En Praga se expone el Relicario de San Mauro

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Hasta el 7 de enero del 2001 está expuesta en Praga una de las mayores joyas histórico-culturales patrimonio del Estado Checo: el Relicario de San Mauro.

En el Viejo Palacio Real situado en el extenso área del Castillo de Praga, está abierta al público una exposición que ofrece una oportunidad única de conocer los trabajos de restauración del valioso Relicario de San Mauro. Quince años después de que éste fuera descubierto bajo el piso de la capilla del castillo de Becov, en Bohemia Occidental, la opinión pública checa puede admirar de cerca por primera vez el Relicario de San Mauro, del que tanto se habló y escribió en los últimos años.

El visitante de la exposición puede seguir paso por paso los trabajos de restauración de la obra, cuyo valor histórico-cultural es inmenso. Ver el relicario de esa forma, o sea, por piezas, será algo que no se repetirá.

El fin de los trabajos de restauración se calcula para mediados del año próximo. Luego el relicario volverá al castillo de Becov, situado en las proximidades de la ciudad termal de Karlovy Vary, donde se prepara una exposición permanente para su instalación.

Por razones de seguridad, la restauración del relicario se realiza bajo estricto control y en varios lugares. Los trabajos fueron iniciados hace 10 años, siendo encargados entonces a los mejores restauradores checos: Alena Nováková y Andrej Sumbera. Una obra de tal magnitud y significado nunca antes se había realizado en la República Checa.

Hoy en día prosigue el trabajo de restauración tan sólo Andrej Sumbera con ayuda de sus asistentes, ya que la señora Nováková no alcanzó a ver el resultado final de la labor, por haber fallecido en 1997.

Los restauradores checos, que en 1991 comenzaron la labor contando entonces con 499 piezas del relicario descompuesto, consultaron con colegas de otros países de Europa, por ejemplo, con los restauradores del relicario de Carlo Magno en Aquisgrán. Los especialistas alemanes afirmaron entonces que los trabajos de restauración del relicario de San Mauro durarían unos 10 años, pero nadie quería creerles. ¿Hoy en día se demuestra que tenían razón?

Hablando del Relicario de San Mauro y del inmenso valor del mismo, cabe recordar en breve su historia: se trata de una excelente muestra de la orfebrería eurooccidental del siglo 13. Originalmente había sido fabricado para ser depositados en él los restos mortales de San Mauro y San Juan Bautista, sepultados en la abadía benedictina en Florennes, en Bélgica.

En el año 1838 adquirió el relicario, entonces ya bastante dañado, el noble Alfredo de Beaufort. Mandó restaurarlo, pero los trabajos no fueron realizados a un adecuado nivel artístico. La obra fue expuesta en 1888 en la Exposición Mundial en Bruselas e instalada posteriormente en la sede de la familia de los Beaufort en Beèov nad Teplou, en la actual región de Bohemia Occidental.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando los Beaufort decidieron huir de Checoslovaquia por haber apoyado a los nazis y considerar que ello podría serles reprochado más tarde, antes de su fuga guardaron el relicario bajo el suelo de la capilla del castillo de Becov. Allí permaneció la valiosa obra durante largo tiempo, siendo descubierta tan sólo el 5 de noviembre de 1985, aunque fuertemente dañada y corroída.

Primero se procedió a la documentación del hallazgo y a su descomposición en 499 las piezas básicas. Los propios trabajos de restauración no comenzaron hasta marzo de 1991.

El relicario de San Mauro tiene la forma de una tumba de 138 centímetros de longitud, 42 centímetros de ancho y casi 65 centímetros de altura. Su esqueleto de madera está ricamente decorado de plata y cobre dorados que forman elementos figurativos y de filigrana. Adornan el relicario también piedras preciosas lisas y talladas. La obra testimonia de un alto nivel artístico de sus autores, provenientes, según los historiadores, de la zona de Colonia, en la actual Alemania.

El Relicario de San Mauro, expuesto en Praga, es la única obra de esta naturaleza que se encuentra en el territorio de la República Checa y una de las pocas que se han conservado en toda Europa. Su valor histórico-cultural es inmenso, pudiendo ser comparado en el caso de Chequia tan sólo al de las joyas de coronación de los reyes de Bohemia que forman parte del tesoro de la nación checa.