto muy entusiasmada con Cuba y con la revolución cubana, aunque eso no significaba, por supuesto, que estuviera de acuerdo con las ideas que imperaban, por ese entonces, en su propio país.

“Y no me echaron de la universidad porque cuando se terminó la primavera de Praga con la llegada del ejército del Pacto de Varsovia, lo cual se llamó ayuda fraternal, se hicieron reuniones entre los fieles al régimen anterior y se evaluaba si podían seguir en la facultad o no y lo fundamental era la pregunta: ¿qué te parece la llegada del ejército? Muy bien, ¿no? Para combatir la contrarevolución. Y yo dije: ‘no, primero que no hubo ninguna contrarrevolución y, segundo, los que han venido no nos han traído más que desengaño y va a ser peor, así que no, no era ninguna ayuda fraternal, era la invasión y la ocupación”.

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