Literatura en zona de riesgo: una autora española en el festival de literatura Knihlava
Invitada al prestigioso festival checo, la escritora española Carla Nyman presentó Tener la carne, una novela con epígrafe de Ariana Harwicz que dialoga involuntariamente con la controversia que rodea a la autora argentina, desinvitada del Festival CulturAlh de Granada por sus declaraciones sobre el conflicto entre Israel y Palestina.
Aunque nació como una propuesta regional, con el tiempo el Festival de Literatura de Jihlava (Knihlava) se ha consolidado como uno de los encuentros literarios más dinámicos de la República Checa. Celebrado en la región de Vysočina, en el corazón del país, el evento reúne a autores, traductores y editoriales de varios países, convirtiéndose en un espacio internacional donde se cruzan voces nuevas y consagradas. Su programa mezcla debates, lecturas y presentaciones en un ambiente muy cercano al público. En esta edición, que tuvo lugar el pasado fin de semana, participó la escritora española Carla Nyman.
“Sí, bueno, la invitación fue una sorpresa. Yo de pronto recibí un correo electrónico y estoy encantada de poder estar aquí. Tampoco conozco tanto de la literatura checa, de hecho hoy voy a empezar a sumergirme un poco en la ciudad de Praga, voy a investigar museos, librerías, pero sí, estoy muy contenta, muy feliz”.
La polémica de Granada
Aunque del festival no conocía casi nada, dice que le sorprendió lo bien organizado que está, y también que su invitación implicara la traducción de un fragmento de su poderosa novela Tener la carne, que, dicho sea de paso, incluye como epígrafe la frase “Yo te parí, pero vos me podrías haber parido igual, ¿no es cierto?”, perteneciente a una escritora de la cual se está hablando mucho en estos días: la argentina Ariana Harwicz, desinvitada recientemente del Festival CulturAlh, celebrado en Granada, por sus declaraciones sobre el conflicto entre Israel y Palestina. El caso generó opiniones opuestas: mientras cientos de personalidades del ámbito cultural firmaron un manifiesto respaldando la decisión, muchos otros autores salieron en apoyo de la escritora, entre ellos uno de los invitados estrella del evento, el irlandés John Banville, quien decidió declinar su participación.
“Es cierto que Ariana Harwicz es siempre muy controversial y controvertida en su literatura, en sus declaraciones públicas. A mí que en literatura tenga ese punto paradójico me interesa mucho, por eso también le pedí el blur hace ya un año y pico. Y, de hecho, su literatura siempre me ha resultado muy inquietante y es justo lo que yo busco en la literatura, pero evidentemente sus declaraciones públicas son otra dimensión y yo no comulgo con lo que ella dice. Creo que están en todo su derecho en ese festival. De hecho, me ha parecido estupendo el posicionamiento y la decisión de retirar a Ariana cuando sus declaraciones justamente van en contra de los derechos de un pueblo que está sufriendo un genocidio”.
Un deseo criminal
Agrega que, mientras los medios de comunicación suelen abordar estos temas con sensacionalismo, ella preferiría reflexionar sobre lo hirientes que pueden resultar las declaraciones de una escritora a la que admira desde hace mucho tiempo. Y esa admiración se evidencia, precisamente, en Tener la carne, la novela que la llevó al festival de Jihlava por la notable construcción de su voz protagonista: una joven que, tras asesinar a su novio infiel, se dirige al juez de la causa mediante una serie de “Pruebas” que conforman un expediente judicial fragmentario. Carla explica que el tono y la estructura del libro probablemente vengan de una versión anterior que tuvo esta novela: un monólogo teatral.
“Y, entonces, en el momento en el que escribí esto, pues claramente estaba enmarcado dentro de los parámetros y recursos literarios propios de la escena, de la dramaturgia, pero luego, realmente, el trasvase a la novela tampoco ha sido tan complicado porque, al final, es una primera persona que está narrando un acontecimiento desde todos esos procesos psíquicos que tiene la protagonista, que son muy neuróticos, psicóticos incluso. Y de ahí, pues, justamente bebí mucho de la literatura de Ariana Harwicz. Entonces, bueno, a mí lo que me interesaba, sobre todo, era poder retratar, poder radiografiar qué le pasa a un cerebro cuando se debate entre cuestiones que tienen que ver, pues, con el código civil, cómo interactúan en sociedad y con los sentimientos torrenciales y que se pueden poner en entredicho y que son problemáticos, que es lo que le ocurre a la protagonista, que siente un deseo criminal y delictivo para poder acabar con la vida de su pareja”.
Con todo respeto
Agrega Carla que le interesaba mucho el contraste de que una persona que habla de la brutalidad de un asesinato que ella misma ha cometido se dirija al juez con un registro formal que incluye el trato de usted y otras fórmulas de distancia.
