El mercado negro de tabaco se dispara en Chequia

El comercio ilegal de tabaco en Chequia alcanza niveles récord, impulsado por redes de contrabando profesionalizadas y la entrada masiva de productos falsificados. Mientras el Estado pierde millones en impuestos, el sector apunta a la política fiscal como un factor clave en un mercado cada vez más descontrolado.

Tanto Chequia como la siempre controvertida industria tabacalera afrontan en la última década uno de sus momentos más críticos en relación a una creciente problemática como es el comercio ilegal, una tendencia que se ha consolidado en los últimos años y que afecta tanto a los cigarrillos tradicionales como a las nuevas categorías de productos de nicotina.

Al menos eso denuncian los últimos estudios del sector, que indican que casi uno de cada cinco cigarrillos consumidos en el país no paga impuestos, lo cual supone una pérdida millonaria de ingresos fiscales para el Estado y un riesgo elevado para los consumidores al ser productos de calidad no controlada.

Foto: Celní správa

El fenómeno, aunque no es nuevo, sí parece haberse vuelto más persistente en el último tiempo. Las cuatro principales tabacaleras que operan en el país, en colaboración con otras consultoras, realizan estudios periódicos basados en el análisis de colillas y envases encontrados en el mercado.

Así, los resultados más recientes apuntan a que los productos de tabaco sin gravar representan ya entre el 17 % y el 18 % del mercado, una cifra notablemente superior a la de hace apenas unos años. Un estudio de KPMG, elaborado para Philip Morris International, confirma esta tendencia: en 2024 se consumieron unos 980 millones de cigarrillos ilegales en la República Checa, más de la mitad de ellos falsificados.

En este sentido, el mapa del contrabando ha cambiado con rapidez. Las tradicionales compras transfronterizas en Polonia o Eslovaquia siguen siendo relevantes, con la primera representando aproximadamente un 9 % del total del mercado ilegal, pero cada vez desempeñan un papel menor frente a redes de distribución profesionalizadas, con ramificaciones que van mucho más allá del continente europeo.

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En el caso de los productos falsificados de nuevas categorías, como los cartuchos de nicotina, China se ha convertido en el principal origen, desde donde los falsificadores operan como empresas logísticas y envían contenedores a Europa con un riesgo mínimo de persecución.

Por su parte, zonas fronterizas como Karviná o Hřensko se mantienen como “puntos calientes”. Este último ha sido escenario recurrente de incautaciones tanto de tabaco como de textiles y electrónica falsificada. Este mismo año, la Aduana checa encontró allí un almacén con más de 54 000 cigarrillos sin etiquetar y cartuchos de cigarrillos electrónicos mezclados entre falsificaciones de marca, aunque no es en absoluto el único ejemplo de este tipo de operaciones.

También este año los agentes aduaneros llevaron a cabo diversas redadas que expusieron redes de contrabando a gran escala, distribución en línea y ventas regionales. Las mismas incluyeron, por ejemplo, operaciones en la región de Karlovy Vary (7 millones de cigarrillos y evasión fiscal equivalente a unos 1,3 millones de euros), Karviná (400 mil cigarrillos, perjuicio fiscal de alrededor 165 000 €), Hřensko (más de 54 mil cigarrillos y falsificaciones por valor de 52 millones de coronas, lo que son cerca de 2,15 millones de euros) y la operación nacional PHANTOM, que incautó más de 60 mil cigarrillos sin impuestos.

Es precisamente en relación a esta evolución del mercado ilegal que voces del sector apuntan a otro factor profundamente conectado: la política fiscal.

“El aumento repentino de los impuestos especiales es el mayor error, ya que solo conduce al crecimiento del mercado negro. El camino correcto es un aumento gradual y predecible que tenga en cuenta los niveles de precios de los mercados cercanos. El principio de tributación según el grado de nocividad tiene sentido: los cigarrillos clásicos son los más nocivos, y los productos menos arriesgados, los menos”, señala Tomáš Zima, director de relaciones externas de British American Tobacco (BAT).

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En esta línea, varias voces del sector defienden un modelo de incrementos graduales y predecibles, así como la aplicación del principio de reducción de daños, que impone tipos más altos a los productos más nocivos, como los cigarrillos convencionales, y menores a alternativas menos dañinas.

El propio Zima destaca el ejemplo de Suecia, que con una estrategia de fiscalidad clara y apoyo a productos de menor riesgo ha logrado reducir el tabaquismo a tasas inferiores al 5 %, frente a países como Francia o Australia, con políticas más restrictivas, que afrontan mercados ilegales que alcanzan el 38 % y más del 90 % del consumo, respectivamente.