Neapolis, la pizzería de Praga inspirada en Diego Maradona donde se puede probar el plato favorito del Diez
Ubicado en el barrio praguense de Vinohrady, Neapolis es un bistró napolitano en el que Diego Armando Maradona vive tanto en su ambientación como en sus platos. Conversamos con Marco Perra, uno de los dueños del local, quien nos cuenta cómo la figura del astro argentino lo ha inspirado para no rendirse ante las adversidades y dar siempre lo mejor de sí.
Crecí en la misma ciudad donde él nació: Lanús. Lejos de Segurola y Habana y más aún de Nápoles. Todavía un poco más allá, en el barrio praguense de Vinohrady, vengo a encontrarme su rostro en la fachada de una pizzería.
Aquella imagen tiene algo de Che Guevara. Los ojos fijos en el horizonte. Un gesto adusto. Es el Diego del 85, un deportista guerrero que mete miedo. Miedo a que te pinte la cara en el campo de juego.
Este templo maradoniano llamado Neapolis no es el único dedicado al astro del fútbol argentino – de hecho, Diego Maradona cuenta con una iglesia inspirada en su figura. Pero sí es el primero que descubro en Praga. Tratándose de una pizzería napolitana, no es difícil imaginar por qué las referencias al Diez se encuentran por todas partes, en pósters, pinturas, banderas, fotografías y camisetas. Sin embargo, Marco Perra, uno de los dueños de este bistró, nos cuenta que él no es oriundo de Nápoles, sino de Sicilia, algo que no le ha impedido convertirse en fan del “Pibe de Oro”.
“En mi opinión, Maradona es un ícono, una inspiración, tanto para Nápoles como para el mundo entero. Es un personaje demasiado importante, una estrella mundial. Yo particularmente le tengo un cariño especial porque siempre he seguido el fútbol. Cuando decidimos desarrollar el concepto de este bistró basado en el estilo napolitano, no pudimos no pensar en él, que fue una persona tan importante para el Nápoles. Claro, también fue una inspiración para todos los que lo seguimos”.
“Me cortaron las piernas”
Arranca por la derecha una camarera rubia de ojos azules. No se parece en nada a Ingrid Maria, aquella enfermera que en 1994 tomó de la mano a Maradona en el césped del estadio Foxboro de Boston para acompañarlo a realizarse un control antidoping. No se parecen, pero como todo aquí hace pensar en Maradona, es imposible concentrarse solo en la comida. ¿Los clientes checos, tan indiferentes al deporte que practicaba el Diez, pensarán en las mismas cosas?
“Todos aquellos a los que les gusta el fútbol, seguramente sí. Hay mucha gente que viene aquí y me hace preguntas de Maradona, no solo tú. Muchos vienen y quieren tomarse fotos delante del póster de Maradona. Él fue una estrella mundial”.
“Un poco con la cabeza de Maradona y un poco con la mano de Dios”
Con una zurda inmortal, con experiencia y sedienta ambición de llegar, “Cebollita” consiguió lo imposible con el Napoli, un equipo italiano que, justo antes de su llegada, se encaminaba al descenso a la Serie B. En sus años de azzurro, desde 1984 hasta 1991, regó de gloria el suelo del estadio San Paolo (hoy rebautizado Estadio Diego Armando Maradona), con la conquista de dos Scudettos, una Copa de Italia, una Supercopa de Italia y una Copa UEFA. Las vitrinas del club se cargaron de trofeos como nunca y fue el pueblo quien coreó: Maradó, Maradó.
En medio de esos años de éxito sin precedentes, pasó también el Mundial del 86, organizado en México, en el que Diego descubrió cuánto pesa el trofeo de oro y malaquita que en su base reza: “FIFA World Cup”. Para un argentino, explicar lo que ha significado esta competición en nuestra historia es, creo yo, más difícil que lo que ha logrado Maradona en Napoli. Para algunos hechos de la historia, las palabras simplemente no alcanzan.
Solo puedo hacer un pequeño comentario: en el 86 yo aún no había nacido y, sin embargo, no hay goles que haya visto más veces en toda mi vida que los dos que Diego Maradona le anotó a Inglaterra en los cuartos de final de esa Copa del Mundo, en el Estadio Azteca. Estos dos goles tienen incluso nombre propio y, a pesar de su grandilocuencia, no pueden expresar el impacto que han tenido en las vidas de millones y millones de personas a lo largo de los años: uno se conoce como “La mano de Dios” y, el otro como “El gol del siglo” o incluso “El gol de todos los tiempos”. Ojalá verlos en YouTube alcanzara para comprender su significado. Pero, como cuenta Marco, las acciones de Maradona iban mucho más allá del deporte.
