Zdeněk Sloboda: “El deporte no es natural, es una construcción cultural”
En un contexto donde género y deporte vienen protagonizando acalorados debates, el sociólogo Zdeněk Sloboda analiza la actualidad checa en materia de inclusión y equidad, abordando temas tan cruciales como el mercado laboral, los prejuicios y la polémica participación de atletas trans en competencias internacionales.
“Mi propia madre es un ejemplo claro de desigualdad de género en el trabajo”.
Zdeněk Sloboda
Zdeněk Sloboda empezó estudiando periodismo de cine, pero terminó analizando el guion de la realidad. El hecho de que la madre de su por entonces pareja se dedicara a la lingüística de género lo llevó a replantear su rumbo y, en lugar de hacerse la película, decidió investigar a nivel académico lo que él y su entorno vivían en carne propia.
“Mi propia madre es un ejemplo claro de desigualdad de género en el trabajo: con más responsabilidades y mejor formación que sus colegas hombres, ganaba menos en la aseguradora en la que trabajaba. Incluso al ser promovida, su salario seguía por debajo del de ellos. Uno de sus compañeros justificaba su sueldo alegando que ‘mantenía a su familia’, aunque su esposa trabajaba y tenía un solo hijo, mientras que ella era madre soltera de tres. Esa experiencia marcó mi sensibilidad hacia estos temas. No soy trans, pero mi activismo en género y deporte me llevó a conocer la realidad de las personas trans e intersex, un tema que, en nuestro país, casi nadie aborda”.
Ante la falta de voces en esos temas, decidió él mismo hacerse cargo. Hoy, de todos modos, la situación ha cambiado bastante con organizaciones como Transparent, que han ganado visibilidad y trabajan por esos derechos. Sin embargo, advierte Sloboda que aún persiste una gran brecha entre los grandes centros urbanos como Praga, Brno y Pilsen, y el resto de Chequia.
Todo lo sólido se desvanece en el aire
Hace unos días trascendió la noticia del cierre de la versión checa de la revista Playboy. Sloboda dice que él no se sorprendió porque las revistas para hombres llevan años en declive. Y no solo por las dimensiones del mercado checo, sino también porque a la mayoría de los hombres heterosexuales ya no les interesa tanto pagar para que les digan cómo vestirse.
“Las demandas de personas trans y no binarias emergen justamente en un contexto donde, tras el capitalismo de los años 90, las certezas sobre los roles de género comienzan a desmoronarse. Antes, los hombres eran definidos por hábitos como usar sandalias con calcetines o no afeitarse más allá del rostro, mientras que las mujeres seguían cuidando a los niños y aceptaban salarios más bajos. Cuando un cambio los afecta personalmente, o los obliga a reflexionar demasiado, los checos tienden a ser más discriminatorios. Sin embargo, si la transformación ocurre de manera discreta, sin impacto directo, suelen aceptarla sin demasiada resistencia”.
Sloboda señala que los checos oscilan así entre la tolerancia y la indiferencia, sin pasar casi nunca por el activismo. En temas de género y sexualidad, él entiende que algunos discursos políticos tienden a exacerbar los conflictos, generando reacciones en los medios que, sin embargo, no afectan directamente a las personas. En otras palabras, él considera que, en parte, debido a su historia y cultura, los checos tienden a aceptar muchas cosas, siempre que no se los confronte directamente.
“En Chequia, las personas pueden haber oído hablar de la transición de género, pero no suelen tener una opinión contundente al respecto. Aunque no siempre están a favor, tampoco están activamente en contra. Es decir, la sociedad checa no muestra una polarización fuerte en este tema, aunque esto podría cambiar, como ha ocurrido en países vecinos como Eslovaquia y Hungría, donde el debate ha generado divisiones. De todos modos, debido a la menor influencia religiosa en Chequia, es poco probable que surjan bandos opuestos tan marcados, como los movimientos anti-género y anti-LGBT que sí han cobrado fuerza en otras regiones”.
Explica Sloboda que Chequia ha abordado históricamente asuntos como la diversidad de género y la orientación sexual desde una perspectiva más bien médica. Aunque el comunismo no aceptaba del todo a los homosexuales, tampoco los criminalizaba en forma sistemática, aunque esa condición sí la utilizaban como un modo de extorsión para asegurarse, por ejemplo, su fidelidad al partido.
El mercado laboral
Sloboda señala que Chequia ha reducido, en la última década, la brecha salarial del 22% a menos del 10%. Sin embargo, persiste aún una gran diferencia en lo que respecta a las licencias parentales, ya que las mujeres suelen quedarse en casa con sus hijos casi tres años, mientras que, en Europa Occidental, ese periodo es mucho más breve. Aclara que esta elección no solo responde a políticas públicas, sino también a normas culturales que influyen en la percepción del rol materno.
“En Chequia, las principales cuidadoras son las mujeres. Solo el 2% de los hombres toma licencia parental, por lo que las familias no tienen otra opción. Pagar una guardería privada cuesta prácticamente el salario completo de la mujer, lo que significaría para ella trabajar solo para pagar el cuidado infantil, y la familia sigue dependiendo así del salario del esposo. Esto perpetúa la desigualdad de género en el cuidado infantil, lo que luego se refleja en el mercado laboral y en las oportunidades de reincorporación. Creo que los gobiernos actuales son conscientes de este problema, pero no están haciendo mucho al respecto o lo están abordando muy lentamente. Se necesita una acción más rápida, y Chequia debería recuperar el sistema de cuidado infantil preescolar que tenía en los años 80, cuando la red institucional era bastante amplia”.
