Lady Madrid: Kristýna, la gran fan checa del pop rock español
Checa de nacimiento y madrileña por elección, Kristýna Horská descubrió en el pop rock español —con Leiva como primer flechazo— un ritmo vital que la ayudó a vencer su bloqueo con el idioma y la llevó a vivir un Erasmus de cinco meses que le cambió la vida. Durante ese período, priorizó conciertos y discos incluso por encima de la comodidad cotidiana, llegando a pasar frío o a comer lo mínimo con tal de seguir alimentando esa pasión. Desde entonces volvió a Madrid más de veinte veces, no como turista sino por la música: no se pierde conciertos, traduce canciones al checo y terminó haciendo de Madrid algo incluso más fuerte que un destino: una forma de estar en el mundo.
Es difícil sostener con tanta ligereza que los checos son fríos cuando se conoce a personas como Kristýna Horská y su pasión por el idioma español, que nació en sus años de secundaria en Česká Třebová, una ciudad marcada por su complejo entramado ferroviario, donde convergen algunas de las líneas más importantes del país. De hecho, su relación con el idioma fue, en su momento, casi tan sinuosa como esas vías: lo amó desde el principio por su musicalidad, pero ella misma lamenta que los años de estudio no le sirvieron demasiado y, al final, incluso sufrió un bloqueo que le impedía hablar, provocado por una traumática experiencia en los Juegos Olímpicos de las Lenguas.
“Por error terminé en un nivel mucho más alto, el estatal, y yo elegí por azar un tema: describir a una familia en un salón. Y mi amiga, mi compañera de clase, por desgracia, eligió la playa, cuyo vocabulario es demasiado difícil. O sea, yo por esa casualidad continué al nivel de la república, así que, sin hablar mucho, acabé con este nivelazo entre muchísimos estudiantes que estaban súper preparados, y yo no quería hablar para nada, tenía muchísima vergüenza. Y cuando me tocó a mí, bueno, tuve que decir algo: ¿cómo estás? Bien Y, pues, tus aficiones ¿qué te gusta a ti? El cine. Ah, te gusta el cine, perfecto porque los profesores de ahí estaban convencidos de que yo estaba nerviosísima, pero la verdad era que no estaba preparada para hablar. Y pues, me dijeron la última película que viste en el cine... cuéntanos. Y yo, con mi nivelazo, dije: Shrek”.
El español sobre mí
A pesar de que tras esa experiencia pensó que nunca más volvería a hablar español, dos meses después apareció una buena señal: la Universidad de Liberec abría una carrera que combinaba Historia y español. Y aunque no se graduó, Kristýna está orgullosa de haber participado de ese primer curso integrado solo por mujeres y de mantener, al día de hoy, una excelente relación con sus profesores. Además, asegura que el ambiente tan amistoso de esa facultad la ayudó a recuperar de a poco la confianza y, sobre todo, recuerda un hito que marcó para siempre el rumbo de su relación con el idioma.
“Durante una clase, una profesora llamada Liliana llegó con una canción que nos íbamos a pasar la clase escuchando y traduciendo; y esa canción era El universo sobre mí del grupo Amaral. Y me impactó, me encantó y así me di cuenta de que para mi vocabulario es súper fácil escuchar canciones y tener el contexto de la letra, ya que luego lo mantengo para siempre en la memoria. O sea, si me dices: ‘tienes que aprender estas cinco palabras’, me va a costar, pero si me dejas escuchar una canción soy capaz de decirte luego hasta veinte palabras”.
Hijas de Oreiro
Por supuesto, Kristýna no es la primera ni la última checa en aprender español a través de la música, aunque sí es probablemente la persona que más se encargó de ir profundizando esa relación con el paso de los años.
“Nuestra generación se puede llamar Las hijas de Oreiro porque pasamos muchísimo tiempo viendo ese culebrón de Muñeca Brava, que también fue una gran inspiración. Pero, bueno, yo me enamoré de la música española, aunque prefiero decir de la música con letras españolas porque luego todo el mundo piensa que me encanta el flamenco y, para mí, aprender español a través del flamenco es como intentar aprender italiano a través de la ópera: es algo muy típico, precioso y original, pero no te va a servir y yo necesito canciones con letras que dicen algo”.
La banda sonora de mi vida
En el segundo año de la carrera de Liberec, Kristýna tuvo a otro excelente profesor cuyo método le gustó tanto que se puso a averiguar donde había estudiado. Y así descubrió que en Praga había una carrera de pedagogía. Se postuló y fue elegida entre doscientas personas. Y si bien le daba cierta tristeza cerrar abruptamente la etapa de Liberec y su futura carrera no tenía nada que ver con el idioma, su relación con el español todavía estaba por vivir aún el encuentro más importante.
“Nunca me había pasado eso de quedarme fascinada por la música de una peli y me pasé toda la película pensando quién era el autor”.