“Mi recuerdo de Maradona es el de haberlo visto jugar, pero no lo digo solamente desde el punto de vista deportivo, competitivo o desde el punto de vista profesional. Maradona siempre me ha transmitido algo que va mucho más allá del fútbol. Para mí, representa la fuerza de no rendirse, las ganas de hacer, las ganas de ser alguien en la vida y, en cierto sentido, la certeza de haberlo logrado”.
“Crecí en un barrio privado de Buenos Aires. Privado de luz, de agua, de teléfono”
Pero si fuera solo por los goles antológicos, los trofeos, los premios, el dinero, la fama, la destreza en el campo, el sacrificio, el origen humilde, la dedicación, el trabajo constante, el trabajo en equipo, el liderazgo, la genialidad, la creatividad y el haber jugado en los equipos más importantes de su país y de Europa, Maradona podría ser uno más de los tantos destacados futbolistas que han logrado hitos que, al menos en palabras, suenan similares. Y, sin embargo, comparar su apellido con el de otros, para una gran parte del mundo del fútbol, es un sacrilegio. Siguiendo con esa línea, sumo otra comparación sacrílega al debate: Novak Djokovic tiene más títulos y más récords que Roger Federer – y hasta lo supera en enfrentamientos personales. Pero la grandeza de Federer no radica solo en sus números. Del mismo modo, la de Maradona tiene algo de intangible, de inmensurable, algo que se puede ver en sus ocurrentes declaraciones, – jamás se le escaparía la tortuga – por ejemplo, o en la mirada que tiene en el cartel que adorna esta pizzería. Ese algo, al menos en alguna medida, es lo que Marco espera que se refleje en su negocio.
“Lo especial de nuestra pizzería probablemente es que desde el principio pusimos mucha pasión para hacer avanzar este proyecto. De hecho, antes había una marisquería aquí, un mercado de pescado, y decidimos transformar el concepto en una pizzería napolitana. Así que decidimos con mis socios, un grupo de amigos, ir a Nápoles para experimentar la ciudad durante tres días y regresamos inspirados. Lo que tiene de especial este lugar es, sin duda, la pasión que todo el personal de Neapolis pone cada día para intentar progresar y superarnos cada día”.
Federer y Maradona tenían algo en común: hacían ver fácil lo difícil. El Maestro suizo llegó a contar que, en realidad, eso era una ilusión. Que cuando le decían que jugaba “sin esfuerzo”, en realidad, la gente ignoraba el trabajo detrás del perfeccionamiento de la técnica. Sobre el tema de qué es fácil o difícil en la vida, Marco también tiene una opinión, aplicada a su experiencia.
“Hay quienes dicen que difícil es lo que no se sabe hacer. Claro que el mundo de la gastronomía no es fácil. El mundo de la gastronomía requiere algo de experiencia, porque es muy cansador y exigente. Así que, si tienes las bases para tener éxito en un proyecto, como en cualquier otra cosa en la vida, si es un proyecto viable, un proyecto bonito, un proyecto que puede triunfar, todo es posible. Más allá de eso, no puedo definir un proyecto solo como fácil o difícil en sí”.
“Boca, sos el beso de mi mamá”
En el fútbol es bien conocida la ventaja de jugar de local. Sin embargo, para Marco, ser visitante en República Checa tiene sus beneficios, como, por ejemplo, una libertad especial a la hora de innovar, sin perder la esencia del producto. Consultado sobre si la calidad de la pizza que se puede conseguir en Praga es comparable a la que se vende en Nápoles, el empresario toma la pregunta al vuelo y define de primera.
“Absolutamente sí, porque el concepto se basa en una receta napolitana, así que traemos aquí los mismos productos que se usan en Nápoles y es prácticamente lo mismo. De hecho, como siempre digo, cuando trabajas en la República Checa o en el extranjero, donde sea que estés, en Italia hay lugares donde es perfectamente comparable a lo que se hace en Italia. Solo tienes que creer en ello y hacerlo bien”.
“Me queda el mal sabor de boca de que hubiese sido mucho más de lo que soy”
¿Qué es más popular: la pizza o el fútbol? Aunque ambos tienen antecedentes que se remontan a distintos siglos y culturas, existe cierto consenso acerca de su “invención” – o de la primera vez que se presentaron ante el mundo en versiones similares a como se los conoce hoy. Fue el siglo XIX el que vio nacer y popularizarse a ambos, junto con otros fenómenos menores, como: la locomotora a vapor, la fotografía, el teléfono, la lámpara incandescente, el descubrimiento de la dinamita, la Coca-Cola, la radio, el avión, entre muchos otros; y solo uno más importante: la Independencia Argentina, apreciación que demuestra que aunque en este siglo también se desarrolló la teoría del psicoanálisis de Sigmund Freud, hasta el momento no se no ha encontrado una terapia efectiva contra el ego argentino.
¿Qué es más popular: la pizza o el fútbol?
