No pegarás a tus hijos

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Los diputados checos aprobaron un proyecto de ley que prohíbe los castigos corporales a los niños. Chequia y Eslovaquia son los únicos países de la UE que aún los permite. La nueva legislación no establece sanciones, pero sí supone una base simbólica importante que guiará a instituciones y padres en la educación de los menores, dice en entrevista con RPI Petra Wünschová, directora del centro Locika, una institución especializada en la protección de los menores.

El primer país europeo en tomar medidas contra los castigos físicos a menores fue Suecia, en 1979, mientras que, por ejemplo, España, Venezuela y Uruguay se sumaron en 2007 y Nicaragua, Argentina y Bolivia en 2014.

Foto: Centrum Locika

De acuerdo con Petra Wünschová, directora del centro Locika, una ONG que lleva diez años trabajando para que los niños y las familias puedan vivir una vida sin violencia, la enmienda constituye un paso importante, aunque no penalice directamente a los que fallan en su cumplimiento.

“La nueva ley no supone sanciones. En realidad, no se trata ni siquiera de una prohibición, pero sí de un cambio muy importante. Después de 20 años, se ha conseguido que la ley checa establezca claramente que los castigos físicos y otros comportamientos humillantes hacia los niños son inaceptables. Esto servirá de punto de partida tanto para las instituciones como para los padres a la hora de educar a los niños. Por supuesto, la ley por sí sola no será suficiente, será necesario acompañarla de una campaña informativa, ya que la mayoría de los padres que hoy en día utilizan castigos físicos no lo hacen porque estén convencidos de que sea la mejor opción, sino por falta de conocimientos sobre cómo educar mejor, cómo establecer límites, disciplina y cierto orden en sus vidas”.

Petra Wünschová | Foto: Romana Marksová,  Radio Prague International

Wünschová enfatiza que la ley se convertirá en una herramienta de presión social que permitirá un cambio real. Mientras que los políticos tardaron años en dar luz verde a esta reforma, de acuerdo con la directora, la comunidad científica cuenta con pruebas irrefutables de que los castigos físicos perjudican a los niños y no producen en absoluto el efecto que los padres creen.

“Hoy en día, con el gran avance de las neurociencias, existen pruebas científicas de que el cerebro de un niño que recibe bofetadas se desarrolla de forma diferente al de un niño que no sufre castigos físicos. Y que ese cerebro se desarrolla de forma muy similar al de un niño maltratado, porque lo que pasa es que el niño recibe la información de que quien debe protegerlo, quien lo ama, también puede causarle dolor, humillación y demás, por lo que está mucho más predispuesto a leer señales de alerta de su entorno, a desconfiar de quienes lo rodean. Y esto luego se traduce en que estos niños tienen mucho menos éxito en la escuela, más dificultades en las relaciones con sus amigos y, posteriormente, de pareja. También pueden manifestar comportamientos agresivos, ya sea hacia su entorno o hacia ellos mismos, o una mayor tendencia a la ansiedad y la depresión. Y más adelante todo esto puede afectar asimismo a su salud somática, incluso en la edad adulta”.

Foto: S. Braswell,  freeimages

Datos no faltan, incluso en cuanto al efecto que tienen normativas similares a la recién aprobada enmienda al Código Civil checo, que entrará en vigor en enero de 2026, continúa Wünschová.

“En 2024 se publicó una investigación a nivel mundial que muestra claramente que diez años después de la entrada en vigor de leyes similares en otros países, la salud mental de los niños mejora significativamente. Por ejemplo, la tasa de suicidios entre las jóvenes de entre 13 y 18 años se ha reducido a la mitad. Sabemos que, en la actualidad, la salud mental de los niños se encuentra en un estado catastrófico y aumentan los intentos de suicidio y los suicidios consumados. También por eso nos alegra mucho que la ley esté en vías de ser aprobada, es algo que nos hace falta”.

Legado del comunismo

Foto: Centrum Locika

En cuanto al por qué Chequia tardó veinte años en rechazar los castigos corporales legislativamente, Wünschová remite a la época comunista. Considera que, como sociedad, los checos no han superado las consecuencias de este periodo y muchos se oponen a que el Estado establezca normas sociales que rijan el funcionamiento de las familias. Tampoco se ha logrado rehabilitar, por ejemplo, la reputación de los trabajadores del Departamento de Protección Social y Legal de los Niños (OSPOD), afirma. Wünschová, no obstante, explica que el cambio es paulatino e insiste en la necesidad de un cambio de normativa, usando como ejemplo ilustrativo la prohibición de fumar en bares y restaurantes, que entró en vigor en Chequia en 2017.

“Recuerdo los debates de si regular o no el consumo de tabaco. Y, en realidad, fue solo cuando se aprobó la ley cuando cambió la norma social. Así que cuando les cuento a mis hijos, que ya son adultos, que cuando empecé a trabajar fumábamos en la oficina, piensan que soy de otro planeta, porque para ellos es algo totalmente inimaginable. Y algo similar es lo que necesitamos conseguir con la violencia”.

El centro Locika | Foto: Romana Marksová,  Radio Prague International

Otro factor es el trauma generacional, de acuerdo con Wünschová, quien considera que muchos de los padres que usan castigos corporales también fueron víctimas de violencia a mano de sus padres.

“Algunos padres dicen que nunca en la vida utilizarán castigos físicos. En mi práctica he visto hasta casos muy polarizados de personas que, tras ser maltratadas en su infancia o vivir en un entorno tóxico, deciden no tener hijos. O, por el contrario, el niño no sabe que la familia puede funcionar de otra manera, cree que es así como se comporta un buen padre y repite ese patrón. Y como se trata de un patrón traumático, transmitido de generación en generación, es muy difícil romperlo. Por lo general, se necesita a alguien de fuera que diga que no está bien y que ayude a los padres a encontrar otro camino”.

