Este es el mar: la coreógrafa argentina que trajo el Atlántico a Praga
Después de años de esfuerzo y dedicación, la coreógrafa argentina Carolina Arandia estrena en Praga una obra que busca recrear, desde la danza, la experiencia íntima de sumergirse en el mar. Un gesto audaz en una ciudad sin costa, pero que para ella se volvió un puerto inesperado: un lugar donde el teatro late con fuerza y la inspiración nunca deja de llegar.
“Como bailarina, siempre hacía una traducción personal de esa experiencia más bien deportiva que es el buceo y que para mí tenía un trasfondo artístico”.
Tras haber presentado Aurora en Brno en 2022, la coreógrafa argentina Carolina Arandia estrena ahora una nueva obra de danza que se apoya en lo sonoro y lo lumínico para intentar transmitir nada menos que la experiencia de sumersión en el mar. Lo curioso es que, además, la pieza se desarrolla con una única intérprete en escena: la bailarina checa Sabina Bočková.
“Sí, la obra trata sobre la experiencia de buceo y la experiencia del contacto con el mar, con el agua, con el agua de mar, con esos espacios inmensos, con el ritmo que requiere y que es una experiencia muy física y que yo siempre, como bailarina, hacía una traducción personal de esa experiencia, que es más bien deportiva, pero para mí tenía un trasfondo artístico”.
Nadar de noche
Cuenta que, en ese sentido, una de las experiencias más fuertes la tuvo el año pasado cuando hizo un buceo nocturno en Brasil. Impresionada por la difuminación total del espacio y la aparente falta de control, algo de esa experiencia le resultó similar al universo del teatro. En efecto, Carolina encontró en el buceo una suerte de coreografía por los pasos técnicos que hay que hacer con el cuerpo para descender y disfrutar la experiencia de sumersión. Sin embargo, de todos los lugares en los que practicó buceo, ella asegura que el que más le gustó fueron los cenotes de México.
“No es el mar, mar. Los cenotes están cerca del mar, pero son como agujeros en la tierra. El agua es salada porque viene del mar, pero ves, por ejemplo, las raíces de los árboles o ves la tierra desde adentro, como que son agujeros en la tierra. Entonces podés ver desde abajo hacia arriba las raíces de los árboles y el árbol y la copa y todo. Y hay también corrientes de distintos minerales que vienen de las capas de la tierra, entonces el agua cambia de color o se vuelve más aceitosa y amarilla, por ejemplo. Y hay que pasar las distintas corrientes de temperatura también. Eso me resultó muy interesante, muy sorprendente, algo que ni me imaginaba”.
La vida secreta de los objetos
Carolina estudió Comunicación y luego se especializó en lenguajes artísticos y combinados, así como en el Teatro de los Objetos. Fue allí donde empezó a gestarse su conexión con Praga: una ciudad clave para esta corriente, que si bien se desarrolló en varios países europeos, encontró en Chequia un terreno especialmente fértil.
“Bueno, acá hay mucha tradición en el Teatro de Objetos y también de lo artesanal en la escena, que es muy similar también a cómo se trabaja en la escena independiente en Buenos Aires. Y hay una formación en la escuela de teatro acá, en DAMU, de la cual se tomaron varios aspectos del modo de trabajo con los objetos en la escena, eso es muy particular. No es que son necesariamente animados los objetos como el caso de los títeres, sino que hay toda una significación que va cruzando las artes visuales, las artes performáticas y la actuación en la escena. Y la referencia de eso en Latinoamérica es la compañía teatral El Periférico de Objetos”.
Primera vez en Praga
Tan profundo fue el interés de Carolina por esa propuesta teatral que utiliza objetos para crear distintos universos inquietantes que, en un momento de su vida, decidió mudarse a Italia para trabajar en un proyecto vinculado al Teatro de Objetos en Torino. Allí conoció personalmente a varios artistas checos que le hablaron con más detalle de la escena praguense. Esa conversación la impulsó a visitar, por primera vez en su vida, una ciudad llamada Praga.
“No sabía nada y llegué un día a las seis de la mañana, en verano, no podía creer dónde estaba. Y, bueno, me encantó. O sea, me quedé una semana y fui todos los días al teatro. Y durante el día recorría la ciudad, conocí también a muchos artistas que estaban trabajando en la escena. Y me resultó como muy inspirador y atractivo como para desarrollar mi trabajo”.
Después de aquella experiencia, Carolina decidió que quería vivir en Praga, ciudad en la que finalmente terminó y defendió su tesis de maestría durante la pandemia. Desde entonces ha estado soñando con este momento tan importante que, por fin, está por llegar: el estreno de su obra Seanaut en el Studio Hrdinů, una de las salas teatrales de la Galería Nacional. Por el momento, hay dos funciones confirmadas: este martes 26 a las 20:00 y el miércoles 27 a las 18:00.