Pero sí es novedoso el reciente boom de las pizzerías napolitanas. Un crecimiento que, parece, no ha terminado aún su proceso de fermentación. Y, aunque el fútbol puede considerarse el deporte más popular del mundo, no todos conocen sus reglas o tienen un equipo favorito. Mientras que para encontrar a un detractor de este plato italiano deberíamos buscar en un diccionario médico de trastornos muy específicos – y ni aún así sería fácil. El éxito de la pizza, señala Marco, no es cosa de ahora.
“Creo que la pizza es uno de los alimentos más antiguos que existen y siempre ha sido un símbolo inconfundible de la cocina italiana. En los últimos años, el concepto de pizza napolitana se ha desarrollado, porque en Nápoles, simplemente son muy buenos haciendo pizza. Este concepto se ha creado con una forma de leudado particular. A la gente le gustó el concepto y el estilo, y en los últimos años, este concepto de pizza napolitana se ha fortalecido mucho y está funcionando muy bien”.
“No deberían decir nada sobre Maradona, ¡porque hicieron trampa antes que yo!”
La Associazione Verace Pizza Napoletana ha puesto a disposición del público general un instructivo con todas los requisitos que se deben cumplir para que una pizza sea considerada “Verace Pizza Napoletana”. El documento habla de centímetros, de tiempos precisos y de productos aún más específicos que se deben utilizar para que el producto sea considerado auténtico. Marco, en cambio, tiene una definición cortita y al pie.
“La pizza napolitana es, en teoría, lo más sencillo del mundo. Solo se necesita harina, agua, levadura, amasar, luego se le añade una gota de aceite y se forman los bollos. No hay nada más que eso”.
Sobre su llegada a Praga, el dueño de este negocio afirma que simplemente un día, mientras promocionaba productos italianos en República Checa, se dijo que si debía desarollar un proyecto gastronómico en el extranjero, la capital checa sería su destino. No puede explicar exactamente por qué, aunque sí señala que la ciudad está llena de oportunidades, porque no es tan cosmopolita como Londres o grandes urbes de Estados Unidos.
Pero no toda es tan fácil. Uno de los desafíos más grandes que impone esta tierra es el idioma. Pero Marco, desde el comienzo, ha encarado a este rival y hoy puede decir que el marcador está a su favor.
“Para mí, hablar checo es una muestra de respeto hacia la población de este país. Estando aquí 7 años, hablo checo bastante bien, creo, aunque sigo aprendiendo. Y, además, fue algo que, sin dudas, me ayudó en el desarrollo de este proyecto”.
Pero en Neapolis no solo se puede comer pizza napolitana hecha por un italiano que habla checo. Además de las infaltables pastas y los tradicionales postres nacidos en el país en forma de bota, aquí se puede degustar el plato que más disfrutaba Diego Maradona durante su vida en Nápoles. Un plato sencillo que, según el exdefensor Giuseppe Bruscolotti, quien le cedió la cinta de capitán al argentino tras su llegada al Napoli, no podía faltar en las tantas mesas que compartieron en privado, alejados de los fans del club azzurro, cuyas muestras de amor incesantes resultaban agotadoras. Probablemente, ese era el único partido que Diego no podía ganar y que prefería ver desde el banco de suplentes.
“Diego tenía su plato favorito que también es uno de mis platos preferidos. Es un plato muy sencillo (de spaghetti) que lleva ajo, aceite y ají triturado, con pan rallado tostado encima. Se puede ver en mis videos de Instagram. Es un plato que le dediqué a Diego Maradona, porque sé que era su plato favorito cuando estaba en Nápoles”.
“Gracias a la pelota”
En un año que no parece tan lejano como 2001, Maradona realizó su partido homenaje para despedirse del deporte que le permitió dar tanto. En La Bombonera y luciendo la camiseta de Boca – con el número 10 estampado en su espalda –, el barrilete cósmico electrizó a todos los presentes con un discurso en el que dijo: “El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. (De) eso (que) no le quepa la menor duda a nadie. Por que se equivoque uno, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”.
Al 2020 no le alcanzó con la pandemia para ser lo suficientemente trágico. El 25 de noviembre de ese año, un día después de mi cumpleaños, la noticia de la muerte de Maradona sacudió al mundo entero. Tengo el recuerdo de haberlo visto en los canales de noticias checos. Pero algo me decía que esa no sería la última vez que me lo iba a cruzar.
Porque ya no importa si venimos de la misma ciudad o estamos de vacaciones en Nápoles o viviendo en un país antiguamente dominado por el comunismo. Tampoco importan las fechas. Hay nombres que logran detener el tiempo en un momento, para siempre, y de allí nace su recuerdo. Una idea, una ilusión, una leyenda marcada de imperfecciones humanas, pero que, en esencia, permanece inmaculada.








