El regreso de los castores, los nuevos arquitectos de la naturaleza checa
La recuperación de una especie que llegó a estar prácticamente extinta en Chequia está transformando los ecosistemas en la República Checa. Los castores, que fueron reintroducidos en el país en la década de 1970, se están expandiendo y han llegado incluso al famoso Puente de Carlos. Su regreso trae consigo una serie de desafíos, pero también sorpresas positivas.
Aleš Vorel, científico de la Universidad Checa de Ciencias de la Vida de Praga (CZU), conversó con Radio Praga Internacional sobre una situación que ocupó hace poco numerosos titulares no solo en la República Checa sino en todo el mundo: unos castores habían construido en unos días un necesario sistema de presas en la zona natural de Brdy, en Bohemia Central, para regular el cauce de un río que el Estado llevaba años intentando planificar sin ningún éxito, entre otras cosas, por su elevado coste. Dos meses después se comprobó que las nuevas presas, además, habían creado nuevos humedales en los que prosperaban diversas especies, algunas de ellas incluso amenazadas en el país, como la rana bermeja, entre otros peces y cangrejos raros de encontrar.
Los castores, que en el pasado se extinguieron en Chequia y tuvieron que ser reintroducidos en la década de los 70, ocupan actualmente un 65% del territorio nacional, y siguen expandiéndose rápidamente. Esto se debe, según Vorel, en parte a su gran adaptabilidad.
“Los castores son lo que se conoce como una especie generalista. Son capaces de adaptarse a casi cualquier tipo de paisaje, incluso a entornos urbanos, así que no es tan sorprendente que también estén llegando a las ciudades. Si se dan solo dos condiciones básicas, agua y vegetación ribereña, los castores tienen lo necesario para establecerse. Esto lo hemos visto en muchas ciudades europeas. Ya han colonizado lugares como Viena y Brno, así que no sorprende que también estén apareciendo en Praga”.
Avistamientos en el centro de Praga
Sin embargo, según Vorel, no todas las zonas urbanas ofrecen condiciones óptimas para que se instalen de forma permanente. En el caso de Praga, muchas de sus riberas están reforzadas con hormigón, lo que impide a los castores construir madrigueras o levantar diques. En estos tramos es difícil que los animales lleguen a establecerse, por lo que su presencia en monumentos famosos, como lo es el Puente de Carlos, suele ser solo de paso.
“En Praga tenemos muchas riberas reforzadas con hormigón. En esas zonas los castores no pueden establecerse, solo pueden desplazarse por el río, pero no construir sus territorios. Así que, aunque a veces se les vea cerca de lugares céntricos como el Puente de Carlos, esas áreas no son adecuadas para familias activas de castores. Además, hay muy pocos árboles en las islas del centro de Praga, y esas zonas urbanas están densamente ocupadas por personas, a las que los castores tienden a evitar”.
Por ello, explica el experto, es mucho más habitual encontrarlos en zonas periféricas de la ciudad como Divoká Šárka o Horní Počernice, donde las condiciones naturales les resultan más favorables.
Ante el crecimiento constante de su población y su progresiva expansión por el territorio checo, surge inevitablemente la pregunta: ¿qué futuro espera a esta especie en el país?
El futuro del castor
“Es probable que su número en Praga siga creciendo. Aún quedan muchos arroyos sin colonizar que, en el futuro, los castores podrán ocupar. Pero una vez que todos los hábitats adecuados estén ocupados, cuando cada arroyo tenga su territorio de castores establecido, la población se estabilizará. Eso es una regla biológica en los animales grandes y territoriales. No sobrepasan la capacidad del entorno disponible”.
Es también uno de los motivos por los que el investigador afirma que el retorno de los castores es algo positivo. Pero principalmente, Vorel resalta que los castores son una especie autóctona de Europa y tienen un fuerte impacto en el ecosistema.
“Son lo que llamamos una ‘especie clave’, como los lobos, los elefantes o las termitas, que juegan un papel crucial en la configuración de los ecosistemas. En la República Checa y Europa Central, ya estamos viendo cambios medioambientales significativos en las zonas donde los castores están presentes. Modifican el régimen del agua y atraen especies raras que están bajo presión debido a la actividad humana”.
Pero los beneficios no se limitan a la reaparición de fauna poco común. La actividad de los castores conlleva una serie de ventajas ecológicas que van mucho más allá.
Ingenieros del ecosistema
“Los humedales que crean sirven de hábitat para muchas otras especies. Además, sus diques ayudan a mejorar la calidad del agua, actuando como sistemas de filtración naturales o estaciones de limpieza para el nitrógeno y el carbono. Así que los tres principales beneficios ecológicos son: ingeniería del ecosistema, apoyo a la biodiversidad y purificación del agua”.
Pero a pesar de todos los beneficios mencionados, y todos los titulares en República Checa que presentan al castor como un ingeniero aliado del Estado después de que su actividad le ahorrase más de 1,2 millones de euros por una serie de presas que construyeron, como decíamos, mientras que las autoridades llevaban años solo en la fase de planificación, estos animales también generan un cierto grado de controversia. Y es que su presencia en la naturaleza también puede tener impactos no tan deseados.
“Primero, talan árboles, lo que se convierte en un problema, especialmente en los parques. Por ejemplo, el parque alrededor del Castillo de Lednice ha sufrido daños considerables por parte de los castores en el pasado. En segundo lugar, cavan madrigueras en las orillas de los ríos. Aunque esto no suele ser un problema en paisajes salvajes, puede comprometer las infraestructuras de protección contra inundaciones y los diques de los estanques. En algunos casos, los castores han dañado diques hasta el punto de vaciar estanques completos, con peces valiosos incluidos. Y, en tercer lugar, la construcción de diques puede inundar tierras agrícolas, afectando cultivos y pastos. Esto interrumpe las operaciones agrícolas y causa pérdidas económicas a los propietarios de las tierras”.
Una especie conflictiva
Esta combinación de los tres tipos de daños, la tala de árboles, la excavación y el anegamiento de la tierra, pueden ser una carga considerable para las comunidades locales, y es por eso que a menudo se denomina a los castores como una ‘especie conflictiva’, y se plantea la cuestión de cómo convivir con ellos.
“Actualmente estamos viendo el regreso de los lobos a Europa Central, y estos son los principales depredadores naturales de los castores. Por ejemplo, en los Montes de Šumava, los lobos han comenzado a cazar castores en cantidades significativas. Pero no podemos depender de la regulación natural en todos los lugares. Por eso también existen medidas legales. La República Checa tiene un plan oficial de acción para los castores que divide el país en zonas. Una de estas permite a las autoridades de conservación de la naturaleza la caza selectiva”.
Vorel afirma que el objetivo de dichas intervenciones no es reducir drásticamente la población de castores, sino actuar de forma puntual sobre los individuos que generan daños específicos. A esto se suman medidas de gestión más suaves y no letales, como proteger los árboles envolviéndolos con mallas metálicas, drenar los diques o reforzar las orillas de los ríos con redes para evitar que los castores excaven madrigueras.
En conjunto, la gestión de la especie en Chequia combina la acción de depredadores naturales como los lobos, la caza selectiva en zonas autorizadas y estrategias preventivas que permiten reducir los conflictos sin recurrir a la eliminación sistemática de los animales.