Kristýna Horská
“Tuvimos que hacer el examen de lengua extranjera en la facultad, que es obligatorio, y yo elegí español. No tuve tiempo ni ganas de prepararme, pero aun así aprobé sin ningún problema y decidí, como recompensa, ir por primera vez en mi vida a La película, el festival de películas españolas que tenía lugar hace años en el cine Světozor. Y esa vez echaron dos películas, y como yo estudiaba pedagogía, sentí mucha curiosidad por la película de Achero Mañas Todo lo que tú quieras porque era una película sobre la familia, en la que la madre muere y el padre tiene que ocuparse de la educación de su hija de cinco años y se disfraza de mujer porque la nena lo pasaba fatal con la pérdida de su mamá a sus cuatro o cinco años. Entonces, él intentaba parecerse a su mujer: un tema, no quiero decir demasiado brutal, pero sí difícil en España y yo tuve curiosidad por eso”.
Y si bien la película, en efecto, le pareció muy interesante lo que más la fascinó de todo no tuvo que ver con la trama, la dirección ni con las actuaciones.
“Yo entré en la sala y la película comenzó con una melodía preciosa, la banda sonora más bonita que yo escuché en mi vida. Nunca me había pasado eso de quedarme fascinada por la música de una peli y me pasé toda la película pensando quién era el autor. Y cuando acabó la película vi que se trataba de L-E-I-V-A. Leiva y yo pensé: ¿Quién es ese? En aquel momento vivía en Česká Třebová, así que cogí el tren de vuelta a casa y luego en internet estaba buscando quién es ese y descubrí a un chico de apenas treinta años, creo, lleno de tatuajes con anillos y brazaletes, hablando un español bastante vulgar, pero yo le entendía. Fue, creo, el primer español al que yo le entendía casi todo lo que decía, con sus manos explicando lo que estaba diciendo”.
Aproximaciones
Aquel mismo día Kristýna descubrió que ese cantante español había tenido un famoso grupo, Pereza, que se disolvió dando así lugar a dos carreras solitarias: la de Rubén Pozo y la de ese otro cantante, Leiva. Y enseguida sintió un enorme deseo de conocer su ciudad, Madrid. Pero tan grande era ese entusiasmo que enseguida consultó en la web de su facultad y encontró que existía la posibilidad de hacer una estadía en Madrid. Recuerda que gritó de la alegría y desde entonces todo fue complotando para que ella pudiera cumplir su sueño, a tal punto que terminó obteniendo esa plaza. Pero antes de vivir esa aventura extendida decidió ir solo unos días con su prima en abril de 2013 para tener antes una primera aproximación a la ciudad de sus sueños.
“Porque en abril cumplo años, así que el regalo para mi cumpleaños fue ir a Madrid para ver si me gustaba o no la ciudad. Me enamoré de Madrid sin ir a esos sitios como el Palacio Real, El Retiro y todo eso. Tenía una lista escrita en un papel con muchísimos lugares recomendados por Leiva o relacionados con los conciertos de Pereza o mencionados en las canciones. Y cuando llegué a Madrid me di cuenta de que había dejado esa lista en Česká Třebová. Pero como me encanta todo eso, lo tenía ya en mi memoria y pude rehacer la lista en cinco minutos. Y mientras mi prima se quedó los dos días en el Museo Del Prado, yo descubría los lugares de Pereza, de Leiva, de las canciones y tal. Y fue fenomenal, me encantó. Pero no me animaba a hablar hasta que llegó el momento en que tuve que superar mi miedo porque era peor era salir de aquella tiendas de discos sin lo que tanto quería. Y recuerdo cómo súper tímida nerviosísima le dije al vendedor: ‘Oye, perdona, ¿el disco de Pereza Aproximaciones está agotado? Porque no podía encontrarlo. Y me dijo: ‘Sí, lo siento’. Y tuve que ir a otra tienda, y a otra y a otra, pero siempre preguntaba lo mismo. O sea, yo perdí el miedo en varias tiendas de Madrid donde se venden discos de música”.
Las 10 canciones del pop rock español recomendadas por Kristýna:
- Second - Nivel inexperto
- Amaral - La suerte
- Leiva - Bajo presión
- Viva Suecia - No hemos aprendido nada
- Arde Bogotá - La Salvación
- Ultraligera - Europa
- Love of Lesbian - Club de fans de John Boy
- Izal - El Pozo
- Kuve - Lo que me dé la gana
- Niña Polaca - Los días malos
Tercer disco
De aquel viaje iniciático a Madrid, Kristýna regresó con varios discos, la satisfacción de haber superado su trauma a hablar español y la alegría de saber que pronto volvería, pero ahora como estudiante de Erasmus, cumpliendo así su sueño de vivir en Madrid.