Es decir que, si bien algunos aspectos como la brecha salarial han mejorado en relación a lo que ocurría en los años 90 y principios de los 2000, Chequia tiene todavía un largo camino por recorrer en materia de igualdad de género. De hecho, cuenta Sloboda que está lejos de alcanzar la situación de países muy avanzados en ese aspecto como Holanda, Suecia o Islandia. Sin ir más lejos, en los índices del Instituto Europeo de Igualdad de Género Chequia obtuvo una puntuación muy baja, no muy lejos de casos muy preocupantes como Bulgaria y Hungría.
El contrato social y deportivo
Laurel Hubbard fue la primera atleta trans en competir en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, generando un intenso debate sobre la equidad deportiva. Aunque algunos alegaban que su condición física suponía una ventaja, no logró validar ninguno de sus intentos en levantamiento de pesas. Un conocido estudio financiado por el Comité Olímpico Internacional sugiere que la reducción de testosterona disminuye la fuerza muscular, desafiando la idea de que las mujeres trans tienen ventaja.
La metáfora utilizada en el estudio es que su cuerpo es como un auto pesado con un motor pequeño. Aunque sus órganos y músculos son más grandes, la falta de testosterona reduce su capacidad de fuerza y resistencia. Esto contradice la idea de que las mujeres trans tienen ventaja en el deporte. Por otro lado, la boxeadora argelina Imane Khelif fue también motivo de controversia en los Juegos Olímpicos de París 2024, debido a sus niveles elevados de testosterona. Aunque muy distintos, ambos casos refuerzan la noción de que el rendimiento deportivo depende de múltiples factores, más allá del biológico.
“El deporte no es natural, sino una construcción cultural. Cuando Pierre de Coubertin fundó el olimpismo moderno, tenía una visión normativa del mundo en un contexto donde aún no existían sindicatos ni el feminismo. Con el auge de los estados nacionales en Europa, se establecieron reglas deportivas diseñadas de acuerdo a los intereses de ciertos grupos. Ejemplos como el balonmano con reglas propias en Chequia o el hockey sobre hielo en Suecia, jugado en pistas mucho más grandes, muestran que el deporte no es universal ni biológicamente determinado, sino moldeado por decisiones y negociaciones”.
Añade a eso Sloboda que las categorías femeninas en el deporte surgieron recién en las décadas del veinte y del treinta. De hecho, en los primeros Juegos Olímpicos modernos las mujeres no podían competir y tuvieron que organizar sus propios eventos antes de ser aceptadas en la competencia. Sin ir más lejos, revela que la última olimpiada fue la primera en la que hubo igualdad de participación entre hombres y mujeres.
5 nanomoles de testosterona por litro de sangre
A tal punto el deporte está influenciado por decisiones políticas y culturales que, en lo que respecta a la participación de atletas trans e intersexuales algunas federaciones, como las de rugby, golf, natación y atletismo han definido la categoría femenina reduciendo toda la cuestión a un límite de cierta cantidad de testosterona en sangre.
“Ciertas ventajas físicas en el deporte son aceptadas sin cuestionamientos, mientras que otras generan controversia”.
Zdeněk Sloboda
“Un ejemplo claro es el de Caster Semenya, atleta con hiperandrogenismo que compite en los 800 metros. Su cuerpo produce más testosterona de lo habitual en mujeres, pero sigue estando por debajo del nivel masculino. Al principio, se le prohibió competir, luego se estableció un límite de 10 nanomoles, y cuando cumplió con esa regla, se redujo a 5 nanomoles para excluirla nuevamente”.
En su opinión, si algo demuestran estos casos es que existe una diversidad corporal mucho mayor de la que supone el simple biologismo. Por otro lado, él considera que ciertas ventajas, quizás mucho más evidentes, jamás son puestas en tela de juicio.
“Es interesante notar cómo ciertas ventajas físicas en el deporte son aceptadas sin cuestionamientos, mientras que otras generan controversia. Un ejemplo es Michael Phelps, cuyas características extraordinarias como es el caso de sus extremidades más largas, la eliminación rápida del lactato y sus pulmones más amplios, le otorgaron una ventaja biológica significativa. Sin embargo, su éxito también dependió de un entrenamiento riguroso y una serie de condiciones favorables. Por otro lado, países como Australia y Hungría han convertido la natación en un trampolín para ganar medallas, respaldando sistemáticamente esa y otras disciplinas específicas. En esos casos, los atletas nacionales parten con una ventaja considerable. Por el contrario, en África, la infraestructura para la natación es muy limitada. A pesar de su gran población, muchos países africanos enfrentan dificultades para destacarse en competiciones de natación debido a la falta de infraestructura”.
En otras palabras, el éxito deportivo depende de múltiples factores como la técnica, el entrenamiento, la mentalidad y hasta el contexto general del país para el cual se compite. Por su parte, Sloboda entiende que si el deporte se basa en la idea de que las personas sean capaces de superar, con disciplina y esfuerzo, sus propios límites, la lógica del espíritu olímpico debería enfocarse menos en biologismos y niveles de testosterona y más en otros aspectos muy poco tenidos en cuenta como, por ejemplo, la siempre subestimada fuerza de voluntad.








