El balneario de Karlovy Vary

Karlovy Vary, foto: CzechTourism

Desde su fundación en el siglo XIV, época en que recibió los fueros reales de ciudad medieval, el balneario de Karlovy Vary ha sido lugar de veraneo de muchas "testas coronadas" de Europa, de mariscales, científicos y grandes personalidades de la cultura mundial.

Karlovy Vary, foto: CzechTourism
También desde entonces muchos otros han acudido al balneario, sito en medio de colinas y bosques de inigualable belleza, en busca de salud, descanso, e incluso entretenimiento.

A todos ellos nos sumamos ahora nosotros en pos de todo eso y más, pues Karlovy Vary también abunda en monumentos, y no hay rincón de la ciudad que no transpire cultura y belleza.

Al parecer, los efectos curativos de las aguas minerales del lugar se conocían ya desde tiempos remotos, pero no fue hasta la segunda mitad del siglo XIV que surgió allí la primera población gracias al rey de Bohemia y emperador romano-germánico, Carlos IV.

Cuenta la leyenda que encontrándose de cacería en los vastos cotos que tenía por aquella zona occidental de Bohemia, Carlos IV perseguía un ciervo en compañía de su séquito y de la jauría. Pero el animal, tratando de escapar de sus perseguidores, saltó desde lo alto de un promontorio rocoso y fue a caer en las termas que brotaban abajo, en el valle, donde quedó escaldado. Así dice la leyenda que el soberano checo descubrió las fuentes de aguas minerales.

Todavía con el recuerdo de la leyenda que nos ha contado el guía, abandonamos el autobús después de recorrer en él 120 kilómetros desde Praga en dirección a Bohemia Occidental. Una vez en el balneario, que realmente es "de cuento de hadas", de nuevo nos hace recordar la leyenda el monumento al ciervo que se recorta entre frondosos árboles en lo alto del promontorio desde el que cayera el animal, y desde el cual se nos ofrece una maravillosa vista panorámica de la ciudad balneario al pie.

Desde que las prodigiosas aguas de Karlovy Vary ayudaran al rey Carlos IV a curar las heridas que sufriera en la batalla de Crécy, en Francia, millares de pacientes, incluso extranjeros, han acudido al balneario en busca de salud.

Karlovy Vary
En el siglo XVI el Reino de Bohemia, carente de mar, con gran dificultad lograba importar sal de cocina. Por ello, y conociendo de la salinidad de las aguas termales de Karlovy Vary, el entonces soberano de Bohemia, Fernando I de Habsburgo -hermano de Carlos I de España y V de Alemania- solicitó al famoso médico e investigador Payer el estudio de las aguas para comprobar si contenían o no la codiciada sal común, es decir, cloruro de sodio. Después de mucho investigar Payer llegó a la conclusión de que las aguas de Karlovy Vary contenían muchos minerales, pero no sal de cocina, y descubrió también que según los minerales disueltos, en el balneario checo existían 12 tipos de aguas termales diferentes, que brotaban desde los 3 mil metros de profundidad, logrando hasta 10 metros sobre la superficie de la tierra, con temperaturas que oscilaban entre los 30 y los 72 grados centígrados.

Posteriormente, gracias a los avances de la ciencia y la tecnología se pudo comprobar que las aguas del famoso balneario checo contribuyen a la curación de los trastornos del aparato digestivo, de muchos problemas hepáticos, inmunológicos, y enfermedades de la piel.

En la segunda mitad del siglo XIX Karlovy Vary era el balneario de moda de toda Europa, en donde destacados representantes de la cultura mundial, tales como los poetas Goethe y Schiller, y los músicos Beethoven, Paganini, Chopin, Liszt, Tchaikovski, Dvorák, Mozart, y muchos otros se sometieron al tratamiento de sus aguas, o escogieron el lugar como fuente de inspiración.

De que Karlovy Vary llegó a ser el balneario preferido de la nobleza europea documentan las numerosas estancias en el lugar de la emperatriz María Teresa de Austria, del Zar ruso Pedro el Grande, de los reyes de Inglaterra, del diplomático austríaco Metternich, y de la propia emperatriz Sisi.

La balneoterapia empleada, consistente sobre todo en la ingestión de las aguas minerales y la aplicación de baños, tiene efectos muy buenos en el tratamiento de las enfermedades de los sistemas digestivo y motriz, y del hígado. De las 12 fuentes que brotan en la ciudad, la más famosa es la denominada Vrídlo, cuyas aguas alcanzan los 72 grados centígrados.

Todas ellas son ricas en sales minerales y por eso son aprovechadas también en la fabricación de dentífricos, jabones medicinales, y sales de baño.

Además, según el decir de los checos, en Karlovy Vary existe una décimo tercera fuente curativa, pero a diferencia de las restantes no es regalada por la Madre Tierra. Nos referimos al licor Becherovka, especie de orujo fabricado de más de 2 decenas de plantas medicinales, que por ser una especie de cúralo todo y también un excelente aperitivo, digestivo, y calentador humano en los fríos días invernales, es muy buscado por los turistas.

Foto: Andrea Fajkusová
La fabricación del Becherovka es un secreto de producción, de manera que no es de conocimiento público qué plantas son las empleadas en la elaboración del extracto ni en qué proporción.

Otro típico souvenir de Karlovy Vary es la llamada "rosa petrificada", de un particular color terracota. Es el resultado de la sedimentación de las sales ferruginosas contenidas en las aguas cuando la rosa en cuestión se somete a la acción de la sedimentación por espacio de dos semanas. Después del procedimiento, la flor -que parece un fósil- conserva para siempre su belleza original.

Sin embargo, son el cristal y la porcelana fabricados en Karlovy Vary los que a lo largo de los últimos siglos han provocado discordia entre numerosos matrimonios: es que la fascinación de las mujeres ante las maravillosas obras salidas de las manos de los artesanos locales ha vaciado millares de billeteras.

Pero, ¿quién sería capaz de vencer la tentación y no hacerse con una pieza del cristal Moser, el mejor cristal del mundo, llamado comúnmente "cristal de los reyes y rey de los cristales"?. Tampoco el rey de España Alfonso XIII pudo vencer la tentación de tener toda una cristalería.

Al visitar Karlovy Vary hace años el célebre arquitecto francés, Le Corbusier, la comparó con una tarta de nata batida, su postre predilecto. Le Corbusier visitó el balneario durante su mayor esplendor, con sus majestuosos hoteles, pensiones y red de sanatorios.

Sin embargo, de todos los monumentos de la ciudad -que cuenta con museo, teatro y orquesta sinfónica, y que es sede del festival musical Otoño de Dvorák, y del famoso festival internacional de Cine- son sus columnatas o templetes lo que más cautiva. Y en ellas los pacientes pueden beber de las aguas que brotan de las pequeñas fuentes instaladas en las mismas, o bailar al son de la música de las orquestas locales en las noches y fines de semana.

Y para el recreo de pacientes y turistas, Karlovy Vary tiene a disposición canchas de tenis, paseos a caballo, conciertos de la orquesta sinfónica de la ciudad, funciones de teatro, casino, y la naturaleza de los alrededores, de extraordinaria belleza, que invita al más placentero y encantador de los senderismos.

Autor: Mónica Villegas Gallego
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