Los checos y la Casa de Austria

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La serie de exposiciones sobre el barroco checo que tienen lugar en Praga y otras ciudades de la República Checa actualiza nuevamente el problema de las relaciones entre las naciones checa, austríaca y alemana, sobre todo del siglo XVI al XX.

Las relaciones entre la familia de los Habsburgo y el Reino de Bohemia duraron más de 700 años. Es lógico que este hecho dejara en la consciencia histórica de los checos huellas profundas.

En la época moderna, iniciada en el siglo XVI, podemos hablar incluso del estereotipo habsburgo en el pensamiento checo. Y hay que destacar que se trata injustamente de un estereotipo negativo.

El desarrollo de esta postura checa frente a la dinastía de los Habsburgo podemos dividirla en tres etapas. La primera comprende el siglo 18 y la primera mitad del siglo 19. La segunda etapa abarca desde el surgimiento del Imperio Austro-Húngaro en 1867, hasta la primera guerra mundial.Y finalmente, la tercera etapa puede ser identificada con el surgimiento de la República Checoslovaca en octubre de 1918.

Hablando de la primera etapa, podemos caracterizarla como un período de simpatías hacia la Casa de Austria. Después de las controversias religiosas en los siglos 16 y 17, que finalizaron en 1620 con la derrota del levantamiento de los estamentos protestantes checo-alemanes en la batalla de la Montaña Blanca, en el siglo 18 la mayoría católica de la nación checa ya se identificaba plenamente con la Monarquía Habsburga que había asumido el trono checo en 1526.

Estas simpatías se volcaban principalmente hacia la empeatriz y reina de Bohemia María Teresa, que gobernó entre los años 1740 y 1780. A fin de cuentas, María Teresa sostuvo guerras con Prusia, cuyas agresiones eran consideradas por los patriotas checos como una amenaza para el Reino de Bohemia. La Casa de Austria ejerció un papel protector y defensor de la nación checa y de su integridad territorial.

También el hijo de María Teresa, José Segundo, fue recibido con beneplácito por la sociedad checa. Además, en 1781 abolió la servidumbre y emitió un decreto de tolerancia religiosa que permitió la repatriación de los partidarios checos de la Reforma y del protestantismo. Entretanto, en 1791, al ser investido como rey checo el emperador Leopoldo Segundo, uno de los promotores del renacimiento cultural del siglo 19, Josef Dobrovský, constató que la nación eslava checa se destacaba por su constante fidelidad a la Casa de Austria.

También durante las agresiones napoleónicas contra Europa central y oriental, los checos rechazaron las exportaciones ideológicas de la Francia revolucionaria, permaneciendo mentalmente al lado de su dinastía real.

La imagen de mutua armonía comenzó a desmoronarse en el siglo 19. En esa época, caracterizada por un creciente nacionalismo y liberalismo, algunos políticos, escritores, periodistas e intelectuales checos se inclinaron a pensar que en 1620 los checos habían perdido en la batalla de la Montaña Blanca su libertad por culpa de los Habsburgos.

Pese a esta tendencia ideológica, uno de los más destacados historiadores checos, Vladivoj Tomek, aplaudió la victoria habsburga, sosteniendo que gracias a ella, el Estado checo no había caído en una anarquía aristocrática, como sucedió en la Polonia vecina, que fue posteriormente dividida entre tres potencias. Al mismo tiempo, Tomek escribió que la Contrarreforma o Recatolización de la Casa de Austria había representado para la nación checa la salvación ante la germanización por parte de la Alemania protestante.

También el más famoso historiador checo del siglo 19, Frantisek Palacký calificó a la Casa de Austria como la protectora de la nación checa ante el mar germánico-ruso.

En la segunda mitad del siglo 19 comienza a registrarse cierto desencanto, cuando los checos, en el marco de su movimiento de "Renacimiento Nacional", empezaron a tener problemas con sus conciudadanos alemanes, y viceversa. En 1848 comenzó el gobierno del emperador Francisco José Primero.

Este penúltimo monarca austro-húngaro fue el único, a diferencia de sus precursores, que no se dejó coronar rey de Bohemia. La representación política checa ha interpretado este hecho como una falta de simpatía hacia este pueblo y como una manifestación anticheca.

Sin embargo, Francisco José no fue un nacionalista y nunca comprendió plenamente las permanentes controversias chovinistas en su imperio multinacional. Los checos, que estaban a favor de una monarquía democrática, olvidaban que el monarca ya no era una divinidad todopoderosa y que en su reino multinacional no podía actuar exclusivamente como rey de Bohemia en detrimento de los alemanes, húngaros y otras naciones.

El emperador Francisco José Primero falleció durante la primera guerra mundial en 1916, sin comprender plenamente los motivos de aquella absurda conflagración mundial. Entretanto, los checos, inspirados por el liberalismo y el orgullo nacionalista, se despidieron definitivamente de la monarquía.

Al surgir en 1918 la República Checoslovaca, los checos interpretaron este hecho como una revancha de la historia, como una rectificación tras haber padecido 300 años de esclavitud, y como símbolo del desmoronamiento de la denominada "prisión de las naciones". Paralelamente casi un millón de checos en forma de protesta contra el régimen anterior, abandonaron la iglesia católica, fundando la denominada "Iglesia Husita checoslovaca".

Fueron necesarias otras experiencias, es decir, los dos más horrorosos totalitarismos del siglo XX - el nazismo y el comunismo " para que se pudiera empezar a reflexionar con tranquilidad sobre el pasado y la convivencia de los checos con la monarquía habsburga. Las frases propagandísticas de "300 años de esclavitud" y de „prisión de las naciones" se consideran hoy exageradas.

Autor: Vít Urban
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