La perla del Atlántico
“La obra nació, hace dos años, a partir de la convocatoria de una productora checa que viaja seguido a Argentina, y como sabe que yo viajo seguido a Argentina también, y ella trabaja para el Festival Bazaar, estaba queriendo ponerse en contacto con lugares de residencia artística en Argentina. Empezamos a trabajar juntas y me preguntó si tenía algún proyecto para desarrollar entre ambos países y que esté relacionado con la naturaleza. Y yo tenía este proyecto en mente, siempre, con el mar. Y ahí me puse en contacto con Casa Intermitente, que es una residencia en Mar del Plata, e hicimos toda una logística de producción para hacer una residencia allá”.
En esa ciudad a la que siempre viajaba de vacaciones cuando era chica y cuya arquitectura de los años setenta y ochenta también le recuerda un poco a Praga, decidió grabar los sonidos del mar con el objetivo de incluir en su obra la sonoridad de las olas y el viento del Atlántico, en el contexto de un país en el que el mar brilla por su ausencia.
“Me pareció gracioso, cómico, irónico que hay algo que también los extranjeros traen a los lugares, que es como traer lo que no hay en un punto. Entonces, como que me gustaba traer este tema también, o tratar de traer el mar a un lugar donde no lo hay. Y también, no sé, me gusta eso como gesto: tratar de traer el mar a un lugar donde no lo hay”.
Puro teatro
A punto de cumplir el gran objetivo de tener su obra en Praga, dice Carolina que ahora va tratar de estrenar la pieza en otras ciudades de Europa y ya tiene, además, una propuesta para presentarla en un lugar muy significativo para ella: el Museo del Mar de Mar del Plata, pero siempre conservando Praga como una especie de centro de operaciones o, mejor dicho, anclaje, por tratarse de una ciudad bastante abierta a ese tipo de iniciativas.
“En Praga hay teatros super under, salas muy chiquitas y obras que se montan en bares, para mí eso fue un hallazgo”.
“Sí, yo creo que hay cierta apertura, también algo de curiosidad: ¿qué haces acá?, ¿qué estás queriendo mostrar? Yo siempre sentí buena recepción con las dificultades que encontramos todos como artistas, pero no algo extra por ser extranjera, no. Sí está la dificultad del lenguaje, eso seguro, y los artistas extranjeros que conozco, por supuesto, no trabajan con teatro de texto, trabajan más con artes visuales o con objetos, con vestuarios, escenografías y danza”.
En todo caso, hay algo que Carolina encontró en Praga muy similar a Buenos Aires: su excelente oferta teatral.
“Sí, totalmente: incluso amigos que han venido acá a visitarme cuando vamos a un teatro o un café, me dicen: ‘esto es igual a Buenos Aires’. La dinámica, no tanto la arquitectura, sino una cuestión cultural similar y acá también tenés el teatro más oficial, pero también teatros super under, salas muy chiquitas y obras que se montan en bares, directamente: incluso estudiantes de la universidad montan obras en bares como pruebas y eso también sucede allá. Para mí eso fue un hallazgo y algo también que me mantiene, yo creo, que es como lo que siempre me interesa”.
A la deriva
Como todavía no puede vivir de lo que más la apasiona, Carolina tiene un trabajo de medio tiempo en finanzas que le permite desarrollar su carrera artística en paralelo. En cuanto a la obra que está por estrenar, explica que su origen remite a las experiencias que tenía de niña con el mar: una especie de memoria física y emocional de ese juego con lo inmenso y lo salvaje. Pero también nace de algo muy presente en su vida actual: los casi diez años que ya lleva viviendo en Praga.
“Esta lectura más de lo espacial, del desacelerar o de lo sonoro creo que también tiene que ver con la experiencia de inmigración o de extranjería, como todo ese tiempo que a una le lleva también este proceso de adaptación eterno, o más bien constante… si bien ciertas cosas se van acomodando en el nivel corporal, quiero decir, lo sonoro, el espacio, no sé, es como mucha lectura de la realidad que se va ajustando permanentemente, si bien, ya después de tantos años, el espacio es más familiar, por supuesto, pero siempre hay otra capa de lectura”.
Y si bien está muy agradecida por todo lo que consiguió en Praga –proyectos, oportunidades y amigos–, las barreras del idioma la hacen sentir, por momentos, un poco a la deriva. Y, de hecho, es interesante que la idea de estar a la deriva conecta y remite, de algún modo, tanto al mar como a la migración.








