Dos días en la vida nunca vienen nada mal: el sueño cumplido de Marita, la argentina que pudo conocer a su familia checa
La argentina María Ester Kulhnek, descendiente de checos, cumplió su sueño de viajar a la tierra de sus ancestros en una aventura maravillosa. Con más de sesenta años, emprendió el viaje acompañada por dos grandes amigas y vivió un emotivo encuentro sorpresa con su familia checa. En diálogo con Radio Praga Internacional, comparte ese momento tan único como inolvidable que atesorará por siempre.
Mientras, en plena pandemia, el mundo quedaba paralizado, la argentina María Ester Kulhnek, conocida como Marita Kulhánková, logró empezar a retomar el contacto con sus raíces checas al estudiar el idioma, gracias a un programa gratuito de enseñanza que el Estado checo organiza en Argentina. Su interés por la ciudadanía checa, por el momento estancada debido a una antigua ley de Checoslovaquia, la llevó, sin embargo, a conectar con la comunidad checa local, donde descubrió la posibilidad de aprender las tradiciones y conocer a otros descendientes en su misma situación. Así comenzó a gestarse su sueño de reencontrarse con su familia en Chequia, con la que había perdido todo contacto.
Un sueño que, por su intensidad y significado, tomó tintes de novela, de road movie, tal como confirma la canción Dos días en la vida, que su compatriota Fito Páez compuso inspirado en la película Thelma & Louise.
“Esta es mi primera visita, mi primera vez en Chequia. Es un viaje soñado. Estoy recorriendo el país, conocí varias ciudades y mi sueño era llegar al lugar, a la ciudad donde nació mi abuelo. Él nació en Dobrošov y su familia actualmente, una parte vive en Dobrošov y otra parte en Náchod, cerquita de la frontera con Polonia. Yo llegué aquí con dos amigas y muchos sueños relacionados con mis ancestros. Estoy aprendiendo el idioma de mi abuelo, aunque es un poquito difícil.”
Profesora de literatura y amante incondicional del arte, Marita está orgullosa de pertenecer, como ella misma dice, a esa hermosa comunidad checa en Argentina que comparte la alegría por mantener vivo el recuerdo de sus familiares inmigrantes. En su caso, ella además pudo cumplir su gran sueño, algo muy fuerte teniendo además en cuenta que, al momento de viajar, no tenía casi ninguna información de su familia checa: solo que su abuelo Josef Kulhanek había salido de Náchod a fines de 1920. Al llegar a la Argentina, se cambió el apellido, se casó con la abuela de Marita en la provincia de Tucumán, tuvo tres hijos, se fue a trabajar a Santa Fe, enviudó, se volvió a casar, tuvo dos hijas más y se estableció en la ciudad de Lezama, en la Provincia de Buenos Aires, donde, en la actualidad, un barrio y una plaza llevan su nombre en reconocimiento a su contribución al desarrollo de la zona ya que, entre otras cosas, el abuelo checo de Marita fundó ahí una cooperativa de energía eléctrica y una cooperativa agropecuaria.
“Mi abuelo emigró en la crisis que se produjo entre los años 1928 y 1930. Él trabajaba en la fábrica Baťa. Y, aparentemente, porque hay cosas que es imposible entender, hay cosas que es imposible saberlas. Él salió al mundo a comprar cueros, con idea de ir, no sé si a Australia, a algún lugar por ahí, y terminó en Argentina. Él allí tuvo dos matrimonios, yo siendo de su primer matrimonio, que quedamos con el apellido modificado, y tiene otra familia más, su segunda familia, y ellos se quedaron con el apellido original”.
Marita es de la ciudad costera de Mar del Plata y su actual familia checa la conforma un primo de su padre que aún vive en Náchod, muy cerca del lugar donde nació su abuelo, casi en la frontera con Polonia. Para reencontrarse con sus raíces, Marita salió de Praga en un auto alquilado junto a sus fieles amigas, embarcándose en una aventura que antes las había llevado a recorrer miles de kilómetros por todos los medios de transporte imaginables. Incluso cruzó el océano en un barco transatlántico, gracias a un tercer pasaje que su amiga Viviana consiguió en diciembre del año pasado para compartir un camarote que ya tenía reservado.
“Al proponerle ir a Náchod, mi amiga y compañera de viaje me respondió: 'obvio, ¿cómo no vamos a ir a conocer el pueblo donde nació tu abuelo?'”
María Ester Kulhnek
“Ahí comenzó mi plan porque me sumé al viaje en barco que salía desde Buenos Aires y, en 27 días, pasaba por varios puertos hasta llegar a Warnemünde, Alemania. Y yo viajé desde Mar del Plata a Buenos Aires para coordinar los detalles del viaje: pagos, alquiler de auto, contratación de hoteles, todas esas cosas que uno necesita programar con tiempo. Y armamos la ruta desde Warnemünde hasta alquilar un auto y bajar, comenzar a bajar por Berlín, Dresden, Český Krumlov y Praga, que era nuestro punto soñado, el de ambas. A mi otra amiga la conocí prácticamente antes de subir al barco porque no la conocía, pero ormamos una relación hermosa las tres. Así, muy aventureras: tres adultas mayores, porque las tres tenemos más de 60 años, embarcadas en un viaje muy lindo. Y, armando el plan de viaje, mi amiga sabía que yo estaba estudiando checo. Y yo le dije que estaría bueno llegar hasta Náchod, el pueblo donde había nacido mi abuelo, y ella me respondió: ‘obvio, ¿cómo no vamos a ir a conocer el pueblo donde nació tu abuelo?’”