“Y ahí es donde me he podido colar y trabajar un lenguaje que tal vez se acerca más al dramatúrgico, a veces incluso al poético, al cinematográfico. Y de pronto, pues, ha amanecido dentro de la etiqueta de novela, pero bueno, que podría ser también una obra de teatro, sí, es una especie de menjunje, un híbrido”.
Incesto materno
Ese híbrido tiene que ver, en su opinión, con una particularidad del teatro: su tendencia a trabajar múltiples lenguajes, no solo el verbal, sino también el que proviene de los sonidos, la luz y los cuerpos de los actores. En Tener la carne, esa mezcla se transforma en una voz narrativa que desborda lo racional y se hace carne. Además de su particular relación con el cadáver de su novio, otro vínculo que hace brotar la personalidad de la narradora es su relación patológica con una madre muy presente, con la que se encuentra simbióticamente adherida.
“Sí, es una observación espejo en, justo. Yo creo que ahí lo que me interesaba era ver cómo nunca nos podemos separar estrictamente de una madre, de un padre, de una biografía compartida. O sea, conservamos las células de nuestras madres todavía en el cuerpo. Entonces ya hay algo inevitablemente del otro que está en nosotros. Somos un alargamiento físico, anatómico, biológico, histórico, claramente psíquico también, porque los traumas y los devaneos mentales de nuestras madres los heredamos nosotras, porque es lo que acabamos viendo en casa, y lo mismo con los padres, evidentemente, de ahí los daddy issues y estas cosas. Entonces, me interesaba como traducir esa idea del alargamiento en algo muy corporal. Y claro, lo incestuoso pues al final es este despropósito de que hay un encuentro, que no tiene por qué ser pornográfico o sexual, pero sí hay un encuentro dudoso entre ellas dos, desde la posesión, desde la territorialización, los celos, etc. Entonces, claro, es normal que se perciba esa cosa así como incestuosa”.
Un libro firmado con saliva
Asegura Carla que ella al escribir no piensa en ningún lector sino que se concentra en enamorarse de su propio proyecto de escritura como un acto profundamente íntimo. Sin embargo, reconoce que cuando apareció el libro la afectaron bastante los comentarios que dejaban algunos de sus lectores en la plataforma Goodreads.
“Bueno, porque ves un poco de todo: respuestas muy divertidas, respuestas muy generosas, pero luego algunas muy miserables. Es que Internet también tiene esta barrera que parece que se despersonaliza todo y no son conscientes de que el escritor también puede estar leyendo ese comentario, y que a veces es un puñetazo para el escritor porque es algo con lo que una lleva trabajando con mucho tiempo y opiniones puede haber muchas, pero también importa la manera de comunicarlo y de decirlo. Entonces, bueno, pues me he encontrado con gente que ha odiado Tener la carne, gente que la ha amado, gente que le ha dado mucho asco. Una vez una persona me pidió que le firmara un ejemplar con saliva. Sí, fue una cosa estupenda. Yo dije: ‘bueno, no sé muy bien, esto es la primera vez que me lo piden. Debo ser coherente con mi propia poética, así que debería hacerlo’. Y, nada, tuve que escupir en el libro y firmar con el dedo, fue divertido”.
Kafka me flipa
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Cuenta que eso sucedió durante la presentación del libro y que, mientras lo hacía, tuvo que pedirles a las demás personas que no repitieran ese pedido porque no quería que la clonaran. Lo que sí desea es que pronto se traduzca su novela entera al checo, para poder convivir un poco con una figura imprescindible.
“Me encanta Kafka, me encanta todo ese universo del absurdo, de lo paradójico, del extrañamiento y percibo mucho a ese tipo de autores. Incluso otros autores que no son checos, pero están en la misma deriva como Gogol o Bulgakov porque para mí son un poco de esa dimensión en la que ocurren paradojas tan extrañas. Como de pronto estar hablando con un perro y que el perro te conteste con un discurso o una disertación que moralmente tiene más altura que el discurso de un humano. Bueno, esas cosas me parecen muy divertidas y, a la vez, absurdas y extrañas. Yo me muevo en ese universo y Kafka, por supuesto, me flipa”.
Fragmento de su novela Tener la carne
Cuando nos lavamos, chus chus, y miro la vagina de mi madre, pienso en todos esos hombres que entraron uno por uno en todas nuestras vaginas, me los imagino hermanados todos, entrando en tropel, bailando y cantando, como tiroleses alpinos en el Oktoberfest de Múnich, dentro de nuestros úteros. Montando fiestas salvajes, muy contentos ellos, conociéndose y brindando por la vida y los flujos vaginales. Y me pregunto mucho por qué ninguno supo, por qué con ninguno supimos hacerlo bien, su señoría, por qué siguen ahí, irremediablemente ahí, nostálgicos y agarrados a las paredes de todas nuestras vaginas, cien vaginas al aire ondeando como banderas.









