La arquitectura de los 90 en Praga: ¿la peor de la ciudad o una era dorada?

Odiada, amada y odiada de nuevo, la arquitectura de la Praga de los 90 no suele pasar desapercibida en una ciudad muchas veces llamada "la más bella del mundo". ¿Y si su mala fama fuera producto de una desafortunada confusión? Escuchamos la opinión de un arquitecto y periodista que explica por qué, en realidad, aquellos años de construcción fueron "una era dorada".

Ventana al futuro | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

Al cerrar los ojos y pensar en Praga, difícilmente se vengan a la mente edificios de vidrio, bloques opacos con rasgos futuristas o centros comerciales y hoteles desproporcionados rodeados de fachadas de estilo barroco. La arquitectura desarrollada en la capital checa en los años 90 no es, a primera vista, una puerta de entrada a la sofisticación y el buen gusto.

Sin embargo, el periodista y arquitecto Jan Bureš propone frenarse un momento en la escalera mecánica de las críticas. Entrevistado por el periodista Ian Willoughby de la redacción en inglés de RPI, Bureš asegura que, en realidad, tal vez todo sea una percepción desafortunada.

Jan Bureš | Foto: Ian Willoughby,  Radio Prague International

“Esta percepción negativa hacia la arquitectura de los años 90 proviene sobre todo del público en general. Muchas personas —y yo mismo lo hacía antes, cuando sabía menos sobre el tema— la asocian con una arquitectura kitsch. Porque antes de la revolución, en los años 80 y 90, en la época que llamamos normalización, los arquitectos sobre todo hacían simplemente cajas grises: bloques de viviendas donde no había mucho espacio para la creatividad. Luego, cuando llegó la libertad, mucha gente pensó que para muchos arquitectos eso significaba que ahora tenían que hacerlo todo: muchas formas, muchas figuras, muchos colores. Así que mucha gente lo asocia con este kitsch: con no saber frenarse y terminar haciendo edificios extravagantes. Eso no es del todo falso, pero es solo una parte de la arquitectura de los 90. No tenemos un gran conocimiento de lo que fue realmente la arquitectura de los 90, y el público general solo ve esos ejemplos más extravagantes, porque los que no lo son tanto, por supuesto, son menos visibles”.

Foto: Den Architektury/Kruh

Pero las persianas de la creatividad no se levantaron a bajo costo. Con la libertad, a los arquitectos también les tocó el timbre un nuevo desafío: el de gestionar proyectos desde los cimientos hasta el techo, con todo el papeleo burocrático de por medio y, peor aún, algunos desmanejos que tenían que ver más con la desconfianza que con el talento o las posibilidades materiales.

Un desafío de varios niveles

Praga moderna | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

“Antes de la revolución de 1989, los arquitectos trabajaban en instituciones estatales de planificación y se dedicaban sobre todo a diseñar bloques de viviendas. Tras la revolución, la gran diferencia fue que ya no bastaba con ser buen arquitecto: también había que ser buen empresario. Muchos tuvieron que aprender a dirigir su propio estudio, tratar con clientes o gestionar un negocio. Además, con la apertura de las fronteras llegaron inversores occidentales interesados en proyectos como hoteles u oficinas. Los arquitectos checos tuvieron que aprender a trabajar con ellos, aunque muchas veces los inversores no confiaban del todo en ellos y querían imponer a su propio arquitecto en los proyectos”.

A pesar de contar con muchos detractores, la arquitectura de la Praga de los 90 también cuenta con algunos ejemplos que incluso se han hecho un lugar en las postales. El caso más emblemático es el de la llamada Casa Danzante, un proyecto en el que confluyen la trágica historia de la Segunda Guerra Mundial, el expresidente Václav Havel y un arquitecto destacado de la época que no dejó pasar su oportunidad para dejar tallado su nombre… en vidrio.

El caso de la Casa Danzante y sus primos menos queridos

Vlado Milunič | Foto: Šárka Ševčíková,  Český rozhlas

“La idea de la Casa Danzante surgió incluso antes de la revolución. Václav Havel vivía al lado del solar, que había quedado vacío tras un bombardeo en 1945, y junto con el arquitecto Vlado Milunić pensó que había que construir algo allí. Cuando encontraron un inversor, la aseguradora Nationale-Nederlanden —hoy ING—, este insistió en traer a un arquitecto de renombre para dar publicidad al proyecto. Así llegó Frank Gehry desde Los Ángeles, que acabó diseñando el edificio. La estrategia funcionó: hoy la Casa Danzante es uno de los lugares más fotografiados de Praga”.

Zlatý Anděl | Foto: Kristýna Maková,  Radio Prague International

Sin embargo, la caja de herramientas del márketing no siempre logró su cometido. El caso de Zlatý Anděl –que de ángel solo tiene el nombre del barrio en el que se encuentra y de dorado quién sabe–, está lejos de ser uno de los edificios más apreciados por turistas y locales, aunque su realización tuvo muchas similitudes con el de la Casa Danzante. Sin embargo, vale aclararlo, sí se ganó el respeto de los arquitectos de la época.

“Es prácticamente la misma historia que la de la Casa Danzante. Anděl fue un enorme desarrollo urbano: todo un nuevo barrio en Smíchov. Así que otra vez dijeron: ‘Necesitamos una gran estrella que ponga su sello aquí’. Le pidieron a Jean Nouvel que participara y él vino y solo hizo este edificio de esquina, una pequeña parcela dentro de todo el conjunto, y también se volvió famoso. Tengo que decir que Jean Nouvel era una gran superestrella para los arquitectos checos en los años 90, mucho más que Frank Gehry. Lo admiraban por las revistas y cosas así. Era como un héroe, así que para muchos arquitectos fue como un sueño hecho realidad”.