A diferencia de muchos turistas, el primer destino de Marita en República Checa fue Karlovy Vary, un lugar mágico que marcó el inicio de su travesía. Aunque en el pasado había intercambiado cartas con su primo, hacía años que el contacto con él se había perdido. La emoción de la aventura creció cuando, apenas un día antes del viaje, su tía logró conseguir la posible dirección de su familiar. Así, partió desde Praga en un auto alquilado, emprendiendo un recorrido inolvidable hasta Náchod, un pintoresco pueblo de calles estrechas. Sin certezas sobre su familia, decidió arriesgarse y hacer algo casi prohibido para los checos: una visita sorpresa.
“Fue muy a la aventura y yo no sabía con qué me iba a encontrar y si iba a encontrar a mi familia. Porque, en realidad, yo nunca tuve contacto con ellos. Sí, una tía mía que vive en Chascomús había intercambiado cartas, pero hacía mucho tiempo. Y bueno, la noche anterior logró encontrar una de esas cartas con ese domicilio al que llegué. Y bueno, fue así que llegamos, pero ellos no sabían absolutamente para nada que yo iba a ir. Y fue tanta la sorpresa para ellos que los conmocioné, pero de una forma increíble. Y, enseguida, llamaron al resto de la familia como para ayudarnos, gracias a Dios, porque yo un poquito entiendo checo, pero llegó el yerno de mi primo que habla un inglés bastante fluido. Gracias a Dios, nos entendimos bastante en inglés y un poco nos ayudó el traductor de Google. Porque yo quería saber muchísimo y ellos querían saber mucho más de toda la familia argentina. Así que, bueno, fue increíble, conmocionante. Me hubiera quedado días, pero era imposible porque debíamos seguir viaje y mi única aspiración era llegar, sacarme una foto, llorar de emoción y decir: ‘aquí nació mi abuelo y aquí pude volver’”.
Tan potentes son esas emociones que casi no dan tiempo a elaborarlas. Marita y sus amigas venían de quedar conmovidas con la belleza de Praga, y desde ahí emprendieron esa especie de road movie hacia Náchod disfrutando cada instante del trayecto, tomando fotos y filmando videos, hasta dar con esa casa entrañable en medio de una calle muy angosta.
“Los adjetivos que le pueda poner a este encuentro no logran expresar las sensaciones que me despertó reencontrarme con mis raíces”.
María Ester Kulhnek
“Salió una señora a atenderme, y cuando le mencioné el apellido y le dije que venía de Argentina, fue una emoción increíble, ella es la esposa de ese primo de mi papá y los dos me recibieron con una calidez, con una alegría, que todavía no salgo de la emoción. Fue una visita breve, estuvimos comunicándonos un poquito en checo, un poquito en inglés, porque es muy difícil comunicarse, pero recibí tanto amor, tanto agradecimiento, a pesar de que caí sorpresivamente, porque era impensado todo esto, yo no sabía si iba a encontrar a alguien. Así que ahí mismo empezamos a dibujar nuestros árboles genealógicos para que entendieran quién era yo, esta visita intempestiva, y bueno, así se realizó este encuentro soñado, mágico. No sé, los adjetivos que le pueda poner a este encuentro no logran expresar todas las sensaciones que me despertó el reencontrarme con mis raíces”.
Marita asegura que aquel encuentro dejó una huella profunda no solo en ella, sino también en su familia argentina. No pasa un día sin que le pidan fotos, videos y, por supuesto, el relato detallado de la experiencia. Como ella misma dice, ese momento le llenó el alma, el corazón y el cuerpo de felicidad, en un contexto, como suele expresarse en estos casos, realmente de cuento.
“Todo Chequia es hermoso, las rutas son hermosas, me fascinaron, nos fascinaron, los cuidados, el paisaje, los pueblitos, los bosques, el verde, los sembrados, todo es muy bello. Y bueno, cuando partí de Náchod, nos fuimos al sur, conocimos también Brno, nos fuimos a Český Krumlov, que es muy bonito también. Queríamos ir a conocer Pilsen y estábamos en duda si volver a Praga, pero también están los planes de mis amigas, porque ya teníamos que llegar a donde estamos ahora, Alemania”.
En cuanto a la capital checa, Marita quedó fascinada por la asombrosa convivencia de distintos estilos arquitectónicos. Además, aprovechó su estancia para disfrutar de algunos atractivos temporales que despertaron su interés.
“Praga es todo arte, arte milenario, y cada rincón es una sorpresa increíble, por supuesto que es imposible conocerla toda en tres días, caminando, con guías que nos expliquen. Me sorprendió la exposición de Andy Warhol ya que yo desconocía que él también era un inmigrante que había vivido en un gueto judío y yo, que amo el arte, amo más a Andy Warhol desde que supe eso porque conocer esas historias es muy conmovedor”.
“Praha es mi lugar en el mundo”
María Ester Kulhnek
Mientras comparte su testimonio, Marita sigue en plena travesía. Tras visitar Ámsterdam, se prepara para llegar a Düsseldorf, donde las tres amigas tomarán caminos distintos. Su viaje, sin embargo, continuará hasta Málaga, donde la espera su hermana menor. Y, aunque aún está en ruta, ya piensa en regresar a Chequia. Con la emoción intacta, sueña con solicitar una beca para continuar aprendiendo el idioma y volver a sentir la fuerza de sus raíces, aunque ya con la certeza de haber encontrado su lugar en el mundo.
“Y, por supuesto, mi lugar en el mundo es esa torre de libros que está en la Biblioteca Municipal, me saqué una foto abrazando a esa torre alucinante porque nunca imaginé que realmente eran libros, así que publiqué una foto en mis redes sociales diciendo ‘es mi lugar en el mundo’, ‘Praha es mi lugar en el mundo’”.








