“Los carruajes son parte de la antigua Praga y ofrecen una vista única de la ciudad”
Aunque no exenta de polémicas, controversias e incluso restricciones, la tradición de los paseos en carruaje por el centro de Praga sigue viva hasta hoy. En esta entrevista, el apasionado cochero Miroslav Exel nos revela en qué consiste su trabajo y por qué, en su opinión, se equivocan quienes abogan por prohibirlo.
Las escenas más emblemáticas de la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga suelen incluir los carruajes tirados por caballos que ofrecen un breve paseo turístico entre adoquines y mucha historia.
Aunque envuelta en polémicas por las malas condiciones que podría suponer para los animales, la actividad no fue prohibida, pero sí restringida hace unos años por decisión de la Ciudad de Praga, que buscó desalentar su uso. El debate resurgió tras un accidente en pleno centro, cuando un caballo atemorizado provocó un momento de caos entre los peatones.
Aun así, la tradición persiste y, en la actualidad, hay varios trabajadores que siguen ofreciendo un paseo de veinte minutos a cambio de 45 euros. Uno de ellos es Miroslav Exel, un apasionado cochero criado entre establos en Zálezlice, una pequeña localidad en la región de Bohemia Central. Hoy tiene catorce caballos y asegura que no puede concebir su vida sin ellos.
“He montado a caballo prácticamente toda mi vida, pero aquí comencé a montar cuando me mudé a Praga. Todo comenzó en 1991, así que ya llevo 34 años aquí. Y como no puedo estar sin caballos, empecé a montar con ellos aquí. Los caballos son míos”.
Veinte minutos en la antigua Praga
Miroslav mantiene sus caballos en un establo en Suchdol (Praga 6) y los traslada en coche hasta la Isla de Troja, donde prepara el carruaje. Asegura que no cambiaría por nada del mundo su trabajo ya que, además de disfrutar mucho con los animales, se trata de una tarea que le da la posibilidad de conocer mucha gente.
“Lo que ofrezco es un paseo de 20 minutos por el casco antiguo, y en el caso de que el cliente lo desee, les voy comentando lo que ven: allá está la iglesia de San Francisco de Asís, allá está el Castillo de Praga, ese es el famoso Reloj Astronómico y cosas así. Todo eso se los puedo contar en inglés”.
“Los caballos han estado circulando aquí desde hace mil años, desde que se fundó la ciudad de Praga”.
Lo cierto es que, lejos de limitarse a los puntos más turísticos de la capital checa, el profundo conocimiento de Miroslav sobre la historia, la arquitectura e incluso la sociedad checa le permite adaptar su discurso al interés de cada visitante. Por otro lado, gracias a su experiencia, él mismo se encarga de herrar a los caballos y le da mucha satisfacción, en definitiva, llevar a cabo una actividad que se remonta a una tradición tan antigua.
“Los carruajes son parte de la antigua Praga, son de este lugar, los caballos han estado circulando aquí desde hace mil años. Desde el año 950, o por ahí, cuando se fundó la ciudad de Praga”.
Dice Miroslav que, en la actualidad, hay 110.000 caballos en Chequia, lo cual no deja de ser una cifra muy alta teniendo en cuenta que, en los años 90, había solo 15.000. Ese crecimiento exponencial se debe, en su opinión, a varios factores como el renacimiento de la cultura y el deporte ecuestre tras la caída del comunismo, la vigencia de tradiciones como la gran carrera de Pardubice y cierto auge del turismo rural. Sin embargo, aclara que su carro, al igual que el de los otros cocheros que brindan el servicio, no son tan antiguos.
“Todo esto es nuevo, son todas réplicas, no son originales, los originales son más pequeños. Y todas estas réplicas las hace un señor que tiene un taller en Havlíčkův Brod, las hizo para toda esta gente de aquí, se las hizo a todos los cocheros. Y todavía lo sigue haciendo para todo el país. Tal vez incluso exporta a otros países”.
Cuidado con el caballo
Si bien cada tanto llegan algunos turistas checos, Miroslav trabaja, sobre todo, con extranjeros: alemanes, italianos, españoles e ingleses.
“Una vez vino un italiano y empezó a acariciar a los caballos. Yo tenía un caballo que mordía, y a pesar de que yo le decía que no lo hiciera él seguía acariciándolo. Entonces lo mordió, y él salió corriendo por la calle Bartolomějská y hasta llamó a la policía. Dijo que fue culpa de mi caballo. Así que les expliqué todo a los policías, y uno de ellos le dijo algo, para lo que no hacía falta llamar a un traductor. Después, el hombre dijo que no quería causar problemas, solo que le preocupaba que el caballo mordiera a un niño. Entonces pensé que debería haberle dado con un palo en la cabeza, porque se lo advertí varias veces: no acaricies al caballo, no te acerques a él. Así que fue una de esas cuestiones que, al final, te sacan de las casillas”.
Cuenta Miroslav que, en general, cada tres jornadas completas se toma luego un descanso y lo mismo sucede con los caballos, que trabajan por turnos: de 10:00 a 16:00, los primeros; y los otros de 16:00 a 22:00. Por otra parte, se trata de una actividad que depende mucho del clima ya que no hay paseos cuando hace mucho calor o mucho frío.
En cuanto a los recurrentes intentos de erradicarla, él considera que solo quieren prohibir la actividad cuatro gatos que no entienden nada de caballos y ni siquiera han tenido un perro en su casa.
“Maltrato es el que recibe la gente que se la pasa encerrada en una fábrica trabajando diez o doce horas por 800 euros”.
“Andan gritando por ahí que los caballos están siendo maltratados, ¡pero no es cierto! Maltrato es el que recibe la gente que se la pasa encerrada en una fábrica trabajando diez o doce horas por 800 euros. Y estos caballos trabajan cinco horas, y si hace mucho calor, no los sacamos y, a veces, no hacen absolutamente nada. Eso no es maltrato”.
Enamorado y, a la vez, en una relación estable con la capital checa, Miroslav está convencido de que el paseo en carruaje ofrece una perspectiva muy distinta de Praga, que no se tiene ni caminando ni desde el tranvía. Y en tiempos donde, como él mismo dice, casi nadie está conectado a nada que no sea el teléfono movil, él se siente muy afortunado de tener una conexión tan profunda con los caballos.
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