Casa Danzante  | Foto: Dancing House Hotel

En esta historia vidriosa, si los peldaños del prestigio fueran tres, la Casa Danzante se ubicaría en el más alto, Zlatý Anděl en el segundo y… en el séptimo, tal vez, aparecería el edificio Myslbek. Uno de esos ejemplos que crean “la percepción negativa” que se tiene de la arquitectura de aquellos años.

El edificio Myslbek | Foto: Radio Prague International

“Es una historia curiosa, porque Václav Havel criticó el edificio Myslbek sin saber que uno de sus creadores era un amigo suyo. Cuando se enteró, dijo que quizá no lo habría expresado así. Myslbek es probablemente uno de los edificios más odiados de los años 90, no tanto por su arquitectura como por todo lo que rodeó su construcción. Se trata de una parcela muy importante en el centro de Praga y, aunque hubo un concurso que ganó un arquitecto checo, el inversor extranjero impuso a su propio arquitecto francés. También se criticó que el complejo ocupara todo el solar y estuviera dedicado únicamente a usos comerciales”.

¿El peor de todos?

El hotel Don Giovanni | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

El 29 de octubre de 1787 se estrenó en el Teatro Estatal de Praga (Stavovské divadlo) Don Giovanni, una de las óperas más destacadas de Wolfgang Amadeus Mozart. Su universal éxito no se extendió, lamentablemente, a un hotel bautizado con el mismo nombre de esa obra y que se encuentra a solo pasos de la tumba de Franz Kafka. El Hotel Don Giovanni, en efecto, llama la atención desde lejos, gracias a la perspectiva que ofrece la avenida Vinohradská. Mientras muchos lo critican por su estilo ecléctico, más de 10.000 visitantes le han dejado su reseña en Google Maps, y, cabe destacarlo, son en su gran mayoría muy positivas. En esa línea, Bureš no cree que este sea el peor ejemplo de la arquitectura de los 90.

El Hotel Hilton | Foto:  Radek Šrettr Úlehla,  CAMP

“Me cuesta elegir el peor edificio, pero en mi opinión no es el Don Giovanni. Si tuviera que elegir uno, creo que probablemente sería el Hotel Hilton. Hay cosas interesantes en el hotel, pero lo malo es que es súper enorme y no encaja con el barrio de Karlín. Como es tan grande y se construyó al comienzo del desarrollo de Karlín, fijó el estándar de altura para los otros edificios, que no son tan altos como el Hilton. Creo que eso es realmente malo, porque si no lo hubieran hecho tan grande, el resto de Karlín, la isla de Rohan, sería bastante mejor en términos de dimensiones”.

Mientras algunos edificios fueron, tal vez, demasiado lejos con su propuesta creativa, otros construidos en la misma década parecen indistinguibles de sus vecinos de otro siglo. Tal es el caso del hotel Four Seasons que, según Bureš, representa lo opuesto a esa posibilidad de innovar, cuando todavía era posible.

El hotel Four Seasons | Foto: Google Maps

“A principios de los años 90 todo el centro de Praga fue declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO, y al mismo tiempo aún quedaban muchos solares vacíos donde los inversores querían construir. Eso generó una gran presión del comité de patrimonio para que los nuevos edificios encajaran en el entorno histórico. En el caso del hotel Four Seasons, en mi opinión, se llegó demasiado lejos: el edificio intenta imitar demasiado el casco antiguo. Creo que la arquitectura no debería ser radical, pero sí dejar claro que pertenece a su época”.

Luces de una época irrepetible

Muelles del edificio de la Radio Checa | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

Pero el recorrido por la arquitectura noventosa no es solo cuesta abajo. Algunos ejemplos se destacan por su funcionalidad, estética austera pero con personalidad, y también por las soluciones tecnológicas que encarnan. Tal es el caso del edificio de la Radio Checa, donde se ha grabado la entrevista con Bureš, sin molestia alguna de los constantes sonidos que rodean a la construcción, algo que no es para nada casual.

“Desde fuera, es un tipo de arquitectura que me gusta porque no intenta llamar la atención y resulta bastante modesta. La fachada está hecha con materiales de gran calidad, como la piedra roja que, si no me equivoco, procede de Escocia. Pero lo más interesante es el aspecto tecnológico. Al tratarse de una radio, el edificio debía ser extremadamente silencioso, pese a estar junto a la estación central, una calle muy transitada, el metro y un túnel ferroviario. Para eliminar las vibraciones, los arquitectos colocaron todo el edificio sobre un sistema de muelles negros que absorben los movimientos del subsuelo. Lo interesante es que esa tecnología es visible en algunas partes del edificio”.

Muelles del edificio de la Radio Checa para evitar vibraciones | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

Sinuoso como las calles de Praga, este recorrido por la arquitectura indescifrable de hace 30 años termina en subida. Según la opinión de Bureš, este período tal vez mal representado por ejemplos extravagantes fue, en realidad, una “era dorada” del arte de construir.

“En los años 90, la arquitectura era mucho más dinámica. Los arquitectos tenían más poder y los proyectos avanzaban con mucha rapidez: a veces un edificio obtenía el permiso y al año siguiente ya estaba terminado. También existía un verdadero debate arquitectónico, con críticas y discusiones en revistas especializadas. Hoy la situación es muy distinta: los arquitectos tienen menos margen y conseguir un permiso puede tardar cinco o incluso diez años. Comparado con los años 90, cuando algunos edificios se levantaban en apenas un año, resulta casi increíble”.

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