La aceptación de la violencia

Por más que haya voces que digan que hay niños con los que de otra manera no se puede, Wünschová asegura que los castigos corporales no ayudan en absoluto a que los niños respeten más a sus padres o se porten mejor. De hecho, el efecto es el contrario. Al mismo tiempo, advierte de que, aunque los castigos corporales sean leves, se trata de una manera de perpetuar la violencia en la sociedad y fomentarla.

El centro Locika | Foto: Romana Marksová,  Radio Prague International

“Por ejemplo, si una joven está acostumbrada a que, hasta los dieciséis, su padre le da una bofetada cuando hace algo que no le gusta, no le sorprenderá la primera bofetada a manos de su novio. No interpreta el acto de violencia como una señal de alarma. De hecho, lo que estamos haciendo es normalizar que le podemos hacer daño a una persona cercana si no se comporta como nosotros queremos”.

En el centro Locika buscan contribuir a que todos los niños crezcan en hogares sin violencia y que las instituciones al igual que los padres se vean apoyados en su esfuerzo por estrategias más apropiadas y eficientes a la hora de educarlos. Entre muchos otros proyectos, la organización publicó un folleto llamado “Guía práctica para una crianza respetuosa” mediante el cual busca proporcionar a los adultos consejos prácticos que reflejan las necesidades de los niños en las diferentes etapas de su desarrollo, detalla Wünschová.

Foto ilustrativa: Hans Kretzmann,  Pixabay,  Pixabay License

“Comentamos conocimientos psicológicos básicos, como que la motivación positiva funciona mucho mejor que los castigos o la intimidación. También hablamos mucho de que, por ejemplo, si queremos que un niño tenga éxito académico, es importante fomentar su bienestar y su sensación de seguridad, no exponerlo al estrés desde pequeño. Pero también hay consejos muy prácticos sobre cómo establecer los límites de los niños sin castigos, cómo resolver situaciones difíciles con ellos, porque ser madre o padre es una disciplina exigente y cualquiera que tenga hijos sabe que son grandes maestros en poner a prueba a los padres y en exponernos a momentos difíciles, por lo que también hay algunos consejos sobre cómo manejar estas situaciones complicadas de otra manera, en lugar de gritarles a los niños, humillarlos o, peor, pegarles”.

Un sistema más eficiente y empático

La enmienda se suma a una serie de logros que han mejorado la protección de los menores en Chequia. Petra Wünschová cita como ejemplo el establecimiento de la figura del defensor del menor a partir del próximo mes de julio o la creación del llamado “certificado infantil” que formará parte del registro penal y ayudará a identificar a perpetradores de delitos sexuales o violentos para evitar que trabajen con niños en escuelas o centros de ocio.

El centro Locika | Foto: Romana Marksová,  Radio Prague International

No obstante, aún queda mucho por hacer, de acuerdo con la directora de Locika, sobre todo en cuanto a la protección de los niños especialmente vulnerables, explica.

“La mayoría de los niños en la República Checa que sufren violencia no reciben ayuda, la reciben tarde o, posteriormente, se arrepienten de haberla pedido, debido a que el sistema de protección social y jurídica de los menores en estos casos es ineficaz. Lo que ocurre es que la ayuda psicológica que los niños necesitan no llega a tiempo. Necesitan a alguien que les pregunte cómo están, qué necesitan. Lo que pasa ahora es que las víctimas de un delito, por ejemplo, hablan con 29 personas diferentes en 15 lugares diferentes, pero estas no les preguntan cómo están o qué necesitan, sino qué han visto, qué han oído. En realidad, los explotan para evaluar la situación familiar. Y esto es precisamente lo que intentamos cambiar con la puesta en marcha de nuestro Centro de Defensa de los Derechos de los Niños, que se basa en la metodología internacional Barnahus, basada en una estrecha colaboración interdisciplinaria y en una justicia adaptada a las necesidades de los niños”.

Más vale un psicólogo a tiempo

Al mismo tiempo, según explica Wünschová, el sistema checo es como un círculo vicioso. El país registra una escasez de terapeutas, psicólogos y psiquiatras para niños, lo que produce retrasos en el tratamiento. Y al recibir ayuda con retraso, los niños terminan necesitando una atención más especializada que requiere años de seguimiento. Pero, por ejemplo, si se lograra prevenir el desarrollo del trastorno de estrés postraumático, algo que tiene que hacerse dentro de un periodo de seis meses, la ayuda no tendría que ser tan cualificada. De acuerdo con Wünschová, lo que hace falta son programas de prevención.

Foto ilustrativa: Broesis,  Pixabay,  CC0 1.0 DEED

“Es muy importante que todas las personas que están en contacto con niños aprendan a reconocer bien qué es la violencia, cuáles son sus consecuencias, que nunca es culpa de los niños, y también cómo hablar sobre este tema con ellos. Y eso es algo que nos hace mucha falta. En el extranjero es habitual que los programas preventivos, ya sea en el ámbito de la violencia en las relaciones cercanas o de la violencia sexual contra los niños, se impartan desde la guardería. Aquí, en la República Checa, no existe realmente un programa preventivo integral”.

Con los logros que se registraron en el ámbito de la protección de los niños y el trabajo que queda por hacer, Petra Wünschová espera que el tema de la infancia sin violencia deje de ser un tema olvidado, una especie de cenicienta, según dice, y atraiga más atención y apoyo político. Porque, enfatiza, todos los estudios indican que, si a los niños se les ayuda a tiempo, gana la sociedad entera, ya sea económica o socialmente.

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