La oposición turca llama a boicotear a la firma checa Škoda
En medio de un clima de protestas y enorme tensión por el arresto del alcalde de Estambul, la oposición al presidente Erdoğan ha incluido a numerosas empresas e instituciones en una “lista negra”.
No parece haber paz ni un mínimo de calma y estabilidad para el sector del automóvil. Tampoco, en concreto, para la icónica firma checa Škoda Auto. Primero, vino el brutal golpe y terremoto traído por la pandemia a escala global, seguido por episodios de auténtica crisis ante la falta de conductores y suministros que llegaron a casi paralizar la producción. Más tarde llegó el estallido de la guerra de Ucrania, otro quebradero de cabeza que hizo a la firma replantear su actividad y presencia en un mercado bien importante como el ruso, mientras que, en los últimos días, el sonado anuncio de los aranceles de Trump trajo un zarpazo más cuyo impacto para el automóvil europeo y su industria aún intentan calcular los expertos.
Por si esto no fuese suficiente, a la fabricante checa le surge ahora un nuevo frente de conflicto desde Turquía, donde reina un caldeado clima de tensión política que ha estallado por completo tras el reciente arresto del líder opositor Ekrem Imamoğlu.
El encarcelamiento del alcalde de Estambul y excandidato presidencial no solo ha generado una fuerte reacción en las calles a través de multitudinarias protestas, sino que simpatizantes del Partido Republicano del Pueblo de Turquía (CHP) han lanzado campañas para evitar el consumo de productos y servicios de empresas que consideran cercanas al gobierno del presidente Recep Tayyip Erdoğan.
Dentro de esta “lista negra” y junto a un buen número de firmas internacionales, figura, tras ser añadida recientemente, la automotriz checa Škoda. Sin ir más lejos, también aparecen en esa lista negra Volkswagen y la marca alemana Audi, a quienes la oposición acusa de mantener una actitud complaciente o de directa colaboración con el régimen. Por lo tanto, instan a sus simpatizantes a no comprar sus vehículos.
Mientras estos movimientos de boicot cobran fuerza entre la oposición, que busca presionar, a través del consumo, a distintas empresas e instituciones, el oficialismo se ha mostrado implacable en su respuesta. Así lo señaló la portavoz del Partido de Justicia y Desarrollo (AKP), Ömer Çelik, que calificó cualquier apoyo al boicot como una "amenaza total para Turquía".
Ya en clave checa, y aunque el posible impacto económico de este boicot aún se desconoce, hay que tener en cuenta que la presencia de la propia Škoda Auto en el mercado turco no es para nada menor. Desde 2015, la cuota de mercado de la automotriz checa ha oscilado entre el 3 % y el 4,5 %. En 2022, la firma vendió 19464 vehículos en Turquía, alcanzando una cuota del 3,3% , mientras que modelos como el SUPERB o el Kodiaq son especialmente populares entre los consumidores turcos.