El palacio renacentista de Kratochvíle - Museo de Cine Animado

Kratochvíle, foto: Barbora Kmentová

Radio Praga les invita ahora a visitar imaginariamente el palacio renacentista de Kratochvíle, en Bohemia del Sur, el que alberga al Museo de Cine Animado, el único en la República Checa.

Kratochvíle, foto: Barbora Kmentová
En el centro del paisaje de Bohemia del Sur, famoso por sus estanques y aldeas pintorescas que representan lo más bonito de la arquitectura popular barroca, se eleva la silueta de un palacio, construido en el siglo XVI, que servía como lugar de placer y entretenimiento para sus propietarios. El lugar lleva un nombre muy propicio: Kratochvíle, lo que significa en espanol "pasatiempos".

La historia de Kratochvíle está vinculada con los dos últimos representantes de los Rozmberk, una estirpe noble muy poderosa por aquél entonces: Vilém y su hermano Petr Vok. Un ejemplo del opulento estilo de vida de esos dos príncipes renacentistas, fueron su afición a la cacería y grandiosos banquetes que ofrecían en el palacete.

En el lugar de Kratochvíle estaba, desde principios del siglo XIV, la finca senorial Leptac que en 1513 pasó a ser propiedad de los Rozmberk. En la segunda mitad del siglo XVI, Vilém de Rozmberk encomendó la administración de la finca a su fiel servidor, Jakub Krcín, conocido arquitecto de numerosos estanques de Bohemia del Sur.

Bajo la dirección de Jakub Krcín, Leptac floreció, proporcionando a su propietario grandes recursos financieros para la lujosa vida que Vilém llevaba en su calidad de burgrave supremo del Reino de Bohemia. Vilém de Rozmberk estuvo tan satisfecho con los servicios de Jakub Krcín que en 1569 le regaló no sólo la finca, sino que también las aldeas adyacentes.

Kratochvíle, foto: Barbora Kmentová
Krcín hizo de Leptac una sede majestuosa, decorada con pinturas con temas de cacería, rodeada por un amplio coto de caza, rico en jabalíes, osos y caza mayor, el más grande de las tierras checas del siglo XVI. Al lado del coto, Krcín mandó construir tres horcas para desistir a los servidores de la gleba de cazar furtivamente en él.

Las crónicas testimonian que Jakub Krcín fue un administrador muy estricto para con sus servidores, no vacilando en utilizar las penas más duras para obligarlos a obedecerle. Sus enemigos no pudieron perdonarle además que, para enriquecerse, se cazó con una rica viuda que tenía cuarenta años más que él. No extrana que en la fantasía popular hayan surgido leyendas sobre que Krcín habría hecho un pacto con el Diablo.

Fue, supuestamente, en la finca Leptac, en cuyo lugar más tarde se construyó el palacio Kratochvíle, donde Krcín habría contraído su primer pacto con el infierno para llevar a cabo con éxito la construcción de sus numerosos estanques. Sin embargo, basta con pronunciar el nombre de Krcín en el palacio para que empiecen a caer los cuadros de las paredes y a oírse sonidos extranos de la chimenea, lo que indica que, con toda probabilidad, Krcín le tomó el pelo al Diablo.

Kratochvíle, foto: Barbora Kmentová
Según otra leyenda, en las cercanías de la aldea de Obdenice, adyacente a Kratochvíle, cada noche aparece el fantasma de Jakub Krcín labrando la tierra, a la vez que es azotado por los diablos. El miedo ante el administrador omnipresente dio origen a otra leyenda según la que, hasta nuestros días, Krcín recorre por la noche en una carroza sus dominios para controlar a sus servidores.

Si Jakub Krcín de veras hizo un pacto con el Diablo y su alma es abrasada por las llamas eternas, no es sabido a ciencia cierta. La verdad es que la finca Leptac se convirtió en el lugar de descanso preferido de Vilém de Rozmberk. El burgrave checo se sintió tan a gusto allí que en 1580 la intercambió, entregándole a Krcín la cercana ciudad de Sedlcany. Siendo de nuevo el propietario de la finca, Vilém de Rozmberk comenzó a construir en su lugar una sede veraniega a la que le puso el nombre Kratochvíle, encomendando las obras a Krcín. Los gastos para la construcción fueron enormes, ya que el terreno de esa región es pantanoso y los cimientos del palacete de caza tuvieron que reforzarse con resortes de madera.

Kratochvíle, foto: Barbora Kmentová
Kratochvíle fue construido según el proyecto del arquitecto italiano, Baltassar Maggi, que trabajó en otros palacios checos, por ejemplo en el de la ciudad de Ceský Krumlov, Bohemia del Sur, inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Maggi edificó un palacete inspirado en los casinos italianos, rodeándolo con un foso de agua y un precioso parque que invitaba a sus visitantes a los juegos caprichosos.

El edificio tiene forma rectangular, con una torre en el centro y una Iglesia dedicada a la Virgen María. El interior está decorado con estucos y pinturas con escenas de caza y temas de la Antigüedad. Los estucos son obra del pintor italiano, Antonio Melani, las pinturas murales fueron hechas por el alemán, Jirí Widmann, quien se hizo conocido en las tierras checas por su decoración del palacio de Telc, ciudad inscrita también en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Vilém de Rozmberk hizo construir el palacete, que hoy figura entre las joyas de la arquitectura renacentista de este país, para su tercera esposa, Ana María, la margrave de Baden. Desgraciadamente, Ana María falleció en 1583, seis años antes de que se concluyera la construcción. Vilém pasó allí los últimos años de su vida y después de su muerte, en 1592, lo heredó su hermano, Petr Vok, quien, diez años después, vendió Kratochvíle al emperador germano, Rodolfo II.

Kratochvíle, foto: Barbora Kmentová
Desde entonces, el palacio cambió varias veces de dueno, entre los que figuraban los Eggenberg y los Schwarzenberg, dos renombradas estirpes checas. Sin embargo, ningunas de éstas mostraron interés por mantenerlo, por lo que Kratochvíle sufría paulatinamente graves deterioros. En la segunda mitad del siglo XIX fue instalado en una parte del palacete un orfanato, el resto servía como almacén y granero.

Equipos de restauradores devolvieron la belleza marchitada al palacete renacentista en los años setenta del siglo XX. Una vez terminada la reconstrucción, surgió otro problema: el palacio estuvo renovado pero vacío, ya que los muebles originales no se habían conservado. La solución por la que finalmente se optó, demostró ser una buena idea: Desde 1981, Kratochvíle alberga una exposición permanente de cine animado checo, la única del país.

No es de extranar que el palacete se haya convertido en un lugar muy visitado, sobre todo por las familias con ninos pequenos que en Kratochvíle entran en el mágico y encantador mundo de los cuentos de hadas con los que crecían generaciones enteras de la nación checa. La exposición familiariza a los visitantes con la historia de cine animado checo desde su origen, después de la Segunda Guerra Mundial, hasta el presente.

En el museo se pueden ver, además de 300 títeres, imágenes de más de 240 películas animadas que representan la obra de 54 directores y 84 artistas. La exposición muestra también las técnicas más diversas que se utilizan en el rodaje de dichas películas y presenta a grandes personajes de este género, tales como Jirí Trnka, Karel Zeman y Zdenek Miler. En fin, en el palacio Kratochvíle, en Bohemia del Sur, el nino queda embelesado y el adulto regresa contra la corriente del tiempo a su propia ninez.