La disputa por el color de la noche de Praga: ¿adiós a las tradicionales farolas?
La sustitución de las antiguas farolas de vapor de sodio por luminarias LED en Praga desató un intenso debate entre autoridades municipales, científicos y activistas, divididos entre los posibles daños a la salud y al medio ambiente y los beneficios en seguridad vial y eficiencia energética.
La modernización del alumbrado público en Praga dejó de ser una simple cuestión técnica para convertirse en una encendida discusión política sobre cómo deben iluminarse las ciudades por la noche. El cambio de las tradicionales luces anaranjadas por farolas LED blancas generó críticas de expertos y representantes ciudadanos, que alertan sobre sus efectos biológicos y ecológicos.
Según reporta la Radio Checa, el proceso de sustitución se aceleró después de que la Unión Europea estableciera que, a partir de 2027, ya no se podrían instalar lámparas de sodio con mercurio, una tecnología ampliamente utilizada en el alumbrado urbano durante décadas. Esta decisión obligó a los municipios checos a buscar alternativas más modernas y sostenibles, lo que derivó en la adopción generalizada de iluminación LED.
Sin embargo, el problema no se limita solo a cambiar la tecnología, sino también a definir qué tipo de luz resulta más adecuada para la vida nocturna. Mientras que la luz blanca es presentada como un avance hacia el progreso y la eficiencia, algunas voces críticas alertan sobre un riesgo silencioso para la salud humana y la biodiversidad.
Luces y sombras de un encendido debate
La concejala Kristýna Drápalová (Praha sobě) forma parte del grupo que señala las posibles consecuencias negativas de esta opción y participó activamente en una petición ciudadana en contra de esta iniciativa. Según su postura, la luz blanca nocturna tiene efectos negativos comprobados tanto en las personas como en la naturaleza, por lo que su uso masivo en espacios públicos resulta problemático, según explicó en una entrevista con el periodista Lukáš Matoška de la Radio Checa.
“Yo no estoy de acuerdo principalmente por el motivo que se describe en esa petición, y es que está demostrado desde hace tiempo que la luz blanca por la noche tiene impactos negativos, tanto en las personas como en la naturaleza, y son impactos bastante significativos. En el caso de las personas, el principal efecto es sobre la calidad de nuestro sueño, y, por lo tanto, también sobre la calidad de nuestra regeneración, que está comprobado que la luz blanca reduce. Me refiero a la exposición a la luz blanca por la noche, en esas horas nocturnas en las que nuestro cuerpo ya debería prepararse para irse a dormir y empieza simplemente la fase de descanso, ese régimen en el que debe renovarse y regenerarse de alguna manera. Y al mismo tiempo, lo mismo se aplica especialmente a los árboles y a los insectos. Está demostrado que los árboles, por así decirlo, se confunden sobre cuándo deberían perder las hojas en otoño si están iluminados con esa luz blanca, porque siguen evaluando que la cantidad de luz corresponde a que todavía está en curso el periodo vegetativo. Exactamente lo mismo ocurre con los insectos. El uso excesivo de esta luz blanca tiene efectos absolutamente devastadores sobre la cantidad de insectos en las ciudades y, por lo tanto, perdemos polinizadores y todo el ecosistema se debilita”.
Frente a estas preocupaciones, el concejal Tomáš Hrdinka, de Automovilistas, defendió en la misma entrevista la transición hacia LED como una medida inevitable. Argumentó que la prohibición europea de las lámparas de sodio obligó a Praga a adoptar una nueva tecnología y que el cambio no fue una decisión “caprichosa”, sino una adaptación a normas ambientales más estrictas, explicó.
“En cuanto a la razón por la que se está cambiando el alumbrado, básicamente se debe al fin de esta tecnología por un reglamento de la Unión Europea, que a partir de 2027 prohíbe la instalación de lámparas de sodio que contienen mercurio. Así que el motivo para el cambio a tecnología LED es evidente. Ahora estamos hablando de la temperatura de color de la iluminación, que mencionó la colega. Existen distintas tonalidades, desde el naranja, pasando por el amarillo, hasta el amarillo-blanco. Si hablamos de luz blanca y azul, estoy de acuerdo con mi colega en que existen estudios de salud que atribuyen al componente azul de la luz efectos negativos, por ejemplo sobre el sueño o también sobre la vegetación. Pero estamos hablando solo de ese componente azul, que forma parte del espectro total de colores. Eso ya ha sido tomado en cuenta por los especialistas”.
Para el Ayuntamiento, la modernización del alumbrado no solo tiene en consideración criterios ecológicos, sino también necesidades de seguridad vial. Las luces LED, sostiene Hrdinka, permiten una mejor visibilidad en calles y pasos de peatones, lo que podría disminuir accidentes nocturnos. Además de consumir menos energía y requerir menos mantenimiento que las antiguas farolas.
Datos contra datos
Drápalová, sin embargo, rechazó la idea de que 3000 kelvin, la medida tomada por el Ayuntamiento como punto de referencia, representen un equilibrio adecuado. Según ella, numerosos científicos coinciden en que el alumbrado nocturno debería situarse entre 1800 y 2200 kelvin para minimizar daños biológicos. Desde su punto de vista, Praga adoptó un estándar demasiado alto sin abrir un debate público previo sobre sus consecuencias. Del mismo modo, criticó la falta de transparencia en el proceso de decisión. A su juicio, la ciudad cambió su iluminación sin consultar suficientemente a expertos independientes ni a la ciudadanía, lo que motivó la creación de la petición contra el modelo actual.
Hrdinka, por su parte, asegura que su postura y la del Ayuntamiento se basan en estudios internacionales sobre seguridad pasiva, que indican que una luz más blanca mejora la percepción de colores y permite detectar peatones a mayor distancia. Según estas investigaciones, aumentar la temperatura de color de 3000 a 4000 kelvin puede ampliar el campo visual efectivo hasta en un 30%. Sin embargo, en el mismo reportaje, admitió que la luz blanca resulta más agresiva que la anaranjada, aunque, aunque subrayó que en los niveles adoptados por Praga el riesgo para la salud es mínimo y queda compensado por los beneficios en seguridad.
La luz al final del debate
De esta manera, el futuro del alumbrado nocturno en la capital checa permanece, todavía, sumido en algunas sombras. De esta discusión dependerá, en gran parte, la supervivencia de esa atmósfera especial de la noche praguense.
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