“‘Mamá, tengo hambre, tengo frío, pero tengo la discografía casi completa de Quique González’”.
Kristýna Horská
“Cuatro veces a la semana teníamos clases e iba andando a la uni porque me encanta Madrid y necesitaba absorber la ciudad: cualquier rincón, cualquier calle me encanta. Y, además, también hay que decir que, en mitad de mi ruta había un Fnac y necesitaba ir a la tienda a buscar discos. Y como soy la típica checa que iba a estudiar en España, en el sur, donde hace calor y estudié desde septiembre hasta enero, pues, imagínate... llegué con dos calcetines y un jersey y, a partir de octubre, me di cuenta de que iba a tener un gran problema, pero bueno fui a una tienda con ganas de comprar los discos del cantante español Quique González y me di cuenta de que podía comprarme uno o dos como máximo, pero el tercero ya no porque necesitaba comprarme un jersey si no quería morir de frío y también tenía que comer algo. Pero me di cuenta de que usando tres camisetas a la vez y si durante una semana iba a desayunar solo una barra de pan podía tener los tres discos. Así que me compré tres y, hablando con mi mamá por Skype, me hizo la típica pregunta: ‘Pues qué tal hija, ¿cómo andas? ¿Todo bien? Y yo, toda entusiasmada, recuerdo que le dije: ‘Mamá, tengo hambre, tengo frío, pero tengo la discografía casi completa de Quique González’. Estaba súper feliz”.
Para no olvidar nunca esa experiencia, Kristýna creó el diario de Lady Madrid y también su versión checa, donde da cuenta, con lujo de detalles, de sus múltiples aventuras durante aquellos cinco meses. Luego abrió otro blog, Cancionero de Lady Madrid, donde profundiza en cada uno de los músicos y canciones que también se encarga de traducir al checo para difundir un poco más su pasión. Aunque ya perdió la cuenta, Kristýna calcula que, desde aquel Erasmus, volvió más de veinte veces a Madrid, pero nunca para hacer turismo, siempre para disfrutar de un concierto o algo vinculado a la música. De hecho, la última vez fue hace apenas unas semanas para ver Flores para Antonio, el documental sobre la familia del músico Antonio Flores, que murió de sobredosis hace 30 años y cuya hija, Alba, se hizo conocida, sobre todo, por su papel de Nairobi en La casa de papel.
Los segundos fueron los primeros
Y aunque no es una tarea fácil teniendo en cuenta que ya asistió a muchísimos conciertos, intenta elegir su preferido.
“Pues, seguro cualquier concierto de Leiva porque con él empezó todo; o sea, tengo que nombrarlo. Luego todo cambió también con el grupo Second de Murcia cuando, también durante la pandemia, descubrí la canción Nivel Inexperto y fue una canción que me dejó fascinada y tuve que ponerla en bucle y escucharla muchísimas veces cada día y quise ir a un concierto para poder escucharla en vivo y así empezó otra aventura, la secondista. Porque fui a un concierto en pleno verano: el concierto más caro para mí porque despúes de la pandemia y en verano los billetes de avión fueron tremendamente carísimos y pues yo fui solo para aquel concierto y además conocí a otras personas maravillosas gracias a este grupo. Además, hicimos un proyecto cuando el se despidió de los escenarios después de 25 años y con las personas que conocí gracias a este grupo, a quienes voy a volver a ver pronto porque ya son mis amigos y mi vida sería otra sin Second”.
Aunque esa última frase pueda sonar para algunos un poco exagerada, Kristýna tiene sus motivos para decirla porque, además de regalarles a cada uno de los integrantes del grupo Second un libro de recuerdos cuando se separaron, ella logró algo casi inédito en la historia de la relación entre músicos y fans: al revés de lo que suele suceder, fueron los integrantes del grupo Second quienes quisieron conocerla a ella.
“Publiqué en mi Instagram un post diciendo que iba a ir a aquel concierto y creo que mencioné también al grupo. Y ellos lo mencionaron después del concierto, terminó el concierto y el cantante Sean Frutos volvió al escenario diciendo: ‘Oye, una pregunta, ayer alguien escribió en las redes que había llegado desde Praga solo por el concierto’. Y yo me quedé con la boca abierta mirando a mi amiga Esther: ‘¿Has oído lo mismo que yo?’. Y ella: ‘no me lo puedo creer, tía, madre mía’. Y yo, con la mano arriba, ‘soy yo’. Pues él dijo un aplauso para ella porque, madre mía, ir al concierto. Y yo pensé: pero ¿por qué un aplauso? Si solo cogí el avión y estoy aquí pero... fue fenomenal. Y después de aquel concierto llegó el bajista, Nando Robles, diciendo: ‘oye, ¿quieres una foto o algo así?’. Y yo le dije que no porque no quería molestar más, todo el mundo dice que eso no es molestia, pero no quería molestar y le dije que no”.
