En busca de tesoros perdidos en Bohemia Central

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Radio Praga les invita ahora a emprender un recorrido por Bohemia Central, en busca de tesoros que sus propietarios enterraron hace muchos siglos para ocultarlos y guardarlos a la espera de mejores tiempos.

Desde tiempos remotos la gente sentía una gran conmoción cuando se hablaba de tesoros enterrados o escondidos en las paredes de los castillos, monasterios y fortalezas. El misterio y el sabor a lo romántico que velaban sobre los tesoros, siempre provocaban fantasía e imaginación, dando origen a muchas leyendas preciosas.

Esas leyendas narraban los motivos que indujeron a los propietarios de dichos tesoros a ocultarlos para siempre ante los ojos de los demás y nunca olvidaban mencionar lo que traería el tesoro a la persona que lo hallase. Aunque muchas de esas leyendas fueron un puro cuento de hadas, fruto de la fantasía, habían varias que servían de guía para revelar grandes descubrimientos arqueológicos.

Además, el que los tesoros verdaderamente existieran, es un hecho histórico irrefutable y comprobado: hasta el día de hoy aparecen en los periódicos noticias sobre hallazgos de monedas históricas y objetos de gran valor. La gente solía esconder sus cosas más valiosas sobre todo durante las guerras y pandemias. Las razones por las que se enterraba la riqueza eran bien diversas: la venganza, la superstición o por precaución. Los histo

riadores checos estiman que tan sólo en Praga y en Bohemia Central se encuentran bajo tierra más de 200 mil tesoros aún no descubiertos. Cada ciudad, pueblo, aldea y monumento histórico tiene su tesoro y leyenda vinculada con él. Visitemos ahora algunos lugares en los que "según la leyenda local- nuestros antepasados escondieron sus más preciadas posesiones.

En la aldea de Jesenice, en las afueras de la capital checa, se encuentra una cantera cuya piedra fue utilizada para la reparación del Puente de Carlos, danado considerablemente por las inundaciones que en septiembre de 1890 afectaron a Praga. En ese entonces cayó al río Vltava el conjunto barroco de estatuas de San Ignacio y San Francisco Javier, del siglo XVII.

Según reza la leyenda, el conde Spork, representante de una de las estirpes nobles más poderosas del siglo XVIII, mandó emparedar en la parte inferior del conjunto cien monedas de oro, para la suerte. También en otro conjunto escultórico de San Huberto, construido por orden del conde Spork, estaría escondido otro tesoro.

Dicho conjunto se encuentra en los bosques que rodean a uno de los palacios propiedad del conde y ubicado entre las ciudades de Lysá nad Labem y Celákovice, a veinte kilómetros al este de Praga. Sin embargo, en este caso, el tesoro que se esconde en el conjunto, no se debe al poderoso conde sino al administrador de sus bosques.

Éste se enamoró de María, una bella jóven que un día, desgraciadamente, se contagió de viruela negra. El administrador empezó a rezar y a rogar a Dios la salvación de su querida. Dios apareció y le prometió ayudar en caso de que el administrador le dedicara 500 monedas de oro. El pobre administrador no vaciló y enterró la suma en el conjunto de estatuas de San Huberto.

Cabe agregar que María se curó y, como el administrador era muy diligente, registró sus gastos en el libro de contabilidad del feudo del conde Spork.

En la colina de Petrín, lugar de citas para los enamorados de Praga, está la Iglesia ortodoxa de San Mijail, hecha de madera y trasladada a Petrín, en el siglo XIX, desde Rutenia, región histórica que ocupa hoy parte de Ucrania y que hasta 1945 perteneció a Checoslovaquia. En la proximidad de esta iglesia, el escritor checo del siglo XIX, Karel Sabina, enterró el manuscrito de su autobiografía.

Sabina quedó en la memoria de la nación checa de manera muy negativa, ya que fue colaborador de la Policía Secreta del Imperio Austro-húngaro. Y esto, en la segunda mitad del siglo XIX, o sea en el período de esfuerzos de los checos por recobrar su identidad nacional, fue interpretado por la comunidad checa como alta traición a la patria.

El escritor checo describió en el manuscrito las razones por las que empezó a colaborar con la Policía Secreta y adjuntó la lista de patriotas checos a los que denunció. Originalmente, Sabina quiso publicar su autobiografía pero Julius Zeyer, otro gran escritor checo, como su único lector, le convenció de que no lo hiciera.

De haberse publicado, la nación checa hubiera tenido que corregir, probablemente, su opinión sobre muchas figuras ilustres, porque Sabina mencionó en su autobiografía a otros conocidos patriotas checos, entre pintores, escultores y escritores, que colaboraban con la Policía austro- húngara.

En el sótano de las ruinas del castillo gótico de Jenstejn, en las cercanías de Praga, se esconde un tesoro muy curioso: el cuadro "El Suicida", del pintor ruso Repin, del siglo XIX. Lo enterró allí el escritor checo Jaroslav Vrchlický, ya que el cuadro le asustaba de sobremanera.

No es de extranar. Los cuadros de Repin daban miedo, provocando en los observadores un tremendo pánico; según fuentes policiales rusas, incluso tenían la capacidad de inducir a uno al suicidio o al homicidio. ¿Porqué? Basta con ver a los dos retratados en el cuadro "Ivan el Terrible y su hijo", con una desesperación y terror pintados en sus desorbitados ojos.

Grandes cantidades de joyas y otras cosas valiosas se encuentran también en las paredes de la fortificación de la ciudad de Cáslav. Antes de ser transportados a campos de concentración, durante la Segunda Guerra Mundial, los judíos residentes en esa ciudad entregaron sus cosas más valiosas al comerciante Hugo Fleischmann que las emparedó en la fortificación.

Se trataba de joyas de oro, plata y objetos eclesiásticos cuyo valor superaba las tres millones de coronas checoslovacas. Fleischmann cayó en el frente antes de poder comunicar a otra persona el lugar preciso donde emparedó el tesoro. Cerca

del palacio barroco de Libechov se halla un grupo de cabezas monumentales, denominadas "Cabezas de Diablo", que el escultor Václav Levý talló, a principios del siglo XIX, en la propia roca. Ese excéntrico artista originalmente fue cocinero en el palacio; sin embargo, su propietario se dio cuenta del gran talento de Václav Levý y le permitió esculpir en las rocas que rodeaban el palacio. Más tarde le pagó incluso los estudios en Roma donde Václav Levý se hizo muy famoso.

¿Y dónde está el tesoro? Pues clavado en las "Cabezas de Diablo" donde Václav Levý -según se dice- escondió la mitad del dinero que obtuvo por sus obras.

En fin, en el territorio checo hay miles de tesoros aún no descubiertos. Si vienen a la República Checa, estimados oyentes, a lo mejor les tocará la suerte de hallar uno. La mala noticia es que no podrán quedarse con él, ya que todo lo descubierto en el territorio nacional es propiedad del Estado por lo que tendrán que contentarse con un pequeno consuelo financiero que el Estado les entregará como recompensa por sus servicios.