Por supuesto que las cosas no quedaron así y, luego de ese extraño diálogo, Kristýna se pudo sacar una foto con el cantante y el bajista, para sellar así una noche inolvidable de Madrid que tuvo lugar en el verano de 2022, tres meses antes de que Second publicara su disco despedida.
Kilómetro Cero
Lo cierto es que más allá de esa gran anécdota el interés y conocimiento de Kristýna por lo que ella misma define como la música española pop, rock, indie es toda una excepción entre los checos.
“Porque yo creo que todo el mundo piensa que la música española es flamenco o reggaetón y eso yo lo odio y me da muchísima pena”.
De hecho, lamenta que para muchos checos España solo sea un sinónimo de vacaciones, mar y playa, pero al mismo tiempo entiende que no siempre es fácil acceder a lo que se produce en otras partes del mundo.
“Ahora, en la época de Spotify, no debería ser tan difícil, pero unos 10 años antes ¿cómo podías buscar música rock en español? Tenías que conocer a algún intérprete y buscar sus discos, pero, en mi caso, me sirvió muchísimo Leiva porque, con su grupo Pereza, hizo un disco de colaboraciones con varios amigos de otras bandas y eso me sirvió porque si trabajaban con Pereza, eso significa para mí que son una banda buena, y yo gracias a esto siempre digo que Leiva para mi pasión es lo mismo que el Kilómetro Cero para las carreteras en España: ahí todo empieza, y si ahora me intereso muchísimo por la música que tiene su origen en Murcia es gracias a Leiva, porque con Leiva empezó todo, y luego podía seguir buscando y encontrando otras bandas como, por ejemplo, Second, Viva Suecia o Arde Bogotá, que son bandas increíbles y tienen canciones que estoy segura que si sonaran en las radios checas, serían un exitazo”.
Tan joven y tan viejo
Agrega Kristýna que, lejos de ser un impedimento, el texto en otro idioma hasta puede ser un aliciente para escuchar y aprender. En ese sentido, aunque sus admirados músicos españoles son de generaciones más jóvenes, no deja de tener en un pedestal también al que, sin lugar a dudas, fue uno de los principales maestros de todos ellos: Joaquín Sabina, quien además compuso nada menos que una canción en honor a Praga: Cristales de Bohemia.
“Sabina es uno de los mejores profesores de español: sus letras te sirven tanto que con él puedes mejorar muchísimo y quiero decir que fui a su concierto y me encantó y yo lo descubrí, otra vez, gracias a Leiva porque Leiva hizo dos canciones para él con Rubén Pozo; y Leiva, en una entrevista, mencionó que la canción más bonita escrita en castellano es Y sin embargo de Joaquín Sabina. Yo estaba leyendo esa entrevista en medio de una clase y salí de la clase con los auriculares y fui a los aseos para escucharla en Youtube enseguida. Y recuerdo que la canción empieza: ‘de sobra sabes que eres la primera’. Y yo así aprendí la expresión ‘de sobra’, no conocía antes esa expresión y ahora siempre que la uso me acuerdo de esa canción. O sea, las letras me sirven para esto”.
El whisky de Rosalía
Actualmente, Kristýna trabaja como recepcionista de una empresa de tecnología y a pesar de su enorme pasión por la música española no siente tanto entusiasmo por uno de los discos más comentados de estos días: LUX, el último de Rosalía.
“Recuerdo que mis amigas petaron el Instagram compartiendo sus canciones y creo que incluso varios periódicos lo mencionaron porque es algo que ahora representa a España: es una persona muy conocida de esta música. Yo escuché el último disco, pero para mí es como una botella de whisky. Es algo buenísimo, pero es solo para ciertas oportunidades o ciertos momentos para los que necesitas algo excepcional. Y como ella tiene también en este último disco varias letras en italiano o alemán, eso para mí no es tan interesante porque yo quiero mejorar mi español a base de letras españolas, por eso prefiero otros intérpretes y me encantan otras bandas que puedo escuchar cada día y que también son de calidad, pero más pop y rock, algo que uno necesita cada día como el agua. Pero hay momentos en que prefieres beber una botella de whisky, pues algún día será genial escuchar el disco de Rosalía, aunque no es algo que yo me ponga cada día”.
Casa de campo
Aunque en Chequia tiene la sensación de que a veces la ven un poco como una “friki” de la música hispana, Kristýna sigue adelante en su camino compartiendo y traduciendo canciones a diario en redes y haciendo esos viajes relámpago para no perderse ningún concierto en Madrid, esa ciudad que, de sola nombrarla, le provoca una sonrisa y que hace tiempo se transformó en parte de su identidad.
“Para mí es mi segunda casa, es mi segundo hogar. Y como aquí los checos tenemos casa de campo, yo digo que mi casa de campo es Madrid”.
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